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SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.

Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.

Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.

Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.

Hasta que Dante Varela aparece.

Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.

Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.

Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.

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El refugio en el bosque

El camino se alejó de la ciudad, dejando atrás el ruido y las luces, adentrándose en una zona de árboles altos y aire fresco. No era su departamento, no era un hotel de lujo, no era nada de lo que esperaba. Cuando el auto se detuvo frente a una pequeña cabaña de madera, rodeada de naturaleza, con el sol brillando con fuerza sobre el techo de tejas, me quedé mirándolo sin entender.

—¿Por qué me trajiste aquí? —pregunté, bajando del auto y mirando el lugar. Era acogedor, rústico, y se notaba que no era un lugar donde todo estuviera impecable y pulcro. Aquí sí se podía ensuciar, aquí sí se podía sentir la tierra y el viento.

Dante se acercó por detrás de mí, me rodeó con sus brazos y me apretó contra su cuerpo con fuerza, pegando su pecho a mi espalda.

—¿Para qué crees, mi niña? ¿Mi preciosa Lía? —susurró contra mi oído, con esa voz que me hacía temblar de pies a cabeza—. Pensé que sería más emocionante de día. Que la luz te viera, que yo te viera a ti… sin sombras, sin oscuridad escondiendo nada.

Me dio la vuelta suavemente y me miró a los ojos.

—Es de día, Lía. Y es mucho mejor así.

Y entonces me besó. No fue un beso suave ni lento. Fue profundo, hambriento, como si hubiera estado esperándome toda la vida. Y yo… yo no pude resistirme. No pude huir de lo que su cuerpo me pedía, de lo que sus manos despertaban en mí. Él sabía exactamente qué hacer. Sabía qué caricia me hacía cerrar los ojos, qué beso me dejaba sin aliento, qué palabra susurrada al oído me hacía olvidar todo lo demás. Conocía mis puntos débiles mejor que yo misma. Y los usaba sin piedad.

No supe cuándo entramos a la cabaña, ni cuándo mis ropas cayeron al suelo. Solo sé que en un instante estábamos en la cama, bajo la luz cálida del sol que entraba por una ventana entreabierta. Él me poseía con una intensidad que me dejaba sin aire, besando mi cuello, mis hombros, mi pecho, recorriendo cada centímetro de mi piel como si quisiera grabar su marca en mí para siempre. Yo era presa de la pasión, de ese torbellino que él desataba a su antojo, arrastrada por sensaciones que nunca había imaginado sentir. No era solo placer. Era fuego. Era entrega. Era ser suya con cada respiración.

Cuando terminó, me quedé echada a su lado, el pecho subiendo y bajando con dificultad, intentando recuperar el aliento, sintiendo que las piernas todavía me temblaban y el corazón me latía tan fuerte que dolía. Él se recostó a mi lado, me acarició el cabello con calma y empezó a susurrarme al oído, con una voz suave pero que me llegó directo al alma:

—¿Estás cansada, mi pequeña? ¿A dónde se fue toda esa fogosidad y juventud de la que presumes?

Lo miré entreabriendo los ojos, sin poder creer que tuviera fuerzas para hablar, y le respondí con voz entrecortada:

—Eres… eres un monstruo. No todos podemos seguir tu mismo ritmo.

Él soltó una risa baja, grave, satisfecha, y me atrajo más contra su pecho, envolviéndome con su cuerpo.

—Pues acostúmbrate, Lía —murmuró contra mi frente—. Cuando estoy relajado soy así. Y contigo… siempre estoy relajado. Esto no es algo de una sola vez. Esto es nuestro ahora. Tú, yo… este ritmo. ¿Entiendes?

Me abrazó con más fuerza, como si quisiera fundirme en él, y cerró los ojos, satisfecho, como si acabara de reclamar lo que siempre le perteneció. Y yo, acurrucada a su lado, escuchando los latidos de su corazón, supe que tenía razón. No era solo una cita. No era solo una noche. Era el inicio de algo que yo no había pedido, que no había buscado… y que ahora, sin remedio, estaba en medio de ello. Y por más que me cansara, por más que me doliera… no tenía opción de seguirle el paso. Porque él no me dejaría detenerme.

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