Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.
Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.
Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.
Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.
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Capítulo 10: La sombra de la espera
Ha transcurrido un mes helado y asfixiante desde que la princesa y sus sirvientes instalaron su constante vigilancia en la residencia ducal. Durante estas cuatro semanas, la mansión se convirtió en una prisión de paredes doradas.
Para evitar que Theo creciera en ese ambiente cargado de falsedad y miradas inquisidoras, inventé todo tipo de excusas para cruzar los portones casi a diario.
Llevé a mi hijo a visitar orfanatos en la capital, apoyé obras de caridad en los pueblos vecinos y recorrí los santuarios locales. Necesitaba que mi pequeño respirara aire limpio y se distrajera lejos de la sofocante presencia de Gerald y Evelyn.
—Mamá, ¿hoy también iremos a llevarle juguetes a los niños del santuario? —preguntó Theo con sus grandes ojos celestes llenos de inocencia.
—Sí, mi amor. Hoy iremos a acompañarlos un rato —le respondí sonriendo suavemente mientras acomodaba su pequeño abrigo de piel.
En esta enorme casa ya no confiaba en absolutamente nadie. Cada mirada amable de la servidumbre podía ocultar un veneno, y cada gesto servicial de los mayordomos parecía una trampa calculada.
Solo me sentía a salvo cuando estaba a solas con alguno de los pocos criados que, al quedar fuera del alcance de los traidores, realizaban discretamente la seña secreta de la guardia de Alexander.
Un leve toque sobre el pecho y los dedos cruzados; esa simple seña militar era mi único faro en medio de la oscuridad. Saber que la gente de Alexander velaba por nosotros en silencio era lo único que me mantenía en pie.
Sin embargo, la calma ficticia amenazaba con romperse muy pronto. En solo un mes, el pequeño Theo cumpliría tres años.
Ese mismo día por la mañana, la Princesa Evelyn irrumpió con soberbia en la sala de estar mientras yo intentaba enseñarle a dibujar a mi hijo.
—Elena, un tercer cumpleaños para el heredero Ashford es un acontecimiento que la nobleza no puede pasar por alto —anunció Evelyn con una sonrisa helada—. He decidido que organizaremos una gran fiesta en el ducado en su honor.
El temor se apoderó de mi pecho como una garra helada. Aceptar un evento masivo bajo el control absoluto de Evelyn y Gerald significaba exponer a mi hijo a incontables riesgos.
—Su Alteza, Theo es muy pequeño y se asusta fácilmente con las multitudes —intenté objetar manteniendo la compostura.
—Insisto, Duquesa. Es la oportunidad perfecta para mostrar la estabilidad de la casa Ashford —sentenció la princesa antes de retirarse sin dar margen a réplica.
«¿Qué pretenden hacer durante esa celebración?», me pregunté con el corazón latiendo desbocado. La angustia amenazaba con sofocarme ante la idea de una trampa pública.
Fue esa misma tarde cuando la sirvienta infiltrada entró a mis aposentos a cambiar el agua de los floreros. Tras verificar que el pasillo estuviera desierto, hizo la seña militar y sacó un pergamino oculto en su manga.
—Duquesa, la respuesta del General ha llegado desde el frente —susurró la muchacha con rapidez—. Ya le entregué la carta pública a Gerald para que la princesa celebre su supuesta victoria, pero esta es la misiva real para usted.
Tomé el documento con manos temblorosas y rompí el sello de cera en forma de halcón para leer las palabras de mi esposo.
Al desplegar el pergamino, la caligrafía firme de Alexander trajo una ráfaga de calidez a mi pecho. En la carta, me pedía resistir dos meses más mientras preparaba una fortaleza inexpugnable en el campamento militar.
Además, me prometió que en un mes y medio me enviaría una nueva nota con las instrucciones exactas de hora, lugar y ruta para que sus exploradores interceptaran nuestro carruaje y el engaño saliera perfecto.
«Dos meses... es muchísimo tiempo. ¿Qué podría pasar en sesenta días con la princesa rondando la casa?», cavilé con una opresión en el estómago, temiendo por la fiesta de cumpleaños de Theo.
Sin embargo, al llegar a las últimas líneas del mensaje, mis ojos se llenaron de lágrimas.
«Este es el único territorio donde puedo garantizar tu vida y la de nuestro hijo con mi propia espada. Sois los únicos en quienes confío en este mundo. Aguanta un poco más.»
Una mezcla de profundo alivio y admiración me conmovió el alma. A pesar del infierno que Alexander estaba viviendo en la guerra, entre batallas sanguinarias y barro, su mente solo pensaba en protegernos.
—Aguantaré, Alexander... protegeré a Theo estos dos meses y esperaré tu señal —susurré apretando la carta contra mi corazón, dispuesta a resistir hasta el final.
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
estos acabarán amándose mucho
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello