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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Colegio Saint Marcus

Los estudiantes y profesores estaban conmocionados al ver por los largos pasillos a un hombre de traje pulcro, escoltado por varios oficiales de policía uniformados.

—Buenos días. Busco al director Rivas —mencionó el hombre al llegar a la recepción.

—Él... él aún no llega. ¿Para qué asunto sería? —preguntó Marta, la secretaria de la dirección, notoriamente nerviosa.

—Estoy en representación de la familia Bodra.

El comandante sacó su teléfono y se apartó un poco para dar indicaciones, mientras el abogado se dirigía nuevamente a la secretaria:

—Requiero la presencia inmediata de los siguientes estudiantes: Douglas Otero, Tony Álvarez, Mateo Ruíz, Paulina Martí, Amanda Estévez y Gloria Martínez.

—Un momento, por favor... —dijo ella, usando apresuradamente el intercomunicador para llamarlos por los parlantes de la institución.

En ese momento llegó el director Rivas. Al ver a la fuerza pública en la entrada, perdió el color del rostro e intentó parecer neutral, confiado en que no tenían pruebas en su contra.

—Buenos días. ¿Puedo saber qué ocurre?

—Director Rivas, soy Raymundo Víquez, el representante legal de la joven Ismara Bodra.

—Ummm... Mire, la institución no piensa levantar cargos contra la joven por su travesura. No se hubieran molestado en venir.

—Esto es muchísimo más serio de lo que usted supone, señor... —respondió el abogado confiadamente, haciendo una leve seña al oficial a su lado.

Inmediatamente, el comandante procedió a colocarle las esposas sobre sus muñecas.

—¿Pero qué les pasa? ¡Suéltenme! —exclamó el director, desconcertado.

—Tiene derecho a guardar silencio. Todo lo que diga puede ser y será usado en su contra. Tiene derecho a un abogado; si no puede pagarlo, el Estado le asignará uno...

—¡Suéltenme! ¡Esto es un atropello! —vociferaba Rivas, forcejeando.

Pronto aparecieron por el pasillo los estudiantes llamados. Venían sonrientes, pero al presenciar la escena intentaron dar media vuelta y huir, siendo interceptados rápidamente por otros oficiales.

—¡Suéltenme, esto es un abuso! —gritó Douglas.

—¡Malditos policías! ¡No saben con quién se están metiendo! —reprochó Tony.

—No, muchachos. Son ustedes quienes no tienen la menor idea de con quién se metieron —sentenció el abogado Víquez con voz helada.

Los ojos de Mateo se abrieron con rabia desmedida.

—¡Infelices! Si no nos sueltan en este mismo instante, mi padre va a hacer que los despidan como a las cucarachas que son —escupió con arrogancia.

Los oficiales comenzaron a leerles sus derechos mientras los tres chicos se revolvían entre improperios. Por su parte, las jóvenes estallaron en llantos desconsolados al verse retenidas.

—Señoritas, llamen a sus padres para que les avisen que están siendo trasladadas a la comandancia central —ordenó el comandante.

—¡Pero señor! ¡Nosotras no hemos hecho nada malo! —chilló una de ellas entre lágrimas.

El abogado intervino con firmeza:

—Ustedes son cómplices de intento de asesinato en contra de la señorita Ismara Bodra.

—¡¿Qué?! ¡¿Todo este circo es por esa estúpida?!

—¡¿Circo?! —interrumpió una voz autoritaria. Era Carmen Lumis, quien venía llegando visiblemente molesta.

—¡Abuela! —dijeron los tres chicos en coro, poniendo cara de corderitos inocentes a medio morir, creyendo ingenuamente que ella saldría en su defensa.

—¿No les da vergüenza? Casi matan a una joven dulce por puro egoísmo —reprendió la mujer con desprecio.

—¡Pero fue ella la que tuvo la culpa! Solo vea cómo nos dejó Michael por defender a esa perra desgraciada que lo maneja a su antojo —dijo Mateo, indignado.

—¡Y ella terminó en el hospital en estado delicado por culpa de la arrogancia de ustedes! —sentenció la abuela Carmen, furiosa por la inmadurez de su nieto y amigos.

—¡Pero se lo tiene bien merecido por meterse con nuestro amigo, que nos dio la espalda por una corriente como esa! —añadió Douglas con rabia.

—Ustedes, estúpidos mocosos malcriados, no tienen idea de lo que les espera. Lo que hicieron es un delito grave.

—Nuestros padres jamás van a permitir que nos hagan nada —dijo Tony, aún aferrado a su falsa seguridad.

—En eso te equivocas. Nadie está por encima de la ley —sentenció el abogado.

—¡Maldito abogado de pacotilla! ¡Ya verá cuando mi padre se entere! —gritó Mateo mientras era arrastrado por los policías hacia la patrulla.

Ray solo sonrió de lado:

—Uy... Qué miedo.

En los tribunales no hubo nada que la defensa pudiera hacer ante la contundencia de las pruebas presentadas. La sentencia se dictó con rapidez: los tres examigos de Michael, al ser mayores de edad que manipularon a menores en un intento de homicidio premeditado, fueron recluidos en el centro penitenciario. En el caso de las tontas novias, fueron remitidas a un instituto de salud mental para recibir la evaluación y ayuda correspondiente.

Por mi parte, me recuperé mucho más rápido de lo que los médicos esperaban. Al fin me permitieron adelantar materias, tal como lo deseaba desde el principio, para graduarme en tiempo récord —justo como en su momento lo hicieron mi abuelo y mi padre— e ingresar a la universidad con tan solo dieciséis años.

A partir de aquel incidente, comencé a recibir clases diarias de defensa personal, adquiriendo una fortaleza física y mental que jamás imaginé poseer. Antes de marcharme a la universidad con mi gran amigo, el abuelo le entregó el anillo de compromiso a Vicky. Ellos se aman sinceramente y han encontrado un equilibrio hermoso como pareja. De hecho, contrajeron nupcias a los pocos meses. En cuanto a lo de las carreras no fue precisamente ella quien me ayudó a que mi Tito Ismael entendiera lo importantes que son para mí; porque cuando me animé y le iba confesar todo, ¡vaya que hubo conflicto y drama! Pero bueno, como dijo Jack el Destripador: vamos por partes...

El entrar a la universidad a los dieciséis tiene sus ventajas y sus desventajas. Para evitar que el abuelo tuviese que viajar cada vez que yo necesitara un permiso o un trámite administrativo, logramos convencerlo —a duras penas— de que mi tutor legal fuese Michael, quien ya llevaba casi tres años de carrera. Al menos mientras alcanzo la mayoría de edad ante la ley y puedo firmar como una adulta responsable.

Para no sentirme sola, me compraron un apartamento cerca del de él, así que vivimos relativamente juntos, pero respetando la privacidad de cada uno. Lo cual agradezco, porque cambia de chica como quien cambia de camisa y no me gustaría encontrarlo con los pantalones abajo... literalmente hablando.

—¡Isa, ya llegó Michael a recogerte! —me gritó el abuelo desde el pie de las escaleras.

—¡Ya voy!

Bajé a la sala cargando mi mochila y un par de maletas.

—¿Lista, pececita? —preguntó Micky, acercándose para besar mi frente.

—Lista, Ratón —respondí, haciendo una reserva de fuerza para no soltarme a llorar.

—¿En verdad no quieres que los acompañemos al aeropuerto a despedirte? —preguntó Vicky con los ojos aguados.

—No, Nana... Me van a hacer demasiada falta y no quiero ir hecha una Magdalena a mitad del vuelo.

—Ismara, recuerda que siempre cuentas con nosotros —intervino el abuelo, tomándome las manos y entregándome una tarjeta platino sin límite de crédito—. Esto es tuyo, para lo que necesites.

—Gracias, Tito Isma.

Al salir a la entrada, los muchachos del taller estaban esperándome para despedirse, cargando peluches gigantes y un evidente nudo en la garganta.

—Mocosa... ¿En qué momento creciste tanto? Mírate, ¡ya en la universidad! —dijo Agus, limpiándose con disimulo una lágrima rebelde.

—Sí, cuando regreses ni te vas a acordar de estos viejos fósiles que te quieren tanto —añadió Pablo.

—Me van a hacer llorar... —dije, corriendo a abrazarlos. Yo no los voy a olvidar jamás, son mis tíos favoritos.

—Y tú nuestra pequeña sobrina y aprendiz de mecánico —agregó Raúl con la mirada empañada.

—Déjenla ya, muchachos, o van a perder el vuelo —intervino mi abuelo con una sonrisa cariñosa.

—Hey, muchachito —sentenciaron los tres dirigiéndose a Michael con tono serio—: cuida mucho a nuestra princesita. Que ni se le arrimen los lobos hambrientos.

—No se preocupen, soy un hermano mayor extremadamente celoso —respondió Micky con seriedad.

Yo solo le levanté una ceja con burla.

—Besos a todos, ¡los quiero mucho!

—Y nosotros a ti, Isa. Ve y enorgullécenos demostrando las maravillosas habilidades que tienes.

—Así lo haré.

Le di un beso rápido a mi Nana, al abuelo y a mis tíos antes de subir al auto con el alma en la mano. Desde que mi madre murió, ellos han sido mi columna vertebral.

—¿Estás bien, tiburoncita? —preguntó Micky al notar mi silencio.

—Sí... sí —sollocé, dejando escapar la tristeza del momento.

—Tranquila, hermanita. Todo va a salir bien, ya verás que en la universidad el tiempo se pasa volando.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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