Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Flores
La rutina continuó.
Pero ya no era la misma de antes.
Ahora...
El duque no necesitaba que Harriet lo desafiara todos los días.
Muchas veces aparecía por iniciativa propia.
Y cuando el trabajo realmente le impedía hacerlo...
Buscaba un momento más tarde para pasar, aunque fueran unos minutos con Ellie y Eric.
Harriet lo notó.
Pero nunca lo comentó.
[Si lo felicito...]
[Se le va a subir el ego.]
Unas semanas después...
La protagonista del jardín era Ellie.
Eric ya caminaba con bastante seguridad.
Ahora era su hermana quien intentaba ponerse de pie una y otra vez.
Solo había un pequeño problema.
Ellie se distraía con cualquier cosa.
Especialmente...
Con las flores.
Si veía una...
Se olvidaba completamente de caminar.
Aquella mañana estaban en el jardín.
Edward observaba cómo Ellie estiraba sus pequeñas manos hacia un macizo de flores.
Harriet sonrió.
—Creo que alguien encontró su nueva obsesión.
Edward asintió.
—Le gustan mucho.
Entonces recordó algo.
Levantó discretamente una mano.
Un suave brillo verde apareció entre sus dedos.
Del césped comenzaron a brotar pequeñas flores.
Una.
Dos.
Cinco.
Diez.
Las flores nacían lentamente, como si la propia tierra respirara.
Ellie abrió muchísimo los ojos.
—¡Aaah!
Eric también quedó maravillado.
Harriet observó la escena.
[Pensando bien...]
[Su magia sí es hermosa.]
Se acercó lentamente al duque.
Edward seguía concentrado.
No notó que Harriet había reducido la distancia entre ambos.
Ella inclinó apenas la cabeza.
Y le susurró muy cerca del oído.
—¿Puede hacer una un poquito más grande?
Edward sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
[Tan cerca...]
Su perfume era suave.
A flores.
Y su voz...
Era mucho más baja cuando no estaba discutiendo con él.
Durante un segundo olvidó completamente la magia.
Harriet volvió a susurrar.
—¿Señor esposo?
Edward reaccionó de golpe.
—...¿Qué?
Movió apresuradamente la mano.
La magia respondió inmediatamente.
Solo que...
Con un poco más de fuerza de la necesaria.
La pequeña flor comenzó a crecer.
Y crecer.
Y crecer.
Hasta convertirse en una enorme flor que sobresalía por encima de todas las demás.
Harriet abrió mucho los ojos.
—¡Qué bonita!
Ellie soltó un gritito emocionado.
Apoyó ambas manos sobre el suelo.
Luego...
Se puso de pie.
Harriet sonrió inmediatamente.
Se acercó otra vez al duque.
Esta vez él sintió el peligro antes de que hablara.
Ella volvió a susurrar.
—Más flores.
Edward tragó saliva.
[Mantén la concentración.]
[Mantén...]
Movió la mano.
Esta vez aparecieron varias flores grandes formando un pequeño camino.
Ellie dio un pasito.
Luego otro.
Después otro más.
Intentaba alcanzar aquellas flores gigantes.
—¡Eso es!
Animó Harriet.
—¡Muy bien!
Edward se agachó un poco.
—Ven.
Ellie siguió avanzando.
Uno.
Dos.
Tres.
Hasta llegar a los brazos de su padre.
Harriet comenzó a aplaudir.
—¡Lo logró!
—¡Ellie caminó!
La pequeña reía orgullosa.
Edward la sostuvo con cuidado.
Harriet se acercó sonriendo.
Miró las enormes flores que seguían adornando el jardín.
Luego volvió a mirar al duque.
Esta vez no había ironía.
Ni burlas.
Solo una sonrisa sincera.
—Su magia es sorprendente.
Edward levantó la vista.
—¿Sí?
Harriet asintió.
—Hace unas flores preciosas.
Edward permaneció en silencio unos segundos.
Después...
Esbozó una pequeña sonrisa.
Muy pequeña.
Pero completamente auténtica.
Porque ya conocía a Harriet.
Sabía perfectamente distinguir cuándo hablaba solo para molestarlo.
Y cuándo decía algo de verdad.
Y aquellas palabras...
Eran completamente sinceras.
—Gracias.
Harriet sonrió un poco más.
[Qué raro...]
[Parece que hasta sonríe bonito.]
El tiempo siguió avanzando.
Ya casi sin darse cuenta.
Las pequeñas discusiones fueron desapareciendo.
Las provocaciones...
Continuaban.
Pero ahora tenían otro tono.
—Buenos días, señor esposo.
—Buenos días, esposa.
Ya no sonaba como una declaración de guerra.
Más bien...
Como una costumbre.
Cuando Harriet revisaba documentos, Edward le acercaba una taza de té sin decir una palabra.
Ella tampoco decía gracias.
Solo levantaba la vista.
Sonreía un instante.
Y seguía trabajando.
Cuando Edward olvidaba comer por revisar informes...
Harriet dejaba discretamente un plato sobre el escritorio.
—No puede administrar un ducado si se desmaya de hambre.
Él respondía con un simple..
—Entendido.
Y terminaba comiendo.
Los pequeños también habían aprendido nuevas costumbres.
Cuando Eric se caía...
Corría hacia Harriet.
Cuando encontraba algo interesante...
Iba inmediatamente a mostrárselo a Edward.
Ellie, en cambio...
Simplemente quería que ambos la vieran al mismo tiempo.
Si uno faltaba...
Giraba la cabeza buscándolo.
Los sirvientes también comenzaron a notarlo.
Mary hablaba con el mayordomo mientras los observaban desde una ventana.
—Ya casi no discuten.
El anciano sonrió.
—No.
—Ahora conversan.
Mary rio.
—Aunque siguen llamándose "señor esposo" y "esposa".
—Sí.
—Pero ya no parece una burla.
Guardaron silencio.
En el jardín...
Harriet reía porque Eric intentaba perseguir una mariposa.
Edward observaba la escena con una tranquilidad que antes parecía imposible.
El mayordomo sonrió con satisfacción.
—Es curioso.
—¿Qué cosa?
—Ninguno de los dos se dio cuenta del momento exacto en que dejó de soportar al otro... Y comenzó a disfrutar su compañía.
Mary volvió a mirar al jardín.
Era verdad.
El duque ya no pensaba que Harriet era una mujer ruidosa e irritante.
Ahora le parecía alegre.
Espontánea.
Y capaz de llenar la mansión de una vida que antes no existía.
Harriet, por su parte...
Ya no veía a Edward como un hombre pesado y frío.
Había descubierto que, detrás de aquella expresión seria...
Había alguien que estudiaba en secreto cómo ser un mejor padre.
Y, sin proponérselo...
Dos personas que habían empezado aquel matrimonio como completos desconocidos...
Estaban construyendo, poco a poco, una familia que jamás había existido en el viejo guion.