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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No puedo dejar de amarte

Andrés cerró la puerta de su departamento después de que Fernanda saliera. Durante unos segundos permaneció quieto, mirando el lugar donde ella había estado sentada. Todavía podía sentir el calor de sus manos y recordar aquel beso que había cambiado completamente la forma en que ambos se miraban.

Tomó las llaves de su camioneta y salió rápidamente.

Fernanda lo esperaba cerca de la entrada del edificio.

—Te llevo —le dijo Andrés.

—Está bien.

Fernanda subió al vehículo y cerró la puerta.

Andrés encendió el motor.

Durante los primeros minutos ninguno de los dos habló.

El silencio no era incómodo, pero sí estaba lleno de pensamientos.

Fernanda miraba por la ventana.

Pensaba en su hijo, en su mamá, en Pedro y en todo lo que había sucedido durante los últimos días.

Pero, sobre todo, pensaba en Andrés.

Pensaba en aquel beso.

Todavía podía sentirlo.

Y eso la confundía.

Porque nunca había imaginado que pudiera sentirse así por otro hombre.

Ella había pasado tantos años junto a Pedro que jamás creyó que alguien pudiera hacer que su corazón volviera a acelerarse de esa manera.

Andrés conducía en silencio.

De vez en cuando la miraba.

Quería decirle tantas cosas, pero tenía miedo de presionarla.

Sabía que Fernanda necesitaba tiempo.

Sabía que su vida estaba llena de problemas.

Y sabía que él también formaba parte de una situación complicada.

Pero había algo que ya no podía esconder.

Estaba enamorado de ella.

Cuando estuvieron cerca de la casa de la mamá de Fernanda, Andrés disminuyó la velocidad.

Fernanda reconoció el camino.

—Aquí está bien.

Andrés estacionó.

Ella tomó su bolso.

—Gracias por traerme.

—No tienes que agradecerme.

Fernanda abrió la puerta.

Pero antes de bajar, Andrés la llamó.

—Fernanda.

Ella volteó.

Andrés la miró durante unos segundos.

Había algo diferente en sus ojos.

Era como si estuviera luchando contra todo lo que sentía.

Finalmente, tomó suavemente su mano y la acercó hacia él.

—No puedo irme sin decirte algo.

Fernanda se quedó quieta.

Andrés se acercó y la besó.

Esta vez fue un beso breve, pero cargado de todo lo que llevaba dentro.

Cuando se separaron, Andrés apoyó su frente contra la de ella.

—Te deseo tanto...

Fernanda cerró los ojos.

—Andrés...

—Estoy locamente enamorado de ti.

Fernanda abrió los ojos y lo miró.

—No puedo negarlo.

Él respiró profundamente.

—He intentado hacerlo.

—Me dije que solamente eras una mujer que me llamaba la atención.

—Me dije que se me iba a pasar.

—Me dije que debía respetar tu relación y mantenerme alejado.

Hizo una pausa.

—Pero no pude.

Fernanda no sabía qué responder.

Andrés continuó:

—Desde hace mucho tiempo estás en mi cabeza.

—Cuando paso cerca de tu casa, pienso en ti.

—Cuando veo a Pedro, pienso en ti.

—Cuando termina el día y regreso a mi departamento, pienso en ti.

—Y ahora que finalmente pude tenerte cerca, siento que es todavía peor.

Fernanda sintió un nudo en la garganta.

—¿Peor?

Andrés sonrió.

—Porque ahora sé lo que se siente tenerte cerca.

—Sé lo que se siente escucharte hablar tan cerca de mí.

—Sé lo que se siente abrazarte.

—Y ahora sé lo que se siente besarte.

Fernanda bajó la mirada.

Andrés tomó nuevamente su mano.

—Perdóname si estoy siendo demasiado intenso.

—No quiero asustarte.

—No quiero que pienses que tienes que elegir entre Pedro y yo inmediatamente.

—No quiero que tomes una decisión mientras todavía estás herida.

Fernanda lo miró.

—Entonces, ¿qué quieres?

Andrés respondió con sinceridad:

—Quiero que seas feliz.

Ella se quedó sorprendida.

—Aunque no sea conmigo.

Andrés hizo una pausa.

—Aunque me dolería muchísimo.

Fernanda sintió que las lágrimas aparecían en sus ojos.

—No digas eso.

—Es la verdad.

—Pero también es verdad que voy a buscar la manera de estar cerca de ti.

—No voy a perseguirte.

—No voy a obligarte.

—Pero tampoco voy a fingir que no siento nada.

Fernanda respiró profundamente.

—Tengo miedo.

—Lo sé.

—Tengo miedo de equivocarme.

—Entonces no te apresures.

—Tengo miedo de que todo el pueblo hable.

Andrés sonrió ligeramente.

—En un pueblo pequeño siempre habrá alguien que hable.

Fernanda soltó una pequeña sonrisa.

—Eso es verdad.

—Pero nosotros sabemos lo que estamos viviendo.

Ella lo miró.

—No quiero que tengas problemas con Pedro.

—Tampoco quiero tenerlos.

—Él trabaja contigo.

—Y seguirá trabajando conmigo.

—No quiero que esto afecte tu trabajo.

—No lo hará.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Andrés respiró profundamente.

—Por ahora nadie tiene que saber nada.

Fernanda asintió.

—Pero tampoco quiero que esto se convierta en algo escondido para siempre.

Andrés la miró.

—Yo tampoco.

Ella guardó silencio.

Andrés continuó:

—Algún día tendrás que decidir qué quieres hacer con tu vida.

—No conmigo.

—Contigo.

—Y cuando sepas qué quieres, entonces veremos dónde encajo yo.

Fernanda sintió que aquellas palabras eran diferentes a todo lo que había esperado.

No le estaba exigiendo una decisión.

No le estaba pidiendo que abandonara inmediatamente a Pedro.

No estaba intentando aprovecharse de su confusión.

Simplemente estaba diciéndole que él estaría allí.

—Gracias —susurró Fernanda.

—¿Por qué?

—Por no presionarme.

Andrés acarició suavemente su mano.

—Porque te quiero demasiado para hacerte daño.

Fernanda cerró los ojos.

Por unos segundos permanecieron así.

Finalmente ella se separó.

—Tengo que irme.

—Lo sé.

—Mi hijo me está esperando.

—Ve con él.

—Y después tengo que regresar a casa.

Andrés asintió.

—Cuídate mucho.

Fernanda bajó de la camioneta.

Antes de cerrar la puerta, volvió a mirarlo.

—Andrés.

—¿Sí?

—Yo también pienso en ti.

Él sonrió.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

—Dímelo.

Fernanda respiró profundamente.

—Desde aquella primera vez que te vi, algo de ti se quedó conmigo.

Andrés permaneció en silencio.

—Y desde que hablamos en tu camioneta, no he podido olvidarte.

Él sonrió.

—Eso era todo lo que necesitaba escuchar.

Fernanda cerró la puerta.

Caminó hacia la casa de su mamá.

Andrés esperó hasta verla entrar.

Después arrancó la camioneta.

Mientras conducía de regreso al trabajo, no podía dejar de sonreír.

Por primera vez sentía que aquello que había guardado durante tanto tiempo podía ser correspondido.

Pero también sabía que no podía dejarse llevar completamente.

Tenía que ser paciente.

Fernanda todavía tenía una vida que resolver.

Mientras tanto, Fernanda entró a la casa de su mamá.

Su hijo corrió hacia ella.

—Mamá.

Ella lo abrazó con fuerza.

—Hola, mi amor.

El niño comenzó a contarle lo que había hecho en la escuela.

Fernanda lo escuchaba mientras sonreía.

Aquella conversación sencilla con su hijo la hizo volver a la realidad.

Ella tenía una responsabilidad enorme.

No podía pensar solamente en sus sentimientos.

Tenía que pensar en su futuro.

En el futuro de su hijo.

En la vida que quería construir.

Después de despedirse de su mamá, Fernanda regresó a casa con su hijo.

Durante el camino permaneció callada.

Su hijo no notó nada.

Ella sonreía cada vez que él le hablaba.

Pero dentro de su cabeza había una conversación interminable.

¿Podía amar nuevamente?

¿Podía confiar en Andrés?

¿Era posible comenzar de nuevo?

¿O simplemente estaba confundiendo sus sentimientos porque se sentía herida por Pedro?

Fernanda no tenía las respuestas.

Y eso era precisamente lo que más miedo le daba.

Cuando llegó a casa, comenzó a preparar la comida.

Su hijo hizo las tareas.

Ella intentó concentrarse en las cosas cotidianas.

Pero cada vez que quedaba unos segundos sola, pensaba en Andrés.

En sus palabras.

En su mirada.

En el beso.

Y en aquella frase que no podía sacar de su cabeza:

“Estoy locamente enamorado de ti.”

Por la tarde, su teléfono vibró.

Era un mensaje de Andrés.

“¿Llegaste bien?”

Fernanda sonrió.

“Sí. Estoy en casa con mi hijo.”

Andrés respondió:

“Me alegra.”

Después escribió:

“Espero que hoy puedas descansar.”

Fernanda respondió:

“Gracias por todo.”

Andrés escribió:

“Gracias a ti por confiar en mí.”

Fernanda dejó el teléfono.

Miró a su hijo.

Y comprendió que todavía no podía tomar ninguna decisión.

Necesitaba tiempo.

Necesitaba descubrir qué quería realmente.

Porque una cosa era sentir algo por Andrés y otra muy diferente era construir una nueva vida.

Aquella noche, mientras preparaba la cena, Fernanda miró por la ventana.

Pensó en todo lo que había cambiado en tan poco tiempo.

Había pasado de sentirse invisible a sentirse deseada.

De sentirse sola a tener alguien que quería escucharla.

Pero también sabía que no podía depender de otra persona para volver a sentirse valiosa.

Primero tenía que volver a encontrarse a sí misma.

Y quizás ese era el verdadero comienzo de todo.

Andrés podía quererla.

Pedro podía haber cambiado.

Su pasado podía dolerle.

Pero la decisión sobre su futuro tendría que tomarla ella.

Y mientras tanto, un sentimiento seguía creciendo silenciosamente entre Fernanda y Andrés.

Un sentimiento que ninguno de los dos había planeado.

Un sentimiento que había comenzado con miradas.

Después con conversaciones.

Luego con mensajes.

Y finalmente con un beso.

Ahora ambos sabían la verdad.

Se habían enamorado.

Y aunque todavía no sabían cómo terminaría aquella historia, ninguno de los dos podía negar lo que sentía.

Andrés estaba dispuesto a esperar.

Fernanda estaba dispuesta a pensar.

Y el tiempo sería quien finalmente les mostraría si aquel amor era solamente un refugio en medio de una tormenta...

o el comienzo de una nueva vida.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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