Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Nubes
Horas después, el carruaje avanzaba con tranquilidad por el antiguo camino de piedra.
Las ruedas crujían sobre el empedrado mientras los caballos mantenían un paso constante.
Melody, sentada junto a la ventana, apenas había abierto uno de los libros que había llevado consigo.
Lo sostenía sobre sus piernas, pero hacía ya varios minutos que no leía una sola línea.
Era imposible.
El paisaje reclamaba toda su atención.
—Es hermoso... —murmuró casi sin darse cuenta.
Su madre sonrió al verla tan absorta.
—Aún no has visto lo mejor.
Melody apartó un mechón de cabello de su rostro y volvió a mirar hacia el exterior.
El carruaje continuó ascendiendo por el estrecho camino que serpenteaba entre las montañas.
A medida que ganaban altura...
El paisaje comenzaba a transformarse.
Los grandes árboles del bosque iban quedando cada vez más abajo.
Los ríos parecían finos hilos plateados que cruzaban el valle.
Las montañas se extendían hasta donde alcanzaba la vista, formando un horizonte interminable.
Melody apoyó una mano contra la ventana.
Jamás había estado tan alto.
[Es... increíble.]
Los minutos siguieron pasando.
Entonces apareció la niebla.
Al principio era apenas una fina capa que cubría algunas zonas del bosque.
Pero cuanto más ascendían...
Más espesa se volvía.
Hasta que terminó ocultando completamente el valle.
Melody no apartaba la mirada.
Sentía la misma emoción que una niña descubriendo algo por primera vez.
Sus padres intercambiaron una sonrisa silenciosa.
Hacía mucho tiempo que no la veían tan ilusionada por algo tan simple.
Y eso los llenaba de felicidad.
Unos minutos después...
La niebla cubría absolutamente todo.
Pero ya no parecía niebla.
Era un inmenso océano de nubes blancas.
El sol de la tarde descendía lentamente, tiñéndolas de delicados tonos dorados, rosados y anaranjados.
La luz hacía que parecieran olas brillando bajo el cielo.
La montaña daba la impresión de flotar.
Como si el mundo entero hubiera desaparecido bajo sus pies.
Melody abrió lentamente los ojos.
Su respiración se volvió más lenta.
Más tranquila.
[No...]
[No puede existir un lugar tan bonito.]
Era como si hubieran llegado al borde del cielo.
Lord Cartier observó a su hija.
Después sonrió al cochero.
—¡Deténgase un momento!
El carruaje redujo la velocidad hasta detenerse por completo.
El mayordomo abrió la puerta.
Melody prácticamente bajó antes que nadie.
En cuanto puso un pie sobre el suelo...
Sintió el cambio.
El aire era mucho más frío.
La brisa acariciaba suavemente su rostro.
Pero también era un aire limpio.
Tan puro que cada respiración parecía llenar completamente sus pulmones.
Inspiró profundamente.
Muy profundamente.
El viento hizo danzar su largo cabello negro.
Su vestido se movía con suavidad alrededor de sus piernas.
Frente a ella...
Las nubes parecían extenderse hasta el horizonte.
No existía una línea que separara la tierra del cielo.
Todo era blanco.
Todo era luz.
Todo era inmenso.
Melody caminó unos pasos hasta un pequeño mirador de piedra.
Se quedó completamente inmóvil.
Sus padres permanecieron detrás de ella, respetando aquel momento.
Sabían que su hija estaba contemplando algo que jamás olvidaría.
Melody levantó lentamente la vista hacia el cielo azul.
Después volvió a contemplar aquel mar de nubes.
Sintió un calor suave dentro del pecho.
Un calor distinto.
No era emoción únicamente.
Era gratitud.
Muy despacio abrió ambos brazos.
Cerró los ojos.
El viento la envolvió con delicadeza.
Y, en el silencio de su corazón, comenzó a hablar.
[Gracias.]
No sabía exactamente a quién.
Al destino.
Al universo.
A Dios.
O quizás a la vida misma.
Pero necesitaba decirlo.
[Gracias por darme una segunda oportunidad.]
Las imágenes de su vida anterior aparecieron fugazmente en su mente.
El cine.
La caminata nocturna.
El dolor que había ignorado.
La ambulancia detenida.
La habitación del hospital.
La soledad.
Y aquella última petición.
"Ojalá exista otra historia."
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Volvió a respirar profundamente.
[Gracias por permitirme conocer a esta familia.]
Recordó el primer abrazo de sus padres.
Las cenas compartidas.
Las partidas de ajedrez con su padre.
Las tardes de lectura junto a su madre.
Las bromas de su hermano.
Aquella casa que, poco a poco, había dejado de sentirse prestada para convertirse en su verdadero hogar.
[Gracias por dejarme salvar a Melody.]
Pensó en la joven enfermiza que apenas podía probar un bocado.
En la muchacha que sufría en silencio frente al espejo.
Y sonrió con dulzura.
[Ella ya no está sola.]
Bajó lentamente la mirada hacia el océano de nubes.
[Gracias por enseñarme que algunas historias sí pueden cambiar.]
Recordó cuánto se enfadaba cuando una adaptación modificaba un libro.
Cuánto había defendido que ninguna historia debía alterarse.
Y ahora comprendía que había estado equivocada.
No todas las historias necesitaban permanecer iguales.
Algunas...
Necesitaban esperanza.
Necesitaban una segunda oportunidad.
Necesitaban a alguien dispuesto a escribir un final distinto.
Una lágrima resbaló lentamente por su mejilla.
No era una lágrima de tristeza.
Era de felicidad.
De esas que aparecen cuando el corazón ya no puede guardar todo lo que siente.
Abrió nuevamente los ojos.
Frente a ella, el cielo parecía infinito.
El viento seguía jugando con su cabello.
Y, por primera vez desde que había despertado en ese mundo...
Sintió que ya no era una visitante.
Pertenecía a ese lugar.
Pertenecía a esa familia.
Pertenecía a esa vida.
Lord Cartier se acercó despacio y apoyó una mano sobre su hombro.
—¿Te gusta?
Melody volvió la cabeza.
Tenía los ojos ligeramente húmedos, pero sonreía con una paz que nunca antes había mostrado.
—Muchísimo...
Su madre se acercó también y tomó suavemente una de sus manos.
Los tres permanecieron en silencio.
No hacía falta decir nada más.
Porque, frente a aquel cielo que parecía no tener fin, Melody comprendió que el regalo más grande que había recibido no era haber reencarnado.
Era haber aprendido que la vida, igual que las mejores historias, podía sorprender incluso cuando uno creía conocer ya el final.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???