En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
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Capítulo 8 — El nombre que no debía existir
La noche todavía cubría Arven cuando Eryan abrió los ojos.
No había dormido bien.
Desde que escuchó aquella voz detrás de la pared, una sensación extraña permanecía dentro de él.
No dejes que abran la puerta.
La frase se repetía una y otra vez en su cabeza.
Se incorporó lentamente.
El dormitorio estaba oscuro.
Lina dormía profundamente.
Kael también.
Eryan miró hacia la ventana.
Las dos lunas seguían en el cielo.
La plateada estaba casi llena.
La azul parecía más pequeña y mucho más brillante que de costumbre.
Eryan sacó la piedra.
La grieta que había aparecido en ella parecía haberse extendido.
Ahora formaba una línea que recorría casi toda la superficie.
—¿Qué eres...?
No esperaba una respuesta.
Pero la piedra se calentó.
Eryan la soltó inmediatamente.
Cayó sobre la cama.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después apareció una pequeña luz.
No era violeta esta vez.
Era blanca.
La luz iluminó una palabra sobre la piedra.
Eryan no conocía aquel idioma.
Sin embargo, cuando la miró...
entendió lo que significaba.
Una sola palabra.
Astra.
Eryan frunció el ceño.
—Astra...
La palabra le produjo una sensación extraña.
Como si la hubiera escuchado hacía mucho tiempo.
Como si alguien se la hubiera susurrado cuando era pequeño.
Pero no podía recordar quién.
La luz desapareció.
Eryan guardó la piedra.
Entonces escuchó un movimiento.
Kael estaba sentado en su cama.
Sus ojos plateados estaban abiertos.
—¿Qué dijiste?
Eryan lo miró.
—Nada.
—Dijiste Astra.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Conoces esa palabra?
Kael negó lentamente.
—No.
—Entonces, ¿por qué reaccionaste?
Kael permaneció callado.
Finalmente respondió:
—Porque cuando la dijiste sentí que ya la había escuchado.
Eryan no dijo nada.
Dos niños.
Una palabra desconocida.
Y una piedra que parecía responder a algo que ninguno comprendía.
La noche comenzaba a llenarse de preguntas.
---
Por la mañana, algo había cambiado en el orfanato.
Los cuidadores hablaban entre ellos.
Las puertas permanecían cerradas.
Y varios hombres desconocidos vigilaban los pasillos.
Eryan y Lina lo notaron inmediatamente.
—¿Dónde está Aldren? —preguntó Lina.
—No lo sé.
—¿Crees que lo atraparon?
Eryan no respondió.
No quería imaginarlo.
Durante el desayuno, la directora entró.
Esta vez parecía cansada.
Tenía ojeras.
Su expresión era mucho más seria que de costumbre.
—A partir de hoy, nadie podrá abandonar el edificio sin autorización.
Los niños comenzaron a murmurar.
—¡Silencio!
Todos callaron.
—La situación será temporal.
Eryan levantó la mirada.
La directora lo observó.
Por un instante, ambos se miraron.
Ella parecía querer decir algo.
Pero no lo hizo.
---
Después del desayuno, Eryan recibió una tarea.
Limpiar el pasillo norte.
Lina fue enviada a la cocina.
Kael debía quedarse en el dormitorio.
Eryan caminó solo.
Cuando llegó al pasillo, notó que había algo extraño.
Una de las paredes tenía una pequeña grieta.
Se acercó.
La tocó.
Nada.
Pero cuando apartó la mano...
escuchó un sonido.
Toc.
Eryan retrocedió.
Toc.
Otra vez.
Miró alrededor.
No había nadie.
Entonces apareció una tercera respuesta.
Toc.
Eryan comprendió.
Alguien estaba golpeando desde el otro lado.
Se acercó.
—¿Quién está ahí?
Silencio.
—Si puedes escucharme, vuelve a golpear.
Toc.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Eres Kael?
Toc.
No.
—¿Eres uno de los niños encerrados?
Toc.
Sí.
Eryan miró la pared.
—¿Dónde estás?
Esta vez hubo dos golpes.
Después uno.
Eryan intentó entender el patrón.
Recordó algo que Aldren había enseñado sobre códigos.
Dos golpes.
Uno.
Luego tres.
Eryan empezó a contar.
—¿Dos... uno... tres?
La pared vibró.
Toc. Toc.
Toc.
Toc. Toc. Toc.
Entonces una palabra apareció en su mente.
Abajo.
Eryan retrocedió.
No había sido una voz.
Había sido una sensación.
Como si alguien hubiera colocado la palabra directamente dentro de su cabeza.
—¿Abajo?
La pared volvió a vibrar.
Eryan miró el suelo.
Debajo del orfanato.
Otra vez.
Todo parecía conducir al mismo lugar.
---
Eryan decidió buscar a Lina.
La encontró en la cocina.
—Tenemos que hablar.
Ella lo miró.
—¿Qué pasó?
—Alguien está atrapado detrás de la pared.
Lina dejó lo que estaba haciendo.
—¿Otra vez?
—Esta vez no era Kael.
—¿Estás seguro?
—Sí.
Lina miró hacia la puerta.
—Tenemos que ir con él.
Eryan negó.
—No podemos hacerlo ahora.
—¿Por qué?
—Hay demasiados guardias.
—Entonces, ¿qué hacemos?
Eryan pensó.
—Necesitamos encontrar a Aldren.
---
La biblioteca seguía destrozada.
Eryan revisó el escritorio.
Nada.
Lina comenzó a revisar las estanterías.
Después de varios minutos encontró algo.
—Eryan.
Él se acercó.
Lina sostenía un pequeño libro.
—Estaba escondido detrás de los libros.
Eryan lo abrió.
No tenía título.
Las primeras páginas estaban escritas en un idioma desconocido.
Pero había dibujos.
Uno mostraba una enorme puerta.
Otro, una especie de círculo.
Y el tercero...
Un niño.
Eryan se quedó inmóvil.
El niño del dibujo tenía cabello oscuro.
Ojos violetas.
Y una pequeña marca en el cuello.
Eryan tocó la página.
—No...
Lina lo miró.
—¿Qué?
Eryan señaló el dibujo.
En el cuello del niño había una pequeña marca.
Eryan llevó la mano a su propio cuello.
Desde pequeño tenía una pequeña mancha de nacimiento allí.
Nunca le había prestado atención.
Pero ahora...
Era exactamente igual.
Lina abrió los ojos.
—Eryan...
—No digas nada.
Pasó la página.
Había una frase.
Esta vez estaba escrita en un idioma que sí podía leer.
"El niño del Umbral será reconocido por la marca del Astra."
Eryan sintió que las manos comenzaban a temblarle.
—¿Qué significa Astra?
Lina negó con la cabeza.
—No lo sé.
Eryan siguió leyendo.
Debajo había otra frase.
"Cuando las dos lunas se alineen, el camino hacia el origen volverá a abrirse."
Los dos miraron por la ventana.
Las dos lunas todavía estaban separadas.
Pero no por mucho.
---
Aquella tarde, Eryan buscó a Kael.
Lo encontró sentado solo en el jardín.
—Kael.
El niño levantó la mirada.
—¿Sí?
Eryan se sentó junto a él.
—¿Recuerdas algo de antes de llegar aquí?
Kael tardó en responder.
—No mucho.
—¿Nada?
—Recuerdo una habitación.
—¿Cómo era?
—Blanca.
—¿Había alguien contigo?
Kael cerró los ojos.
—Una mujer.
Eryan sintió curiosidad.
—¿Qué mujer?
—No sé.
—¿Recuerdas su rostro?
—No.
Kael apretó los dedos.
—Pero recuerdo lo que me dijo.
—¿Qué?
Kael abrió los ojos.
—"No tengas miedo. Algún día volverás a casa."
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Casa?
Kael asintió.
—Eso dijo.
—¿Y sabes dónde está?
—No.
Eryan bajó la mirada.
Por alguna razón, aquellas palabras le resultaban familiares.
Volverás a casa.
Era exactamente lo que sentía cuando miraba aquella puerta.
Como si estuviera intentando regresar a un lugar que nunca había conocido.
---
Esa noche, el cielo cambió.
Las nubes desaparecieron.
Las dos lunas comenzaron a acercarse.
Los habitantes de Arven salieron a las calles para observarlas.
Los niños del orfanato también miraban desde las ventanas.
Eryan sintió una presión extraña en el pecho.
La piedra comenzó a calentarse.
—No...
La sacó.
Brillaba intensamente.
Lina se acercó.
—Eryan.
—Lo sé.
Kael también se acercó.
La piedra emitió una luz tan fuerte que iluminó toda la habitación.
Entonces las dos lunas quedaron alineadas.
Una detrás de la otra.
Y el mundo pareció quedarse en silencio.
Eryan escuchó una voz.
Esta vez no estaba dentro de su cabeza.
Se escuchó en todo el edificio.
"Astra."
Los niños comenzaron a gritar.
Las paredes empezaron a vibrar.
El suelo se abrió con una pequeña grieta.
La directora salió corriendo de su oficina.
—¡No!
Eryan miró hacia el suelo.
Una luz violeta comenzó a extenderse.
La misma luz.
El mismo símbolo.
La puerta.
Pero esta vez no apareció en una pared.
Apareció debajo de ellos.
La directora corrió hacia Eryan.
—¡Dame la piedra!
Eryan retrocedió.
—¿Por qué?
—¡Porque no sabes lo que estás haciendo!
—Entonces explícamelo.
La directora se detuvo.
Por primera vez, Eryan vio algo diferente en sus ojos.
No era miedo.
Era culpa.
—Tu nombre...
La mujer respiró profundamente.
—Tu verdadero nombre no es Eryan.
Todo quedó en silencio.
Lina abrió los ojos.
Kael miró a Eryan.
El niño sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué...?
La directora continuó:
—Ese fue el nombre que te dieron aquí.
Eryan sintió que le faltaba el aire.
—Entonces, ¿cuál es mi nombre?
Elira lo miró.
Pero antes de responder...
Un estruendo sacudió el edificio.
El suelo se abrió completamente.
Una luz blanca apareció debajo de Eryan.
Y una voz desconocida pronunció una sola palabra.
Su verdadero nombre.
—Aeryn.
Eryan abrió los ojos.
No sabía quién había pronunciado aquel nombre.
No sabía por qué le resultaba familiar.
Pero cuando lo escuchó...
algo dentro de él respondió.
La piedra se rompió.
Y una puerta apareció bajo sus pies.
Una puerta hacia un lugar que no pertenecía a Arven.
Ni siquiera parecía pertenecer a Aetherya.
Y detrás de ella...
había un cielo lleno de estrellas.
Continuará...