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Esposa Especial

Esposa Especial

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.

Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.

Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.

Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — La mujer del pasado

Myna permaneció inmóvil en medio de su habitación.

Las últimas palabras de aquella llamada no dejaban de repetirse en su cabeza.

«Aysun no fue la primera mujer que Emir amó.»

Myna conocía a su hermano mejor que nadie.

Sabía que Emir había tenido relaciones antes de conocer a Aysun, pero jamás había considerado que alguna de aquellas mujeres pudiera representar una amenaza para su matrimonio.

—¿Quién eres? —murmuró.

El teléfono volvió a sonar.

Myna contestó inmediatamente.

—Dime quién es esa mujer.

—Pronto lo descubrirás.

—¡No juegues conmigo!

—Tienes que entender algo, Myna. El accidente de Aysun solo era el principio.

—¿El principio de qué?

La persona al otro lado soltó una breve risa.

—De la destrucción de Emir Abdala.

La llamada terminó.

Myna apretó el teléfono con fuerza.

Por primera vez, comenzó a preguntarse si realmente había sido ella quien estaba utilizando a los demás.

O si alguien la había estado utilizando a ella.

 

En el dormitorio principal, Aysun seguía intentando reconstruir sus recuerdos.

Emir estaba sentado frente a ella.

—No quiero que te esfuerces demasiado.

—Necesito saber la verdad.

—La sabrás.

—¿Incluso si duele?

Emir la miró profundamente.

—Incluso si duele.

Aysun tomó una fotografía de ambos.

—Cuéntame cómo nos conocimos.

Emir sonrió.

—Fue en uno de mis hoteles.

—¿Yo trabajaba allí?

—No. Estabas visitando a una amiga.

—¿Y qué ocurrió?

—Derramaste café sobre mi camisa.

Aysun abrió los ojos.

—¿Yo hice eso?

—Sí.

—¿Y no te enojaste?

—Estaba furioso.

Ella soltó una carcajada.

—Entonces, ¿cómo terminaste enamorándote de mí?

Emir la observó con ternura.

—Porque después de derramarme el café me dijiste que mi camisa era demasiado cara para ser bonita.

Aysun comenzó a reír.

—¡No dije eso!

—Lo dijiste.

—No puedo creer que fuera así.

—Por eso me enamoré de ti.

El ambiente se volvió más íntimo.

Aysun dejó de reír.

—Quiero volver a enamorarme de ti.

Emir sintió que el corazón le daba un vuelco.

—No tienes que hacerlo por mí.

—No lo hago por ti.

Ella se acercó.

—Lo hago porque cuando estoy contigo siento que estoy en casa.

Emir no pudo contener las lágrimas.

Aysun las limpió suavemente.

—No llores.

—Son lágrimas de felicidad.

 

Al día siguiente, Emir acudió a sus oficinas.

Había decidido investigar personalmente el pasado de Myna.

Su abogado dejó varios documentos sobre el escritorio.

—Hay algo que no le había mencionado.

Emir levantó la mirada.

—¿Qué?

—La empresa relacionada con el automóvil fue creada poco antes del accidente, pero alguien realizó una transferencia considerable desde una cuenta extranjera.

—¿A nombre de quién?

—No lo sabemos.

—¿Y de dónde salió el dinero?

El abogado colocó otro documento sobre la mesa.

—De una cuenta vinculada a una mujer.

Emir tomó el papel.

El nombre estaba parcialmente oculto.

—¿Quién es?

—Estamos intentando descubrirlo.

Emir observó los documentos.

—Quiero saberlo todo.

 

Mientras tanto, Aysun salió al jardín.

Necesitaba respirar aire fresco.

Caminó lentamente entre las flores.

De repente, vio a una empleada colocando algunas cajas cerca de la entrada.

Una de ellas cayó al suelo.

Aysun se agachó para ayudarla.

Entonces vio algo dentro de la caja.

Una pequeña pulsera.

La tomó.

En cuanto la tocó, sintió un extraño escalofrío.

Una imagen apareció en su mente.

Ella estaba en un lugar desconocido.

Llevaba aquella misma pulsera.

Frente a ella había una mujer.

Una mujer que lloraba.

—Por favor, Emir no puede saberlo.

Aysun abrió los ojos.

La pulsera cayó de sus manos.

—¿Señora?

La empleada se acercó preocupada.

—¿Está bien?

Aysun recogió la pulsera.

—¿De quién es?

—No lo sé. Estaba entre las cosas antiguas.

Aysun la observó.

Algo en ella le resultaba demasiado familiar.

 

Esa tarde, Emir regresó a la mansión.

Aysun corrió hacia él.

—Encontré algo.

—¿Qué?

Ella le mostró la pulsera.

Emir se quedó completamente inmóvil.

—¿Dónde encontraste eso?

—En una caja vieja.

—¿Estás segura?

—Sí.

Emir tomó la pulsera.

Su rostro había perdido todo el color.

Aysun lo notó.

—¿Qué ocurre?

Emir permaneció en silencio.

—Emir.

Él levantó lentamente la mirada.

—Esa pulsera...

—¿Qué?

—Era de una mujer que conocí antes de ti.

Aysun sintió un extraño vacío en el pecho.

—¿La mujer de la que hablaba Myna?

Emir no respondió.

—¿Quién era?

Emir apretó la pulsera entre sus dedos.

—Se llamaba Selin.

Aysun sintió que el nombre provocaba algo en su memoria.

—Selin...

De repente, apareció una imagen.

Una mujer frente a ella.

Un sobre.

Una fotografía.

Y una frase:

«Si quieres salvar a Emir, tienes que alejarte de él.»

Aysun soltó la pulsera y retrocedió.

—¡No!

Emir la sostuvo antes de que cayera.

—Aysun, ¿qué viste?

Ella respiró agitadamente.

—Selin...

—¿Qué pasa con ella?

Aysun levantó la mirada, aterrada.

—Creo que la conocí.

Emir quedó en silencio.

Pero ninguno de los dos sabía que, en ese mismo instante, una mujer acababa de llegar a la ciudad.

Una mujer que llevaba años esperando regresar.

Selin bajó de un automóvil frente a un lujoso hotel Abdala.

Observó el enorme edificio y sonrió.

—Después de tantos años...

Sacó una fotografía de Emir.

—Por fin volveré a verte.

Guardó la fotografía.

—Y esta vez, nadie podrá separarnos.

Continuará...

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