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NO ERA TU FAN

NO ERA TU FAN

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:357
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

Fama, dinero, miles de seguidores… Ian lo tiene todo. Y su mánager se asegura de que nada ni nadie arruine su carrera. Hasta que entra una nueva integrante al equipo: ella.

Dicen que es fría, que es profesional, que es incapaz de experimentar ninguna emoción. Para ella, maquillar a la celebridad más grande del momento es solo un trabajo más.

Pero Ian no está acostumbrado a ser invisible para nadie. Lo que empieza como curiosidad pronto se convierte en un reto: hará lo que sea para sacarle una sola reacción, aunque eso signifique poner en riesgo su propia estabilidad y descubrir que su mundo perfecto tiene mucho menos sentido que esa chica que no siente nada.

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 9 MENTIRAS, RUMORES

El amanecer llegó despacio, tiñendo el cielo de tonos suaves entre el rosa pálido y el azul grisáceo, antes de que el sol asomara con fuerza sobre el horizonte. En mi departamento, ubicado en lo más alto del edificio, el silencio era absoluto, solo interrumpido por el leve sonido del viento rozando los grandes ventanales panorámicos. Me desperté exactamente a las cinco y media de la mañana, sin necesidad de reloj ni despertador; mi cuerpo estaba acostumbrado a mantener una rutina estricta, ordenada y sin fallos, tal como había aprendido desde niña.

Me incorporé lentamente entre las sábanas de algodón egipcio de color blanco, me senté en el borde de la cama y estiré los brazos, sintiendo cómo mis músculos se relajaban después de haber dormido profundamente durante más de siete horas. Me dirigí al baño, amplio y luminoso, con suelos de mármol blanco y una gran bañera empotrada junto a la ducha de hidromasaje. Abrí el grifo y dejé correr el agua tibia hasta que el vapor empezó a llenar el ambiente, suavizando el aire. Me desvestí y entré bajo el chorro, dejando que el agua recorriera todo mi cuerpo, limpiando la fatiga del día anterior y despejando mi mente de cualquier pensamiento disperso. Me lavé con jabón de olor suave, me peiné con cuidado para no enredar mi cabello liso y brillante, y luego salí envuelta en una toalla grande y esponjosa, secándome con movimientos lentos y precisos.

Pasé al vestidor, un espacio enorme organizado por colores y tipos de prenda, y me detuve frente a las perchas para elegir lo que llevaría ese día, ya que tenía una reunión importante para revisar toda la agenda del mes siguiente. Saqué un pantalón de mezclilla azul oscuro, de corte recto y muy cómodo, que se ajustaba bien a mi figura sin quedar apretado. Junto a él, tomé una blusa sin hombros, de la marca Valentino, de un color marfil muy elegante, con pequeños olanes bordados en la parte inferior que le daban un toque delicado pero sin excesos. Para calzarme, elegí unos tenis de la marca Puma, nuevos en el mercado y de edición limitada, diseñados con la forma y suavidad de unas zapatillas de ballet, muy difíciles de conseguir y que combinaban a la perfección con el resto del atuendo. Me peiné el cabello y lo recogí en una coleta alta y firme, dejando que algunos mechones finos cayeran suavemente a los lados de mi rostro para suavizar la apariencia. Me puse un maquillaje muy ligero: solo base, un poco de rubor natural y brillo labial, nada que llamara demasiado la atención pero que me mantuviera arreglada.

Cuando ya estaba lista, revisé que todo estuviera en su sitio, tomé mi bolso de mano y bajé las escaleras hacia la cocina para preparar algo ligero de desayuno. Mientras ponía a hervir el agua para un té verde y cortaba unas rebanadas de fruta fresca, escuché el tono de llamada de mi teléfono sobre la mesa. Al mirar la pantalla, vi que era mi padre, así que respondí de inmediato.

—Buenos días, papá —dije con voz tranquila, sosteniendo el aparato con una mano mientras revolvía el agua en la taza.

—Hija, buenos días —se escuchó su voz al otro lado, grave pero cálida, llena de esa serenidad que siempre lo caracterizaba—. Te llamo temprano porque quería saber cómo te ha ido en estos primeros días en tu nuevo trabajo. ¿Cómo te sientes? ¿Todo está en orden?

—Muy bien, papá, no te preocupes —respondí con calma, apoyándome ligeramente en el borde de la encimera—. Me estoy adaptando rápido, el trabajo es claro y las reglas también. Cumplo con lo que me piden y hasta ahora no ha habido problemas.

Hubo una breve pausa al otro lado de la línea, y luego su voz sonó con un matiz de duda y curiosidad que no pude pasar por alto.

—Dime la verdad, Melissa… ¿estás trabajando cerca de un cantante famoso? —preguntó despacio, como si no quisiera asustarme pero necesitara confirmarlo—. El que sale en todas partes en las redes sociales, en las noticias, en los programas de televisión… ese tal Ian. ¿Es verdad que estás con él?

Fruncí ligeramente el ceño, sin entender bien a qué se refería, y respondí con total sinceridad:

—Sí, es el artista al que debo atender, es mi trabajo. Pero no sé por qué lo preguntas así, papá. No hay nada más que eso, solo una relación laboral.

—Pues entonces entra rápido a las redes, hija —me dijo con un tono que empezaba a sonar preocupado—. Entra a Twitter o a Instagram ahora mismo. Ahí verás por qué te lo digo. Hay noticias que te involucran directamente a ti y a él, y no son precisamente de trabajo.

—Está bien, lo reviso en cuanto termine de desayunar —le aseguré—. No te preocupes, seguro es alguna confusión. Te llamo luego para contarte cómo va todo, ¿vale?

—De acuerdo, pero ten cuidado, Melissa —me advirtió con cariño pero firmeza—. Ya sabes cómo es el mundo de la fama, todo se exagera, todo se inventa. Mantén la cabeza fría y actúa con prudencia, tal como te he enseñado siempre. Nos vemos pronto, hija.

—Adiós, papá.

Colgué el teléfono, tomé mi desayuno y me senté frente a la mesa, pero antes de empezar a comer, tomé el aparato y abrí las aplicaciones tal como me había dicho. Apenas entré, me di cuenta de que había cientos de notificaciones, mensajes de números desconocidos y etiquetas en publicaciones que no había visto nunca. En la sección de tendencias, aparecían en letras grandes y negras: #Ian, #Melissa, #IanYMelissaNovios.

Al hacer clic en el enlace principal, me encontré con la supuesta “noticia exclusiva” de un medio sensacionalista de poca reputación, con fotos tomadas de lejos, en ángulos mal elegidos, donde yo aparecía arreglándole el cabello o la ropa en los eventos. El texto decía:

“EXCLUSIVA: EL REY DEL POP YA TIENE DUEÑA DEL CORAZÓN”

Fuentes cercanas nos confirman que Ian, la estrella más grande del momento, lleva tiempo manteniendo una relación sentimental secreta con su nueva asistente personal. Ella se llama Melissa Font, una mujer de buen gusto y mucho dinero, que aparece a su lado en todos los eventos, en viajes y entrevistas. Según el reportero, la pareja se ve muy cómoda, se hablan con confianza y no pueden ocultar la atracción que sienten el uno por el otro. Todo indica que esta relación lleva meses gestándose y que pronto harán el anuncio oficial.”

Leí todo el texto una y otra vez, sin sentir enojo ni rabia, solo una profunda sensación de incomodidad lógica, como cuando alguien rompe una regla o cambia algo que estaba bien ordenado. Todo era falso, cada palabra, cada suposición, cada afirmación. Pero viendo la cantidad de compartidos, comentarios y reacciones, comprendí que ya se había extendido como un incendio fuera de control.

Terminé de desayunar con más rapidez de lo habitual, guardé todo con orden, tomé mis cosas y salí hacia la cochera. Al subir a mi Lamborghini gris metálico, puse en marcha el motor que rugió con fuerza, profundo y potente, y salí a la calle conduciendo con calma pero con la mente ya puesta en lo que encontraría al llegar a la empresa.

Llegué al edificio de Super Estar Entretenimiento unos minutos antes de la hora acordada. Al entrar, pasé la tarjeta para activar mi gafete y subí en el ascensor hasta el piso donde se encontraban las oficinas principales. En cuanto las puertas se abrieron, vi a Jovany caminando de un lado a otro con la cara seria, al dueño de la empresa, el señor Rojas, sentado detrás de su escritorio con una expresión muy severa, y a Ian parado cerca de la ventana, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, la espalda tensa y una mirada oscura y furiosa que casi podía sentirse en el aire.

En cuanto me vieron entrar, todos se quedaron en silencio unos segundos, y fue el señor Rojas quien habló primero con voz grave y autoritaria:

—Pase, Melissa, siéntese. Tenemos un problema muy grave entre manos, y necesitamos aclararlo ya mismo.

Me acerqué con paso firme, tomé asiento frente a ellos y mantuve la mirada tranquila, esperando a que me dijeran de qué iba todo, aunque ya lo imaginaba perfectamente.

—¿Sabe lo que está pasando por todas partes en este momento? —me preguntó el señor Rojas, apoyando los codos sobre el escritorio y mirándome fijamente a los ojos—. Hay noticias, fotos, comentarios en todas las redes sociales diciendo que usted y Ian son pareja. Esto afecta la imagen de la empresa, la imagen del artista, y rompe directamente una de las cláusulas más importantes de su contrato. ¿Tiene alguna explicación para esto? ¿De qué forma ha permitido que se llegue a pensar algo así?

Antes de que yo pudiera abrir la boca para responder, Ian se giró bruscamente, dio un paso hacia adelante y habló con una voz cargada de rabia contenida, tan fuerte que parecía que iba a romper en cualquier momento:

—¡Para empezar, todo esto es culpa suya! —gritó señalándome con el dedo, con los ojos llenos de enojo y frustración—. ¡Desde que llegó aquí, no ha hecho más que llamar la atención! Se viste como si fuera una estrella, no como una empleada, está siempre pegada a mí en todos lados, me toca, me acomoda, y claro que la gente va a pensar cualquier cosa si le damos pie. ¡Ahora todo el mundo habla de esto y yo tengo que aguantar que me inventen una relación con alguien que no me importa en lo más mínimo!

Me quedé sentada sin moverme, sin cambiar mi expresión, y lo miré con esa misma calma que tanto le irritaba. Cuando terminó de hablar, respondí con voz clara, firme y sin ningún rastro de miedo, cortando cualquier duda de inmediato:

...—Para empezar, señor Ian, esto no es culpa de nadie, y mucho menos mía —dije despacio, pero con fuerza en cada palabra, de modo que todos en la habitación escucharan cada sílaba—. Yo hago exactamente lo que mi trabajo exige. Tengo que estar a su lado, arreglarle la ropa, el maquillaje, el cabello, acompañarlo a todos los lugares donde vaya, porque así me lo pidieron al contratarme. Si yo me visto bien, es porque así lo decido yo, no para llamar la atención de nadie, y menos de usted. Y si la gente inventa historias, eso no es mi responsabilidad. Yo no he dado ninguna declaración, no he dicho nada a nadie, no he posado para fotos, no he hecho nada que pueda dar lugar a esas mentiras. La culpa es de quien inventa y de quien cree sin preguntar primero....

Ian abrió la boca para volver a gritar, pero Jovany levantó una mano pidiendo calma, aunque se notaba que también estaba tenso y preocupado.

—Esto no nos ayuda en nada —intervino el mánager con voz cansada—. Ya el daño está hecho en parte, lo que importa ahora es cómo lo solucionamos rápido antes de que crezca más. Si dejamos que esto siga así, las consecuencias pueden ser malas para todos: para la empresa, para la carrera de Ian y para el puesto de Melissa también.

El señor Rojas asintió con la cabeza, mirándome de nuevo:

—¿Qué propone usted, Melissa? Usted parece tener las ideas muy claras. ¿Cómo podemos dejar esto claro de una vez por todas sin que queden dudas?

No lo dudé ni un segundo. Ya tenía la respuesta lista en mi mente mientras escuchaba a todos hablar.

—Subiré un vídeo a mis redes sociales, explicando la verdad tal cual es —dije con total seguridad—. Haré una declaración clara, directa y sin rodeos, diciendo que todo lo que se ha publicado es falso, que no hay ninguna relación sentimental, solo laboral. También indicaré que hemos iniciado acciones legales contra ese reportero que inventó la historia, por difamación y daño a la reputación de ambas partes. Es la forma más rápida y efectiva de que llegue la verdad a todos los que han leído esas mentiras.

Ian me miró con desconfianza, entrecerrando los ojos:

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Quiara rara
/Joyful//Joyful/
Quiara rara
espero que sigas creciendo Haci con tu escritura ahora Soy tu fan número 1 👏👏🤭🤭
Quiara rara
¡wow!cool muy bien tienes talento para escribir eres verdaderamente excepcional 👏👏 felicidades 👏👏
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