Lucia despierta después de una noche de borrachera, dándose cuenta que estaba en la casa de su jefe, Mateo Alcázar, y que había pasado una noche de pasión.
Mateo, a consecuencia de esto, promete hacerse responsable, pero Lucía lo rechaza. Aunque eso no significa que sea el final, ya qué, con la presencia de su ex novio, quien intenta agredirla, Lucía finalmente acepta el matrimonio con Mateo, iniciando así, una relación en donde no existe amor, pero hay una evidente atracción entre ambos.
¿Podrá prosperas el amor, en este matrimonio que empezó como una necesidad de protección?
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Capítulo 6
A la mañana siguiente, diseño estaba en llamas.
Lucía entró y todas las miradas se le fueron encima. Martina apareció al toque, con la voz baja.
—Anoche entraron al área. Los bocetos del concurso de fin de año, los que estaban guardados en la oficina de Nicolás, aparecieron en tu escritorio.
Lucía miró su mesa.
Ahí estaban. Una pila de carpetas que no le pertenecían.
Entendió todo antes de soltar la cartera.
El concurso interno de fin de año era importante. Cada diseñador entregaba sus propuestas cerradas a Nicolás Herrera, y si esos trabajos se filtraban o alguien los veía antes, toda la competencia quedaba manchada.
Una diseñadora veterana señaló los papeles.
—Qué casualidad que anoche te quedaste hasta tarde.
—Si yo quisiera copiar —dijo Lucía, agarrando la pila con dos dedos—, saco fotos y me voy. No dejo el botín arriba de mi mesa como una tarada.
—Te creés muy viva.
—Más viva que esto, seguro.
Los murmullos crecieron.
—Querías asegurarte el primer lugar.
—Viste todos nuestros diseños.
—Ahora el concurso no sirve.
Lucía dejó la pila junto a la impresora.
—Si quisiera arruinarles el concurso, tiraba todo a la basura. Si quisiera pasar desapercibida, no subía una historia diciendo que estaba trabajando. ¿En serio creen que haría algo tan torpe?
Algunas se quedaron calladas. Otras siguieron murmurando.
Nicolás entró justo cuando la discusión subía.
Detrás de él venían Mateo y Simón.
El piso se apagó de golpe.
—¿Qué pasa? —preguntó Nicolás.
Una voz desde atrás respondió:
—Parece que Lucía Salcedo estuvo revisando los bocetos de todos.
—No es cierto —dijo Lucía.
Mateo la miró. Su cara era la de siempre, fría, imposible de leer. Eso la puso más nerviosa que los gritos.
—¿Pruebas? —preguntó Nicolás.
Martina levantó la mano.
—Fui a seguridad. Dicen que anoche hubo mantenimiento y el video está cortado. Solo se ve que Lucía trabajó hasta tarde.
Lucía respiró hondo.
—Que no haya video completo no prueba que yo haya robado nada. Y con todo respeto, varias de esas propuestas no me sirven ni para inspirarme.
El piso explotó otra vez.
Mateo bajó la vista apenas. Pareció sonreír.
—Lucía —dijo.
Todos callaron.
—Conmigo.
La frase sonó como condena.
Ella levantó el mentón y lo siguió al ascensor. No había hecho nada. Podían acusarla, pero no iban a verla encogida.
En presidencia, Simón cerró la puerta y se fue.
Lucía esperaba interrogatorio.
Mateo señaló la mesa baja.
—Sentate. Desayuná.
Había café, medialunas, tostadas, fruta y dos platos calientes.
—¿Me subiste para comer?
—No desayunaste.
El estómago de Lucía respondió antes que ella.
Mateo abrió un envoltorio y le pasó cubiertos.
—Comé.
—Abajo creen que robé diseños.
—Abajo hablan mucho.
—¿No me vas a preguntar si fui yo?
—No.
—¿Por qué?
Mateo la miró como si la respuesta fuera obvia.
—Si quisieras robar, lo harías mejor.
Lucía se quedó con la medialuna en la mano.
—No sé si me estás insultando o elogiando.
—Elogio.
Comieron casi sin hablar. Él no la apuró. Lucía cayó en la cuenta de que hacía semanas no desayunaba sentada.
Cuando terminaron, Mateo empezó a juntar los envases. Lucía quiso ayudar y sus dedos rozaron los de él. Retiró la mano rápido.
—Podés volver —dijo.
Ella se detuvo en la puerta.
—Señor Alcázar.
—Sí.
—Lo nuestro no se cuenta.
Mateo tiró una caja vacía al tacho.
—¿Cuál de todo?
Lucía apretó los dientes.
—Todo.
—Bien.
Volvió al piso veintiocho con la cara seria y el estómago lleno. Martina se acercó con un bollito de pan.
—¿Te destruyó?
—Me dio desayuno.
—¿Qué?
—Nada. Que no tengo hambre.
Al rato, Simón bajó y llamó a Nicolás para subir a presidencia. Los rumores cambiaron de tono. Nadie se disculpó, pero el volumen bajó.
Lucía no pensaba esperar a que la salvaran.
Esa tarde pidió licencia para dentro de dos días. Nicolás aceptó porque la vio cansada y porque el escándalo seguía abierto.
En el comedor, mientras almorzaba con Martina y Nicolás, Lucía sacó el celu y le mandó a Mateo una transferencia de cincuenta pesos.
Concepto: Desayuno.
En una reunión del piso treinta, el celu de Mateo sonó.
Todos los directivos miraron al dueño del ruido como si hubiera firmado su renuncia.
Mateo revisó el mensaje.
Y se rio.
Simón, de pie a su lado, bajó la cabeza. Sabía perfectamente quién era.
Mateo aceptó la transferencia.
—Seguimos a la tarde —dijo, cerrando la carpeta.
En el piso diez, Martina le contaba a Lucía que Recursos Humanos buscaba secretaria para presidencia, mujer y con disponibilidad completa.
—El santo de hielo se nos descongela —susurró.
Lucía mordió una papa.
—Si cobra cincuenta pesos de desayuno, ni con soplete.
Más tarde, en la cochera, se sentó dentro de su auto y llamó a Bruno. Le dijo que había tenido un problema con el vehículo, que lo llevara al taller de confianza.
Bruno aceptó enseguida.
La culpa vuelve obediente a cualquiera.
Lucía ajustó la cámara oculta que había puesto en el auto.
Después pensó en las caras de esa mañana. La mayoría había acusado por deporte. Pero una mujer había sonreído.
Pilar Videla.
Hija de un empresario de transporte que trabajaba con Casa Alcázar. Buena ropa, buenos contactos, demasiadas ganas de quedar bien.
Lucía no iba a acusarla sin prueba.
Pero iba a mirar.
metiche la envidia ella siempre odiaba a Lucia por qué se casó con Mateo 😂😂😂💕