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AMORES DE LA ÉLITE

AMORES DE LA ÉLITE

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Romance / Amor eterno / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

El Precio de la Libertad
En las frías y oscuras mazmorras donde los sueños se apagan, una mujer encadenada guarda el secreto de su propia resistencia. Despojada de todo menos de su dignidad, su llanto no es de debilidad, sino el eco silencioso de un alma que se niega a doblegarse.
Amores de la ÉLITE
Entre salones de baile iluminados por imponentes candelabros, copas de cristal y miradas que lo dicen todo, se mueve la alta sociedad. En este exclusivo universo donde el poder y el dinero dictan las reglas del juego, dos almas se cruzan para descubrir que el lujo más codiciado no se lleva en los dedos ni en las joyas, sino en la intensidad de un amor apasionado. Tres élite se unen la familia Monasterio, la familia Valderrama Morales y la familia Pineda Castillo.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL ALTA DE ANASTASIA, LOS BESOS DE MATEOS

​Dos semanas habían transcurrido desde aquella fatídica noche en que el plomo, el fuego y la desesperación intentaron quebrar los cimientos de la clínica. Las cicatrices físicas comenzaban a cerrarse bajo la piel y los pasillos del hospital recuperaban su ritmo habitual, pero el aire que se respiraba en las habitaciones de hospitalización era de una profunda y merecida victoria.

​Había llegado el día tan esperado: el momento del alta médica tanto para Andrés Pineda Castillo como para Anastasia Valera.

​En la habitación de Anastasia, la luz de la tarde iluminaba los rincones con una calidez hogareña. La joven, vestida ya con ropa de calle —un suéter de punto suave y unos vaqueros cómodos que le devolvían la dignidad y la autonomía arrebatadas durante tanto tiempo—, terminaba de guardar sus pocas pertenencias en un bolso de lona. El doctor Darío Monasterio se encontraba de pie junto a la puerta, revisando por última vez la carpeta con su historial clínico y firmando la autorización definitiva de salida.

​Darío levantó la vista, le regaló una sonrisa cálida y le entregó los papeles sellados.

​—Bien, Anastasia. Con esto tienes el alta absoluta. Los pulmones han sanado de forma excelente y las infecciones están completamente controladas. Ya eres una mujer libre —anunció Darío con una nota de genuina satisfacción en la voz.

​Anastasia tomó la carpeta entre sus manos, pero en lugar de mostrar la alegría eufórica que cabría esperar, su mirada se ensombreció de repente y los hombros se le encogieron en un gesto de profunda vulnerabilidad y dolor. Las lágrimas comenzaron a asomarse a sus ojos, amenazando con desbordarse.

​—Gracias, Darío... de verdad te agradezco todo lo que hiciste por mí, a ti y a todo el equipo —murmuró Anastasia con la voz rota, apretando el borde de la carpeta contra su pecho—. Pero... te soy sincera, no tengo a dónde ir. Mis padres... ellos no van a recibirme. No tengo un hogar al que regresar porque, en realidad, mis propios padres me vendieron a Rubén. Me entregaron a él como si fuera una mercancía más. Y a la casa donde vivía con ese monstruo... juro que antes prefiero morir que regresar a ese infierno. No sé qué hacer ni dónde empezar de cero.

​Justo en ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió con un suave giro y la doctora Diana Monasterio ingresó acompañada por la distinguida doctora Elena Valderrama, quien traía puesto un elegante abrigo largo y una bufanda de seda. Ambas venían a supervisar las últimas altas del ala médica.

​Al escuchar las desgarradoras palabras de Anastasia, Diana se detuvo de golpe, sintiendo una punzada de profunda indignación y empatía en el pecho, mientras Elena se acercaba con paso firme para ofrecerle su apoyo incondicional.

​Antes de que pudieran pronunciar palabra, el sonido de unos pasos firmes y decididos resonó en el pasillo exterior, atrayendo la atención de todos los presentes. Una figura imponente, envuelta en un impecable traje de sastre italiano y con una presencia que irradiaba poder y elegancia a kilómetros a la redonda, apareció en el umbral. Era el multimillonario Mateo Valderrama, quien había volado en su jet privado directamente desde el extranjero para rescatar a su esposa.

​En cuanto Elena Valderrama lo vio parado en la puerta, los ojos se le iluminaron con una chispa de alegría desbordante. Olvidándose por completo de las formalidades médicas, de los pasillos del hospital y de quién estuviera mirando, Elena corrió literalmente hacia él con los brazos abiertos y se lanzó a su cuello, fundéndose en un beso tan profundo, apasionado y desesperado que hizo que hasta el propio Darío parpadease con sorpresa.

​Diana no se quedó callada ni un solo segundo. Al ver la escena tan intensa de su amiga, soltó una carcajada sonora, negando con la cabeza mientras cruzaba los brazos.

​—¡Guau, amiga! Te hacía falta urgente esa respiración pulmonar y de la otra también, porque casi me lo comes vivo en la puerta del hospital —bromeó Diana entre risas, contagiando la diversión a los presentes.

​Mateo se separó un poco de los labios de su esposa, aunque la mantuvo firmemente abrazada por la cintura, esbozando una sonrisa socarrona y brillante mientras miraba a Diana.

​—Tuve que venir a buscarla en persona, doctora Monasterio, porque si me descuido un día más, me la terminan secuestrando aquí entre tanto tiroteo, operativo táctico y novela de acción —bromeó Mateo con su acento seguro, mirando con adoración a Elena—. Además, cuando anuncié que venía para acá en el jet, no sé qué pasó en la familia, pero de repente todos quisieron subirse al avión para venir a supervisar el rescate.

​Elena, con las mejillas ligeramente sonrojadas pero con una sonrisa radiante de oreja a oreja, se acomodó la solapa del abrigo y le dio un codazo cariñoso a su esposo.

​—Cállate, Mateo, que aquí la única heroína de acción fue la teniente Blake —replicó Elena entre risas—. Pero hablando en serio, amor, ¿quiénes vinieron contigo?

​—Pues nada menos que el séquito completo —respondió Mateo encogiéndose de hombros con elegancia—. Y hablando de cosas extrañas que pasan en los pasillos de esta clínica... hay algo que me llamó muchísimo la atención cuando venía subiendo hacia acá. No sé qué estará tramando, pero la que anda con una actitud bastante sospechosa es Valeria. No sé por qué razón, pero la vi muy monísima y sonriente por allá abajo, saliendo nada menos que a saludar muy cariñosa a Esteban Monasterio.

​Al escuchar el nombre de Esteban, el ambiente en la habitación cambió de golpe. Diana ensanchó los ojos y se quedó en absoluto silencio, mientras Darío fruncía el ceño con profunda desconfianza, el tablero de ajedrez humano de la alta sociedad apenas comenzaba a mover sus piezas.

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Luisa Franco
la historia promete
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