Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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10.. Lo que el corazón no puede ocultar
El silencio se apoderó de toda la calle.
Nadie se atrevía a moverse.
La joven noble que había intentado golpear a Alisa sintió cómo las piernas comenzaban a temblarle al encontrarse frente al Archiduque.
Arion no elevó la voz.
No lo necesitaba.
Su sola presencia bastaba para imponer un miedo absoluto.
Sin soltar la muñeca de la mujer, habló con aquella calma que resultaba incluso más aterradora.
—La señorita Beaumont no mantiene ninguna relación con el príncipe heredero.
La mujer tragó saliva.
—Y-yo...
Arion continuó.
—Lo sé porque fui testigo del momento en que rechazó personalmente la invitación de Su Alteza.
Los murmullos comenzaron a extenderse entre los presentes.
—¿La rechazó...?
—Entonces los rumores eran falsos...
—¿Todo esto fue un malentendido?
La joven noble bajó lentamente la cabeza.
Su rostro había perdido completamente el color.
Arion soltó finalmente su muñeca.
—Si vuelve a poner una mano sobre ella...
Su voz descendió apenas un tono.
—No volveré a ser tan paciente.
Aquellas palabras bastaron.
La mujer realizó una torpe reverencia antes de huir entre la multitud.
El resto de los curiosos comenzó a dispersarse de inmediato.
Alisa permanecía inmóvil.
Todavía podía sentir el ardor en su mejilla.
No por el golpe...
Sino por la humillación que acababa de vivir.
Respiró profundamente.
—Archiduque...
Él giró hacia ella.
—¿Sí?
Ella evitó su mirada.
—¿Podemos... irnos de aquí?
Arion asintió sin hacer preguntas.
—Por supuesto.
El carruaje avanzaba lentamente por las calles de la capital.
Dentro reinaba un profundo silencio.
Alisa observaba distraídamente el paisaje desde la ventana.
Arion permanecía frente a ella.
Ninguno encontraba las palabras adecuadas.
Después de unos minutos...
Él sacó un pañuelo blanco perfectamente doblado y lo acercó hacia ella.
—Tome.
Alisa lo observó confundida.
—¿Qué es esto?
—Tiene una pequeña herida.
Ella llevó una mano a su mejilla.
Solo entonces notó que el golpe había abierto un pequeño corte.
Aceptó el pañuelo con una leve sonrisa.
—Gracias...
Mientras limpiaba la sangre, recordó nuevamente lo ocurrido.
Las acusaciones.
Las miradas.
Los rumores.
Y, sin saber por qué...
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
Intentó contenerse.
No quería llorar frente a él.
Respiró profundamente una vez.
Luego otra.
Pero fue inútil.
Una lágrima cayó silenciosamente sobre el pañuelo.
Después otra.
Y otra más.
Alisa cubrió rápidamente su rostro.
—Lo... lo siento...
Su voz se quebró.
—No sé qué me pasa...
Arion sintió una punzada en el pecho.
Era la primera vez que la veía llorar.
Y también la primera vez que no sabía qué hacer.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Después...
Se acercó lentamente.
Con una delicadeza que nadie imaginaría en un hombre como él, rodeó sus hombros con ambos brazos.
Alisa quedó completamente inmóvil.
No esperaba aquel abrazo.
Él no dijo nada.
Solo la sostuvo con firmeza.
Como si quisiera protegerla del mundo entero.
La joven terminó apoyando lentamente la frente sobre su pecho.
Podía escuchar los latidos de su corazón.
Eran fuertes.
Constantes.
Extrañamente tranquilizadores.
—Gracias... —susurró entre lágrimas.
Arion bajó ligeramente la cabeza.
—No vuelva a llorar por personas que no merecen sus lágrimas.
Ella levantó lentamente la mirada.
Sus rostros quedaron muy cerca.
Demasiado cerca.
Los ojos color miel de Alisa reflejaban el brillo de las lágrimas.
Los ojos carmesí de Arion no podían apartarse de los suyos.
Él llevó con cuidado una mano hasta su rostro.
Con el pulgar limpió la última lágrima que recorría su mejilla.
El corazón de ambos comenzó a acelerarse.
Ninguno retrocedía.
Ninguno parecía recordar cómo respirar.
—Alisa...
Fue la primera vez que pronunció su nombre con tanta suavidad.
Ella sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.
—Arion...
También era la primera vez que ella decía su nombre.
Aquella sola palabra hizo que toda la serenidad del Archiduque desapareciera.
Como si hubiera esperado escucharla durante toda su vida.
Él acortó lentamente la distancia.
Esta vez fue Alisa quien cerró primero los ojos.
Sus labios volvieron a encontrarse.
El beso comenzó con una delicadeza casi tímida.
Pero las emociones contenidas durante tantos días terminaron imponiéndose.
Arion sostuvo con cuidado el rostro de Alisa entre sus manos, mientras ella, casi sin darse cuenta, se aferró suavemente a la tela de su abrigo para no romper aquel instante.
El tiempo volvió a detenerse.
Solo existía el sonido de sus respiraciones y el latido acelerado de sus corazones.
Cuando finalmente se separaron, ninguno habló.
Permanecieron frente a frente, respirando con dificultad, sin dejar de mirarse.
Una tímida sonrisa apareció en el rostro de Alisa.
—Creo... que esto ya no puede llamarse una simple coincidencia.
Por primera vez en mucho tiempo, Arion dejó escapar una sonrisa sincera.
—No.
Creo que hace mucho dejamos de ser dos desconocidos.
Fuera del carruaje, el sol comenzaba a ocultarse.
Y, sin que ellos lo supieran...
Desde una ventana del Palacio Imperial, alguien observaba en silencio el carruaje negro del Archiduque alejarse por la avenida.
El príncipe heredero.
Su expresión era tranquila.
Pero en el fondo de su corazón acababa de nacer una certeza.
Había llegado demasiado tarde.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/