NovelToon NovelToon
La Esposa De Mí Jefe

La Esposa De Mí Jefe

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Mafia
Popularitas:863
Nilai: 5
nombre de autor: Dannyperezok

Él tenía una sola misión: protegerla.
Ella tenía una sola regla: no enamorarse de él.

Victoria Bennett tiene el matrimonio que cualquier mujer envidiaría.

Un esposo millonario. Una mansión de ensueño. Una vida rodeada de lujos.

Pero detrás de las puertas cerradas, su matrimonio es una pesadilla.

Su esposo, Alexander Blackwood, es un hombre poderoso, controlador y posesivo que se ha encargado de destruir poco a poco la seguridad y la autoestima de Victoria. Para el mundo son una pareja perfecta. Para ella, él es la razón por la que cada noche tiene miedo de volver a casa.

Hasta que Alexander contrata a Fernando Ferrara, un exmilitar convertido en guardaespaldas, para proteger a su esposa.

Fernando sabe perfectamente cuáles son sus límites.

Victoria es su jefa.

La esposa de su jefe.

Una mujer prohibida.

Pero también es la mujer que intenta esconder sus lágrimas cuando cree que nadie la está mirando.

Él comienza protegiéndola de peligros externos...

NovelToon tiene autorización de Dannyperezok para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 9: La verdad que no podía contar

VICTORIA

—Victoria —repitió Alexander—. Creo que tenemos que hablar.

Su voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

Conocía ese tono.

Era el mismo que utilizaba antes de cerrar una puerta y convertirse en el hombre que nadie más conocía.

Miré a Fernando.

No necesitaba decirle nada.

Él lo entendió.

—La señora Blackwood necesita aire —dijo.

Alexander giró lentamente hacia él.

—No recuerdo haberte pedido tu opinión.

—No es una opinión.

El silencio cayó entre los tres.

Sentí que el corazón me golpeaba con tanta fuerza que podía escucharlo.

Alexander sonrió.

—Qué profesional.

—Intento serlo.

Alexander dio un paso hacia mí.

Fernando se movió apenas.

Lo suficiente.

Se interpuso entre nosotros.

—No aquí —dijo Alexander.

—Precisamente aquí.

La mandíbula de mi esposo se tensó.

Durante unos segundos ninguno de los dos cedió.

Finalmente Alexander retrocedió.

—Está bien.

Me miró.

—Hablaremos cuando lleguemos a casa.

Aquellas palabras me provocaron un escalofrío.

Fernando lo notó.

—Victoria se queda conmigo.

Alexander soltó una pequeña risa.

—¿Perdón?

—Dije que se queda conmigo.

—Es mi esposa.

—Y mi responsabilidad mientras esté bajo mi protección.

Los ojos de Alexander se volvieron fríos.

—No confundas tu trabajo con algo que no es.

Fernando no respondió.

Yo tampoco.

Alexander terminó alejándose.

Pero antes de desaparecer entre los invitados, me miró una última vez.

Y comprendí que la conversación no había terminado.

Solo había sido aplazada.

Regresamos a la mansión cerca de la medianoche.

El viaje fue silencioso.

Fernando conducía.

Yo miraba por la ventana.

Las luces de la ciudad pasaban frente a mis ojos, pero mi mente estaba atrapada en otro lugar.

Un año atrás.

Una carretera.

Lluvia.

Un auto destrozado.

Y un grito que todavía escuchaba algunas noches.

—Victoria.

La voz de Fernando me hizo volver.

—¿Sí?

—No tienes que contarme nada hasta que estés preparada.

Lo miré.

—Pero necesitas saberlo.

—Necesito saber qué puede ponerte en peligro.

—Es lo mismo.

—No.

Negó con la cabeza.

—No es lo mismo.

Sus palabras me sorprendieron.

—¿Por qué?

—Porque no quiero convertir tu dolor en una investigación.

Bajé la mirada.

Nadie me había dicho algo así.

Durante un año todos habían querido saber qué ocurrió.

La policía.

Los abogados.

Alexander.

Pero nadie había preguntado qué me había hecho sentir.

—Gracias.

Fernando mantuvo la vista en la carretera.

—No me agradezcas todavía.

—¿Por qué?

—Porque pienso quedarme hasta descubrir quién está detrás de esto.

Mi corazón dio un vuelco.

Cuando entramos en la mansión, las luces del vestíbulo estaban encendidas.

Alexander estaba esperándonos.

Solo.

Sin chaqueta.

Con las mangas de la camisa remangadas.

Aquello me aterrorizó más que cualquier grito.

—Victoria.

Fernando cerró la puerta detrás de nosotros.

—Señor Blackwood.

Alexander ni siquiera lo miró.

—Puedes retirarte.

—No.

Alexander finalmente levantó los ojos.

—¿No?

—La señora Blackwood permanece bajo mi protección.

—Estamos dentro de mi casa.

—Y ella sigue siendo mi protegida.

Alexander caminó hacia nosotros.

—Fernando, te estoy dando una orden.

—Y yo estoy cumpliendo mi obligación.

Alexander sonrió.

—Qué curioso.

Se acercó a mí.

—Después de todo este tiempo, finalmente encontraste a alguien que te hace sentir valiente.

Sentí un nudo en la garganta.

—No empieces.

—¿Yo?

Se rio suavemente.

—Tú eres quien está ocultándome cosas.

Fernando intervino.

—Si tiene algo que decirle, hágalo delante de mí.

Alexander lo observó durante varios segundos.

—Claro.

Luego volvió a mirarme.

—Dile qué ocurrió aquella noche.

Sentí que las piernas me temblaban.

Fernando me miró.

No había juicio en sus ojos.

Solo preocupación.

—Yo conducía —susurré.

Alexander cruzó los brazos.

—Continúa.

—Habíamos discutido.

—¿Sobre qué?

—Quería dejarte.

El silencio fue absoluto.

Fernando levantó ligeramente la mirada.

Alexander, en cambio, sonrió.

—Querías abandonarme.

—Sí.

—Y tomaste el auto.

Asentí.

—Llovía muchísimo.

Mi voz comenzó a quebrarse.

—Yo estaba llorando. No veía bien la carretera.

Cerré los ojos.

La imagen volvió.

Los faros.

La curva.

El volante.

El golpe.

—Entonces vi a alguien.

Fernando frunció el ceño.

—¿A alguien?

Asentí.

—Había una persona en la carretera.

Alexander me interrumpió.

—Eso nunca lo dijiste.

—Porque me dijiste que no hablara.

—Porque estabas traumatizada.

—¡No!

Mi voz resonó por todo el vestíbulo.

—Me dijiste que si hablaba, destruirías a mi familia.

Alexander perdió la sonrisa.

Fernando dio un paso adelante.

—¿Qué persona viste?

No pude responder.

Porque en ese momento escuchamos un ruido.

Un golpe seco.

Procedía del segundo piso.

Fernando se giró inmediatamente.

—Quédense aquí.

Subió las escaleras.

Alexander me sujetó del brazo.

—Tú vienes conmigo.

Intenté liberarme.

—Suéltame.

—No hagas una escena.

—Me estás haciendo daño.

Su agarre se hizo más fuerte.

—Victoria.

Entonces Fernando apareció nuevamente.

—Suéltala.

Alexander obedeció lentamente.

—Esto es entre mi esposa y yo.

Fernando se colocó a mi lado.

—Ya no.

Alexander lo miró con odio.

—Estás empezando a olvidar quién soy.

—No.

Fernando sostuvo su mirada.

—Precisamente por eso sé que tengo que estar atento.

Alexander se acercó hasta quedar frente a él.

—Ten cuidado.

—Siempre.

Alexander se marchó.

Yo respiré profundamente.

—Fernando...

—¿Estás bien?

Asentí.

Pero entonces algo cayó desde las escaleras.

Una fotografía.

Fernando la recogió.

La observó.

Después me la entregó.

Era una fotografía del accidente.

El auto destruido.

La lluvia.

Las luces de emergencia.

Y una figura al fondo.

Una figura que no había visto aquella noche.

Fernando amplió la imagen en su teléfono.

—¿Reconoces a esa persona?

Miré la fotografía.

Mi sangre se congeló.

—Sí.

—¿Quién es?

No pude apartar los ojos de la imagen.

—El hombre que murió aquella noche.

Fernando quedó inmóvil.

—¿Estás segura?

Asentí lentamente.

—Sí.

—Pero acabas de decir que murió.

—Eso dijo Alexander.

Fernando volvió a mirar la fotografía.

Entonces descubrió algo.

En la parte inferior había una fecha.

Y debajo de ella, una hora.

02:13 A. M.

La misma hora que aparecía en el registro de acceso de la tarjeta de Marcus.

Fernando levantó la mirada.

—Victoria...

—¿Qué?

—Creo que el accidente y lo que está ocurriendo ahora están relacionados.

Antes de que pudiera responder, mi teléfono vibró.

Un mensaje.

Número desconocido.

Lo abrí con manos temblorosas.

Solo había una frase:

«ÉL NO MURIÓ. Y ALEXANDER SABE DÓNDE ESTÁ.»

Fernando leyó el mensaje por encima de mi hombro.

Su expresión cambió.

—Tenemos que salir de esta casa.

—¿Por qué?

Me miró fijamente.

—Porque si ese hombre está vivo...

Se escuchó un ruido en la puerta principal.

Tres golpes.

Lentos.

Fuertes.

Toc.

Toc.

Toc.

Fernando llevó una mano hacia su arma.

Alexander apareció al final del pasillo.

Por primera vez, el miedo apareció claramente en su rostro.

Y entonces comprendí algo mucho peor.

Alexander sabía exactamente quién estaba detrás de aquella puerta.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play