NovelToon NovelToon
SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.

Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.

Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.

Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.

Hasta que Dante Varela aparece.

Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.

Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.

Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La noche estrellada

El teléfono pasó de mano en mano hasta llegar a mí. Luna me lo extendió con una sonrisa cómplice.

—Es tu proyecto de novio, Lía. Dice que se llama Dante. Qué nombre tan imponente, ¿no?

Lo tomé con manos temblorosas y me acerqué el aparato al oído.

—¿Aló?

Su voz sonó baja, firme, sin levantar la voz, pero con un peso que me heló la sangre al instante:

—Lía. Te dije que no puedes esconderte de mí. Esto que hago ahora… es solo una muestra del poder que tengo. Puedo ubicarte donde estés, cuando quiera, sin necesidad de estar presente. ¿Entiendes ahora que no puedes huir?

Tragué saliva, mirando de reojo a mis amigas que esperaban sonrientes.

—Entiendo… —susurré.

—Te quiero hoy a las ocho en la dirección que te envié. No quiero excusas. Si no vas… iré a tu nuevo departamento y te sacaré en brazos. Y no me importará que me vean tus amigas. ¿Entendiste?

El corazón se me detuvo. Haría lo que dijo. Lo sabía. No le importaría humillarme, no le importaría revelarlo todo.

—Está bien, Dante —respondí, forzando una sonrisa que no llegó a los ojos—. Nos encontramos a esa hora. Te amo, bebé.

Dije lo primero que se me ocurrió para calmarlo, para que no sospechara que estaba temblando de miedo. Él soltó una risa baja y colgó antes de que pudiera decir nada más.

—¡Ay, qué lindo! —exclamó Mila, cuando les devolví el teléfono—. El amor, qué cosa más hermosa. ¿Se llama Dante? Qué nombre tan fuerte. ¿A qué se dedica?

—Él… se dedica a negocios —respondí rápidamente, improvisando—. Es asistente de un jefe de ventas. Trata con gente importante, por eso… tiene esa voz tan autoritaria.

—¡Con razón! —dijo Luna, con ojos brillantes—. Esa voz… vaya, lo juro, cuando lo escuché pensé: quiero ser la madre de sus hijos. ¡Jajaja!

Las tres nos reímos, pero yo reí por compromiso, mientras por dentro me destrozaba. La madre de sus hijos… si supieran que está casado. Si supieran que soy su amante, su juguete, su secreto… ¿dirían lo mismo? Me atormentaba esa idea una y otra vez, mientras terminábamos de comer.

Regresamos al departamento y me alisté. No tenía ropa elegante, no tenía vestidos de fiesta. Me puse mis mejores jeans, una chompa rosada, zapatillas blancas, una gorrita rosa y un bolsito del mismo color. Era lo que tenía. Mis amigas me desearon suerte y me despidieron con besos, convencidas de que iba a una cita romántica. Y yo salí sabiendo que iba a una jaula dorada.

Llegué a la dirección que me envió. Era un hotel de lujo, imponente, de vidrio y mármol, donde la gente entraba con coches de lujo y vestidos que costaban más que todo lo que yo poseía. Entré y el encargado de la entrada me miró de pies a cabeza, con desdén, con esa mirada que dice aquí no entras.

—¿Busca usted a alguien, señorita? —preguntó con frialdad.

—Sí, yo… —empecé a decir, incómoda.

—Lía.

Lo escuché antes de verlo. Me giré y ahí estaba. Sentado en el bar del hotel, en una esquina apartada, con una copa de whisky en la mano. El encargado abrió los ojos de par en par, como si hubiera visto nacer un dragón frente a él. Miró a mí, luego a él, y su actitud cambió en un segundo: de desprecio a puro respeto y terror.

—Lo siento, señorita —dijo nervioso—. Por favor, acompáñeme. Lo conduzco yo mismo.

Caminó delante de mí, guiándome, y yo me sentí extraña. ¿Por qué me guía? Si es una línea recta, sería difícil perderse. Cuando llegamos a la mesa, el hombre inclinó la cabeza.

—Señor Valero. Me retiro.

Dante lo miró, sacó un billete de cien dólares y se lo entregó con desdén.

—Por tu buen servicio escoltando a esta princesita.

El hombre tomó el billete sin mirarlo, agradeció con voz temblorosa y se fue corriendo como alma que lleva el diablo.

Me senté frente a Dante y por primera vez lo vi realmente. No era solo que fuera guapo, o que tuviera dinero. Todo en él exudaba poder. Llevaba un traje que parecía hecho a medida, joyas que brillaban bajo la luz tenue del bar, y un reloj en su muñeca que a simple vista podía costar dos mansiones enteras. Bebía un whisky que probablemente costaba más que mi sueldo de un mes. Y yo… yo estaba ahí con jeans rotos, una chompa barata, gorra rosa y zapatillas desgastadas. Me sentí patética. Una niña jugando a ser mujer en un mundo que no era el suyo.

—¿Qué pasa? —preguntó él, divertido, notando cómo bajé la mirada—. ¿Te has vuelto tímida de un momento a otro, Lía?

—No… nada —murmuré—. ¿Para qué me llamaste?

—Acompáñame —dijo, levantándose sin responder—. Tenemos que ir a otro lugar.

Salimos del hotel y caminamos unos pasos hasta una tienda de vestidos elegantes, con escaparates de seda y luces cálidas. En cuanto entramos, la dependienta corrió hacia él, con una reverencia casi instintiva.

—Señor Valero… es un placer verlo. ¿En qué puedo servirle?

—El vestido azul que está en ese maniquí —señaló con un gesto de la mano—. Quiero que se lo pruebe ella.

La mujer me miró, confundida un instante, pero asintió de inmediato.

—Por supuesto. Acompáñeme, señorita.

Me llevaron a un probador amplio, con espejos de cuerpo entero y luces suaves. Cuando me puse el vestido, no podía creer lo que veía. Era de un azul profundo, como el cielo de medianoche, con brillos sutiles que parecían estrellas esparcidas por la tela. Se ajustaba a mi cuerpo como si hubiera sido hecho para mí, caía hasta el suelo con una elegancia que yo no sabía que tenía. Salí del probador y me miré en el espejo grande de la tienda. Parecía otra persona. No era la chica de zapatillas y gorra rosa. Era… hermosa. Como la noche estrellada hecha mujer.

Y ahí, al otro lado del espejo, estaba Dante esperándome, mirándome con esa sonrisa que no prometía nada bueno… y todo lo que yo jamás debí desear.

1
Marian Gutierrez
ahora sí que se agarre el heredero ese jejeje porque viene con todo 🤭este hombre que revivió por su amor y va a demostrar que con su niña no se mete nadie....👏
EspirituCreativo: Ay lectora, que barbaridad jeje
total 1 replies
Marian Gutierrez
nooooooooo 😭 los separes
EspirituCreativo: Lo siento lectora Hay amores que matan qué son así dramáticos
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play