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Capítulo 2. Un nombre que ya no era suyo
—¿Señorita Lyra...?
Una voz temblorosa llegó hasta sus oídos.
Elria abrió los ojos de golpe.
Su respiración era agitada y el pecho le dolía como si la espada siguiera atravesándolo.
Instintivamente llevó una mano hasta su corazón.
No había sangre.
No había heridas.
Solo el recuerdo de un dolor tan real que hizo que su cuerpo entero comenzara a temblar.
—¿Señorita...? ¿Se encuentra bien?
Una joven sirvienta la observaba con preocupación desde el borde de la cama.
Elria levantó lentamente la vista.
La habitación era enorme.
Las paredes estaban decoradas con elegantes tapices color marfil y los enormes ventanales dejaban entrar la cálida luz de la mañana.
Aquella no era su habitación.
—¿Dónde... estoy...? —murmuró con la voz ronca.
La sirvienta frunció el ceño.
—¿Qué ocurre, señorita Lyra? Está en su habitación, por supuesto.
¿Lyra?
Elria sintió que el mundo volvía a detenerse.
Negó con la cabeza una y otra vez.
—No... yo soy...
Las palabras quedaron atrapadas en su garganta.
Su nombre.
Su propio nombre.
¿Por qué le costaba tanto pronunciarlo?
Se levantó de la cama con dificultad y corrió hasta el enorme espejo que descansaba junto a la ventana.
Su reflejo la dejó completamente inmóvil.
Aquella joven no era ella.
Su cabello, antes oscuro como la noche, ahora caía en suaves ondas plateadas hasta su cintura.
Sus ojos ya no eran verdes.
Ahora brillaban con un intenso color amatista.
Su rostro también había cambiado.
Seguía siendo hermoso... pero pertenecía a otra persona.
Retrocedió varios pasos.
—No... esto no puede estar pasando...
Su respiración comenzó a acelerarse.
Entonces los recuerdos llegaron como una avalancha.
El bosque.
La luna.
La espada atravesando su pecho.
La voz de su prometido confesando que jamás la había amado.
Y...
Aquellos ojos.
Unos ojos dorados llenos de desesperación.
Un hombre extraordinariamente hermoso que la sostuvo entre sus brazos cuando ya era demasiado tarde.
No recordaba su rostro con claridad.
Solo aquella mirada rota.
Solo aquella voz...
"No..."
¿Por qué un desconocido lloraba por ella?
¿Por qué el dolor de aquel hombre le oprimía tanto el corazón?
Elria llevó una mano a su pecho.
—Estoy... viva...
No.
No era correcto.
Ella había muerto.
Lo recordaba perfectamente.
Entonces...
Miró nuevamente el reflejo del espejo.
—¿Quién... es Lyra?
La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro.
En ese mismo instante, nuevos recuerdos comenzaron a aparecer en su mente.
No eran suyos.
Eran los recuerdos de la dueña de ese cuerpo.
Una niña de una familia noble.
Una vida completamente distinta.
Un nombre.
Lyra Evermoon.
Elria cayó de rodillas mientras se sujetaba la cabeza.
Dos vidas.
Dos recuerdos.
Dos nombres.
Su corazón latía con fuerza.
Había muerto como Elria...
...y había despertado como Lyra.
Pero una pregunta no dejaba de atormentarla.
Si realmente había reencarnado...
¿Qué había sido de aquel hombre que llegó demasiado tarde para salvarla?
Y, sin saberlo, a cientos de kilómetros de distancia, el Rey de la Corte Oscura seguía buscándola como un hombre consumido por la locura, ignorando que el destino acababa de concederle una segunda oportunidad.