Alfonso en su soledad como empresario lee una historia de romance entre un duque y su princesa pero entre las intrigas y el romance se enamora de un personaje secundario, el Príncipe Anthony, quien reprime sus sentimientos para que el hombre que ama y su hermana sean felices, pero todo cambia cuando Alfonso reencarna en el duque y en la primera oportunidad expresa sus sentimientos por el príncipe.
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Capítulo 11: Promesas a la Luz de la Aurora
El beso de la mañana carecía de la prisa desesperada del atardecer anterior. Era una marea lenta y constante de afecto renovado, un sello de autenticidad entre dos almas que finalmente se reconocían sin máscaras.
Anthony rodeó el cuello del duque con sus brazos finos, entregándose por completo al roce de sus labios. Sintió cómo el cuerpo de Fernando se acomodaba nuevamente contra el suyo, rodeándolo con una solidez protectora que disipaba de golpe todas sus dudas e inseguridades.
Cuando sus labios finalmente se separaron, Fernando permaneció con la frente apoyada contra la del príncipe, acariciando con la yema del pulgar la línea suave de su mandíbula.
—Sabes que esto no será sencillo en absoluto, ¿verdad? —murmuró Fernando, mirando la calidez de los ojos dorados de Anthony—. La corte real es un nido de víboras. Mi padrastro y Cedric han extendido rumores maliciosos sobre mi carácter para desacreditarme, y la aristocracia no dudará en usar cualquier cosa en nuestra contra si descubren la naturaleza de nuestra relación.
Anthony asintió lentamente, pasando sus dedos por el cabello castaño de Fernando.
—Lo sé —respondió el príncipe con una determinación firme que contrastaba con su apariencia delicada—. Sé lo que la nobleza opina de los afectos entre hombres. Sé que mi padre, el rey, exige alianzas matrimoniales estratégicas para la corona. Pero ya no me importa la soledad a la que me había resignado. Si tú me me pides que me quede a tu lado, enfrentaré a la corte entera.
—No dejaré que enfrentes a nadie solo —aseguró el duque con tono férreo—. Por ahora, debemos ser sumamente cautelosos. Mantendremos nuestro vínculo en el más estricto secreto. Ante los ojos del reino, seguiremos siendo el duque de las tierras del norte y el príncipe heredero de la corona, unidos por una leal amistad de la infancia. Pero en la penumbra de nuestras estancias privadas, seremos únicamente tú y yo.
—Un amor en secreto... —repitió Anthony, con una sonrisa dulce y levemente pícara iluminando su rostro—. Me parece un pacto maravilloso, Fernando.
La atmósfera de confidencialidad y la proximidad física reencendieron la chispa del deseo entre ambos. Fernando bajó la mirada hacia la clavícula al descubierto de Anthony, sintiendo la tentación irrefrenable de marcar aquella piel suave como su territorio.
—Antes de que la servidumbre interrumpa nuestra paz con los deberes de la mañana... necesito recordarte cuánto te he deseado —susurró Fernando contra el oído del príncipe, provocándole un escalofrío que le erizó la piel.
Anthony no protestó. Al contrario, se arqueó levemente hacia él, abriendo sus brazos para recibir al duque. La pasión floreció de nuevo con una lentitud exquisita. Fernando recorrió con besos pausados el cuello, los hombros y el pecho de Anthony, deleitándose en los pequeños jadeos de placer que brotaban de la garganta del joven. Las manos de Anthony, cada vez más audaces, exploraron la firme musculatura de la espalda y los brazos de Fernando, maravillándose de la fuerza del hombre que lo sostenía.
Se unieron en una entrega apasionada y tierna, consolidando no solo la atracción de sus cuerpos, sino el pacto inquebrantable de sus corazones. Cuando el fuego finalmente se calmó, permanecieron abrazados bajo las sábanas, respirando al unísono mientras planeaban mentalmente las fichas que moverían en el tablero político del reino.