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Dos Mundos, Un Destino

Dos Mundos, Un Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:509
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
​Pero al caer la noche, todo cambia.
​Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
​Mientras la ten

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Capítulo 16: La fogata, la orilla del mar y las confesiones bajo las estrellas

​Después de todo el esfuerzo y la intensa competencia bajo el sol, nuestro equipo se coronó como el indiscutible ganador de los juegos en la playa. Entre risas eufóricas, celebraciones ruidosas y gritos de triunfo que quedaron resonando en la arena, el grupo comenzó a dispersarse poco a poco hacia las zonas de descanso asignadas para cambiarse de ropa y prepararse para la noche.

​Ya era el segundo y último día del viaje escolar. Todo el mundo se encontraba en la playa con una actitud mucho más relajada, disfrutando de la brisa marina fresca y del sonido constante de las olas rompiendo a lo lejos. Con la llegada de la noche, los profesores y los propios alumnos se encargaron de encender varias fogatas grandes a lo largo de la costa para reunir a todos alrededor del fuego, compartir anécdotas memorables del instituto y pasar las últimas horas de convivencia antes de emprender el regreso a casa al día siguiente.

​Mientras el grupo principal reía, cantaba canciones improvisadas y se turnaba para comer malvaviscos cerca de las llamas, me di cuenta de repente de que Alexandra no se encontraba en ningún lado. Miré a mi alrededor, busqué con la mirada entre las carpas, los grupos de compañeros y las siluetas que se proyectaban en la arena, pero no logré verla. Un extraño presentimiento, mezclado con una genuina preocupación, me invadió por dentro. Con la excusa perfecta de querer estirar las piernas y escapar un momento del bullicio ensordecedor del campamento, comencé a caminar por la arena oscura, alejándome poco a poco hacia los extremos más solitarios de la costa.

​Después de caminar un buen rato escuchando únicamente el crujir de la arena bajo mis zapatos y el vaivén del mar, la encontré en un rincón muy apartado. Era un sitio solitario en la orilla de la playa, donde las olas rompían suavemente y la luz de las fogatas apenas si alcanzaba a iluminar como un destello lejano. Me acerqué con cautela, pisando con suavidad para no asustarla, y al notar mi presencia, ella se giró un segundo antes de que le dirigiera la palabra:

​—¿Qué haces aquí tan sola y alejada de todos? —le pregunté con voz suave, deteniéndome a su lado.

​Ella exhaló un suspiro profundo, mirando fijamente el reflejo parpadeante de la luna sobre el agua oscura del mar.

​—Nada... solo pensando un poco —respondió en un tono inusualmente nostálgico, con la mirada perdida.

​—¿Y se puede saber en qué piensas tanto? —insistí con curiosidad genuina, inclinándome ligeramente hacia ella mientras guardaba las manos en los bolsillos de mi chaqueta.

​—En todo y en nada a la vez... En todas las personas que he conocido durante estos años en el instituto, en mis amigas, en lo rápido que ha pasado el tiempo, y en que quizás a muchos de ellos no los vuelva a ver nunca más en mi vida —confesó, con un dejo de tristeza en la voz—. Siento que un capítulo muy importante de mi vida se está cerrando por completo, y que otro se va a abrir de golpe mañana mismo, sin saber realmente qué nos deparará el futuro o a dónde iremos a parar.

​Me quedé viéndola un momento en silencio, procesando la profundidad y la madurez de sus palabras. Los dos nos quedamos callados, escuchando únicamente el compás rítmico y relajante de las olas, hasta que sentí la necesidad de abrirme también y romper el hielo de aquella atmósfera tan íntima:

​—Yo... la verdad es que te entiendo perfectamente, a veces a mí también me da terror el futuro —admití, bajando la mirada hacia la arena húmeda bajo nuestros pies—. A veces me aterra pensar en lo que viene, en ya no tener tiempo material para hacer lo que realmente me apasiona. Al principio, nadar y competir era solo un pasatiempo de fin de semana con los amigos, pero con los años se volvió algo súper profesional, exigente y pesado. Sin embargo, lo que de verdad me llena el alma, lo que me hace desconectar de verdad, es jugar videojuegos y crear transmisiones en directo por internet... pero cada día siento que lo estoy arrinconando más o que simplemente el tiempo ya no me alcanza para compaginarlo con los entrenamientos.

​Alexandra volteó a verme de inmediato con los ojos muy abiertos, genuinamente sorprendida por mi confesión.

​—No sabía que te gustaba jugar de esa forma... —murmuró con una sonrisa ligera, como si una pieza pequeña acabara de encajar en su cabeza.

​—Pues ya ves, todos tenemos algún miedo oculto del que no solemos hablar con cualquiera —le contesté con total sinceridad, devolviéndole la mirada bajo la luz de las estrellas—. Vos le temes al futuro, a la incertidumbre y a los cambios drásticos, y yo a dejar de hacer lo que amo por culpa de las obligaciones. Al final de cuentas, parece que no somos tan diferentes como creíamos cuando discutimos en el salón.

​Nos quedamos hablando durante muchísimo más tiempo del que jamás habríamos imaginado, sentados a la orilla del mar, con el calor de las fogatas lejanas y el sonido del viento nocturno. Bajo el manto imponente de las estrellas, conversamos largamente sobre nuestros sueños más locos, de nuestras inseguridades escolares, de nuestras familias y de tonterías cotidianas que nos hicieron reír a carcajadas en plena oscuridad.

​En ese preciso instante, mientras la escuchaba hablar con tanta pasión sobre lo que sentía y lo que esperaba de la vida, me di cuenta de una realidad innegable: mis sentimientos por ella eran mucho más fuertes, profundos y reales de lo que jamás habría pensado al inicio de las clases. Y del otro lado, mientras me escuchaba compartir mis secretos más geeks y mi forma de ver el mundo, Alexandra empezó a atar cabos sueltos en su mente, sospechando cada vez con más fuerza y certeza de quién era en realidad el chico que tenía sentado al lado, sintiendo cómo un nuevo, cálido y confuso sentimiento comenzaba a nacer y a latir con fuerza en su corazón.

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