Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 4
El silencio que quedó después de mis palabras fue tan pesado que incluso el sonido de los cubiertos parecía incómodo dentro del comedor. Mi madre me observaba como si acabara de convertirme en una desconocida y mi padre mantenía esa expresión fría que siempre utilizaba cuando algo escapaba de su control. Curiosamente, en mi vida pasada esa mirada bastaba para hacerme sentir culpable. Bastaba para que bajara la cabeza, me disculpara y volviera a convertirme en la hija obediente que ellos querían, pero ahora solo me producía cansancio, muchísimo cansancio, pprque de pronto podía verlo todo con claridad.
Ellos jamás se preocuparon realmente por mí, se preocuparon por lo que yo representaba. Una hija elegante, educada, fácil de manipular, perfecta para unir empresas y mantener apariencias.
Mi padre dejó lentamente los documentos sobre la mesa antes de mirarme directamente.
—Espero que entiendas perfectamente lo que estás diciendo.
Solté una pequeña risa sin humor.
—Créeme, por primera vez en mi vida entiendo demasiadas cosas.
Mi madre cruzó los brazos claramente molesta.
—¿Esto tiene que ver con tu desmayo? Porque si es así, deberías descansar antes de comenzar a actuar de manera irracional.
Ahí estaba otra vez.
“Irracional.”
Toda emoción que no les convenía automáticamente se convertía en exageración.
Sentí una punzada dolorosa en el pecho, pero no porque estuviera dudando de mí misma. No. Dolía porque ahora entendía cuánto tiempo permití que invalidaran mis sentimientos hasta convencerme de que mis propias emociones eran un problema.
Y jamás volvería a permitirlo.
Me recosté ligeramente contra la silla mientras sostenía la taza de café entre mis manos.
—No estoy actuando de manera irracional. Simplemente estoy cansada de que ustedes decidan qué debería sentir.
Mi madre frunció el ceño.
—Eres demasiado sensible, Mía. Siempre lo has sido. Y sinceramente, si quieres sobrevivir dentro de este mundo empresarial necesitas madurar de una vez.
La observé fijamente unos segundos y después sonreí apenas.
—¿Sabes qué es lo gracioso? Que toda mi vida he intentado convertirme en la hija que querías y aun así nunca he sido suficiente para ti.
Ella pareció sorprendida y mi padre habló antes de que pudiera responder.
—Esto no tiene sentido. Nadie te ha tratado mal aquí.
Sentí ganas de reír, porque era impresionante la facilidad con la que las personas destruían a otros mientras se convencían de que no habían hecho nada malo.
—¿No? —pregunté mirándolo directamente—. Entonces quizás puedas explicarme por qué jamás me preguntaron si realmente quería casarme con Alexander.
Mi padre soltó un suspiro cansado.
—Mía, se podía ver qué estabas loca por él. Además ese compromiso ya estaba prácticamente decidido desde hace años.
—Exactamente —respondí inmediatamente—. Decidido por ustedes, nunca fue decidido por mí.
Mi madre rodó los ojos.
—Ay, por favor, no empieces con esa actitud infantil. Alexander es un excelente partido. Su familia tiene prestigio, poder y—
—Y yo debería sentirme agradecida de ser entregada como un contrato empresarial, ¿cierto?
Ella golpeó la mesa suavemente.
—¡Mía!
Pero ya no me intimidaban, ni ella, ni mi padre, ni nadie, porque después de morir entendí algo importante: las personas solo tienen poder sobre ti mientras tú se los permitas y yo estaba cansada de entregar el mío.
Mi padre me observó fijamente durante varios segundos antes de hablar con una calma peligrosa.
—No sé qué ocurrió contigo esta mañana, pero vas a corregir inmediatamente esta actitud antes de que Alexander llegue esta noche.
Sentí el corazón tensarse apenas escuché su nombre.
Alexander.
En mi vida pasada, escuchar su nombre era suficiente para alterar todo mi estado emocional. Bastaba una llamada suya para arruinarme el día o hacerlo sentir perfecto. Qué vergonzoso era recordar eso ahora, porque el hombre por el que destruí mi dignidad… nunca me amó.
Respiré profundamente antes de responder.
—Alexander no vendrá esta noche.
Mi madre frunció el ceño.
—¿Cómo lo sabes?
Porque en mi vida pasada ocurrió exactamente igual.
Alexander canceló aquella cena familiar porque estaba demasiado ocupado acostándose con Isabella mientras yo lloraba creyendo que el trabajo era más importante para él, pero esta vez no pensaba sufrir por eso.
—Simplemente lo sé —respondí con tranquilidad.
Mi padre volvió a tomar sus documentos.
—De cualquier manera, quiero que mañana lo acompañes a la reunión benéfica de los Betancourt. Será una buena oportunidad para fortalecer relaciones antes del anuncio oficial del compromiso.
Los Betancourt.
Recordaba perfectamente aquella noche.
En mi vida pasada fue uno de los eventos donde más humillada terminé sintiéndome. Alexander pasó toda la velada ignorándome mientras Isabella prácticamente se colgaba de su brazo frente a todos. Y yo… yo pasé horas preguntándome qué estaba haciendo mal.
Dios mío, qué patética fui.
Levanté lentamente la mirada hacia mi padre.
—No iré.
Esta vez el silencio fue inmediato. Mi madre incluso soltó una pequeña risa incrédula.
—¿Perdón?
—No voy a asistir.
Mi padre dejó nuevamente los documentos sobre la mesa y esta vez sí parecía molesto.
—No te lo estoy preguntando.
Lo miré fijamente y por primera vez en toda mi vida no sentí miedo de enfrentarlo.
—Entonces yo tampoco estoy pidiendo permiso.
Mi madre se levantó abruptamente de la silla.
—¿Te volviste loca?
No. Por primera vez estaba completamente consciente.
—¿Sabes algo? —dije levantándome lentamente también—. Toda mi vida me hicieron creer que debía sentirme agradecida por todo lo que ustedes decidían por mí. Me convencieron de que cuestionarlos era egoísta y que obedecer era la única manera de recibir afecto de esta familia.
Mi voz comenzó a endurecerse poco a poco.
—Pero estoy cansada. Cansada de vivir intentando convertirme en alguien conveniente para otros mientras me destruyo a mí misma en el proceso.
Mi madre me observaba en completo silencio y sinceramente no sabía si estaba sorprendida, molesta o simplemente confundida.
Probablemente las tres.
—Mía… —comenzó ella.
Pero negué suavemente con la cabeza.
—No. Hoy van a escucharme ustedes a mí.
Mi pecho dolía, muchísimo, porque aunque estaba siendo fuerte, seguía siendo doloroso aceptar que las personas que debían protegerme fueron las primeras en enseñarme que mis sentimientos no importaban y aun así seguí hablando, porque ya no quería callarme nunca más.
—No quiero casarme con Alexander.
Mi padre soltó una risa seca.
—¿Y esto es por qué exactamente? ¿Porque no te presta suficiente atención?
Ahí estaba otra vez, minimizándome, como si todo fuera simple dramatismo femenino, mis uñas se clavaron suavemente contra mis palmas.
—No. Es porque finalmente entendí que pasar años rogando amor nunca fue, ni será digno.
Mi madre me observó fijamente.
—Estás exagerando.
La miré directamente a los ojos.
—No. Ustedes simplemente están demasiado acostumbrados a verme soportarlo todo en silencio.
Y esa era la verdad, porque la antigua Mía lloraba sola. La antigua Mía se rompía discretamente para no incomodar a nadie. La antigua Mía se conformaba con migajas de afecto porque creía que eso era mejor que estar sola, pero yo no.
Yo prefería quedarme completamente sola antes que volver a humillarme por amor.
Mi padre finalmente se puso de pie, su voz salió más fría que antes.
—Vas a ir a esa reunión mañana y vas a comportarte como corresponde. Después de eso hablaremos cuando hayas recuperado la cordura.
Lo observé unos segundos y luego sonreí, sabía que no era una sonrisa dulce, tampoco una sonrisa insegura, era más bien una sonrisa peligrosa.
—No voy a obedecerlos nunca más.
Y por primera vez… Hablaba completamente en serio.