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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:45.7k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1.

💜 Bienvenidas, queridas lectoras 💜

Antes de comenzar esta historia, quiero agradecerles por darle una oportunidad a La Mujer que Escapó del Infierno.

Esta no es una novela ligera. Es una historia de dolor, supervivencia, valentía y esperanza. Una historia sobre una mujer que ha sido destruida poco a poco por las personas que debían protegerla, pero que encuentra la fuerza para levantarse y luchar por lo más importante de su vida: su hija.

⚠️ Advertencia de contenido ⚠️

Esta novela contiene temas que pueden resultar sensibles para algunas lectoras, incluyendo:

Violencia doméstica.

Abuso físico y psicológico.

Manipulación emocional.

Pérdida gestacional.

Relaciones tóxicas.

Control coercitivo.

Trauma y proceso de recuperación.

Aunque estos temas forman parte de la historia, no son glorificados ni romantizados. La novela busca mostrar el impacto real de la violencia y el largo camino hacia la libertad, la sanación y la reconstrucción personal.

También encontrarán momentos difíciles, personajes que despertarán rabia y situaciones que pueden hacerlas llorar. Pero encontrarán algo más importante: una mujer que se niega a rendirse, una madre capaz de enfrentarse al infierno por su hija y la esperanza de que siempre existe una salida.

Les pido un favor: lean con el corazón abierto.

Rían, lloren, enójense, celebren las victorias y sufran las derrotas junto a Cynthia. Y si en algún momento sienten ganas de entrar en la historia para darle una bofetada a cierto personaje, les prometo que no estarán solas. 😏

Gracias por acompañarme en este viaje.

Ahora sí...

Prepárense para conocer la historia de una mujer que lo perdió todo, excepto las ganas de luchar.

Con cariño,

Cinvan ❤️

********************************************************************

Cynthia miró la prueba de embarazo.

—No, no, no… —susurró mirando el test de embarazo.

Le temblaban las manos, el cuerpo, las piernas se le aflojaron. Tres semanas de náuseas matutinas. Dos semanas sin menstruación. Y ahora esto: dos malditas líneas que lo confirmaban todo.

Embarazada.

Cerró los ojos y respiró profundo, tratando de que el pánico no la ahogara. Alberto llevaba meses presionándola.

—Necesito un hijo varón— le repetía —Valentina no es suficiente. Necesito un heredero que lleve mi apellido.

Siempre se lo recordaba después de una paliza, de humillarla, de insultarla, cuando a Cynthia no le quedaban ni fuerzas para moverse.

Los anticonceptivos que tenía escondidos y que tomaba sin que él lo supiera, no sirvieron de nada.

Un golpe seco sacudió la puerta del baño, como si fuera una patada. Una más de las tantas que recibía.

—¡Cynthia! —la voz de Alberto le hizo dar un salto de miedo—. ¿Qué mierda haces ahí encerrada?

Escondió la prueba en el fondo del cajón, debajo de las pastillas anticonceptivas, apresurada, porque a él no le gustaba esperar. Se miró en el espejo. El labio partido de anoche ya no sangraba, pero la hinchazón era evidente. El moretón del pómulo había oscurecido a un violeta profundo durante la noche.

—Ya salgo.

Abrió la puerta. Alberto seguí en pijama con los brazos cruzados sobre el pecho. La miró como solía hacerlo: como si ella estuviera rota, llena de defectos, con asco.

—Te ves como una mierda —dijo—. Cúbrete esa cara. Lucía viene en la mañana y no quiero escuchar sus sermones de siempre.

—Sí, ya voy a...

—Y necesito el desayuno. Ahora. No en media hora. Ahora.

Cynthia bajó la cabeza.

—Ya voy a prepararlo.

Alberto se dio la vuelta y caminó hacia la habitación. Antes de entrar, se detuvo.

—Y otra cosa. Espero que no estés pensando en contarle nada raro a mi hermana. Ya sabes lo que pasa cuando abres esa boca.

No esperó respuesta. Cerró la puerta de un portazo.

Cynthia se quedó parada en el pasillo, con la mano todavía en el pomo de la puerta del baño. El corazón le latía tan fuerte que podía escucharlo en sus oídos. Embarazada. Otra vez atrapada. Otra cadena más que la amarraba a este infierno.

Bajó las escaleras descalza. La mansión estaba en silencio. Demasiado silencio. La calma después de la tormenta, de los gritos, de los golpes que la dejaban tirada en el piso.

En la cocina, Amelia ya había dispuesto las verduras y dejado todo preparado sobre la encimera.

—Buenos días, señora —susurró, sin mirarla directamente. Nunca lo hacía después de las noches malas.

—Gracias, Amelia. Pero vete antes de que baje. No quiero que...

—Lo sé, señora. Ya me voy.

Cynthia preparó el desayuno sin pensar, sin sentir. Café negro, amargo, sin azúcar. Huevos benedictinos. Tostadas de pan artesanal. El desayuno perfecto para el esposo perfecto. Cuarenta minutos después, el timbre de la entrada principal resonó por toda la casa. Cynthia corrió a abrir antes de que Alberto se molestara por la demora.

Lucía entró como un vendaval, pero en el momento en que vio el rostro de Cynthia, se detuvo.

—Otra vez —dijo. No era una pregunta.

—No aquí. Arriba.

Subieron las escaleras en silencio. En el baño, Lucía cerró la puerta con llave y sacó el kit de maquillaje que ya conocía de memoria. Lo había usado tantas veces en los últimos cinco años que podía aplicarlo con los ojos cerrados.

—¿Qué fue esta vez? —preguntó mientras abría el corrector más oscuro—. ¿La cena estaba fría? ¿No le gustó cómo doblaste sus camisas?

—No quiero hablar de eso.

—Nunca quieres hablar de eso. Y por eso seguimos aquí, en este maldito baño, repitiendo la misma escena una y otra vez.

Lucía comenzó a cubrir el moretón con movimientos bruscos, casi violentos. Cada toque era una acusación silenciosa.

—Un día te va a matar, Cynthia. Te lo he dicho mil veces. Un día va a ir demasiado lejos y yo no voy a poder salvarte.

—Ya lo intentamos. Sabes cómo terminó.

No necesitaban decirlo en voz alta, recordaban bien lo que había pasado.

Dos años atrás trataron de huir. Cynthia, Lucía y Valentina, en un taxi rumbo a la estación de autobuses a las tres de la madrugada. Llevaban una maleta con ropa y el dinero que Cynthia había estado ahorrando en secreto durante meses. Alberto las encontró antes de que pudieran subir al autobús.

Primero la tomó del cabello, tirándole la cabeza hacia atrás con tanta violencia que Cynthia creyó que le partiría el cuello. Le fracturó tres costillas. Le rompió el brazo izquierdo. Lucía había terminado con dos dedos fracturados y una amenaza que todavía le helaba la sangre: "La próxima vez que me traiciones, hermana, te mato. ¿Escuchaste?"

—Estoy embarazada —soltó Cynthia de pronto.

La brocha de maquillaje se detuvo en el aire. Lucía la miró por el espejo, los ojos muy abiertos.

—¿Qué dijiste?

—Me hice la prueba esta mañana. Dos líneas.

—No. —Lucía dejó la brocha sobre el lavabo con tanta fuerza que casi la rompe—. Dime que no es cierto. Dime que es un error.

—Ojalá fuera un error.

Lucía la abrazó con fuerza, apretándola contra su pecho.

—No puedes traer otro hijo a esto. No puedes condenar a otro niño a crecer en este infierno.

—Lo sé.

—Entonces sabes lo que tienes que hacer.

Cynthia asintió. Las dos sabían de qué estaban hablando. Las dos sabían que era la única opción.

Tres golpes resonaron en la puerta. Fuertes. Impacientes.

—¡Cynthia! ¡Maldita sea! —la voz de Alberto atravesó la madera—. Tengo hambre. ¿Qué tanto hacen ahí adentro las dos?

—Ya terminamos —respondió Lucía con los dientes apretados. —Maldito, hijo de puta —murmuró por lo bajo.

Cuando terminó, Cynthia parecía una mujer normal. Una esposa feliz en su mansión perfecta.

—Ve. Yo bajo en un minuto —dijo Cynthia.

Lucía guardó el kit de maquillaje y abrió la puerta. Alberto estaba en el pasillo, recargado contra la pared, mirando su teléfono. Levantó la vista cuando ella salió.

—¿Todavía aquí, hermana? Creí que ya te habías largado.

—Sí, ya me voy. Pero escúchame bien, Alberto —Lucía se detuvo frente a él, mirándolo directamente a los ojos—. Algún día pagaras por esto y te juro que vas a retorcerte, rata.

Alberto sonrió. Con cinismo, con frialdad.

—¿Amenazas, Lucía? ¿Otra vez? —dijo, jugando con un mechón del cabello de su hermana —Ya estoy aburrido de tus dramitas.

—No son amenazas. Es lo que les pasa a las porquerías como tú. —respondió ella, corriendo la cabeza con asco.

—Lárgate de mi casa antes de que te saque a patadas.

—No es solo tu casa. Papá nos la dejó a los dos.

—Pero yo tengo el control. Como de todo lo demás. —Alberto se acercó a ella, invadiendo su espacio personal—. Y si vuelves a meterte en mis asuntos, te juro que lo vas a lamentar. Ya te perdoné una vez por ayudarla a huir. La próxima va a salirte más caro.

Lucía lo empujó con el hombro al pasar. Alberto no se movió. Solo la vio alejarse por el pasillo con esa sonrisa torcida que le producía náuseas a su hermana. Seguro de si mismo, de su poder, de su violencia.

Cuando la puerta principal se cerró, Alberto subió las escaleras. Cynthia estaba saliendo del baño, secándose las manos con una toalla.

—Ya está tu desayuno en la mesa —dijo con la voz apenas audible.

—Bien. Más te vale que esté caliente. —Alberto caminó hacia ella hasta quedar a centímetros de su rostro—. Y escúchame bien, Cynthia. No sé qué mierda le estuviste contando a Lucía allá adentro, pero te lo advierto: si abres la boca, si le cuentas algo a alguien, te va a ir muy mal. ¿Me entendiste?

—Sí.

—¿Sí qué?

—Sí, te entendí —agachó la mirada.

—Así me gusta, muñequita.

Le acarició la mejilla con el dorso de la mano. Un gesto que podría parecer tierno si no fuera porque Cynthia se estremeció como si la hubiera golpeado.

—Eres mía, Cynthia. Solo mía. Nunca lo olvides.

Bajó a desayunar como si nada hubiera pasado. Como si los últimos cinco minutos no hubieran existido.

Cynthia se quedó parada en el pasillo, temblando. Las lágrimas amenazaban con salir, pero las contuvo. No podía llorar. Si lloraba, el maquillaje se arruinaría. Y si el maquillaje se arruinaba, Alberto lo vería. Y si Alberto lo veía... No. No podía pensar en eso ahora.

Bajó las escaleras controlándose lo mejor que pudo, haciéndose invisible en su cabeza. En la cocina, revisó que todo estuviera en orden para el resto del día. Alberto saldría a trabajar en una hora. Eso le daría tiempo. Tiempo para hacer lo que tenía que hacer.

Sacó su teléfono del bolsillo y escribió un mensaje rápido: "Necesito ayuda. Es urgente."

La respuesta llegó en menos de un minuto: "Ya está hecho te envió la dirección"

Cynthia miró por la ventana. Alberto estaba en el comedor sonriéndole a su hija Valentina, cualquiera que los mirara pensaría que era el padre más amoroso, dándole de comer pacientemente a la niña. Para el resto del mundo eran una familia feliz, pero las paredes de aquella enorme mansión escondían a una mujer que temblaba en su propia cocina, con miedo hasta de respirar fuerte, planeando un aborto en secreto.

Recibió la dirección de la clínica. "Hoy a las 2pm."

Borró el mensaje de su historial. Guardó el teléfono. Y siguió preparando la comida para su esposo.

Como si nada. Como siempre, pero consiente de lo que haría en unas horas, pues no tenía otra opción, evitaría que otro inocente viviera en ese infierno, aunque eso la marcara para siempre.

1
ysabel cecilia contreras
Ay por dios ahora para colmo va sentir culpa
ysabel cecilia contreras
Yo quiero Alberto con conciencia de todo el mal que ha echo, en silla de rueda , o parapléjico que sufra el desgraciado pero solo como un perro callejero 🤭🤭🤭
ysabel cecilia contreras
Ay dios es que me imagino pidiéndole que lo mate en la operación 🤭🤭🤭
Mercedes Estacio
esta historia no esta lejos de la triste realidad de muchas mujeres, de mi mismo que pude salir a tiempo de ese infierno y salvaguardar a mis hijos ahora ya son todos unos hombres criados con respeto y valores hacia el ser humano Dios le bendiga escritora por esta historia
ysabel cecilia contreras
ayyy no me va dar un infarto
ysabel cecilia contreras
Dios si está historia la leo en noche no duermo todos mis sentidos están en alerta máxima
ysabel cecilia contreras
Angel cómo doctor debería saber que es indispensable un abordaje de apoyo psicológico
ysabel cecilia contreras
Es un error de madre no mostrar a los hijos que estamos rota , dañada, dolida el causante su padre y por eso no nos entienden hasta que es tarde muy tarde
Zaida Sanchez
es triste como una mujer es sometida🤬x un hombre sin escrúpulos
ysabel cecilia contreras
Diablos qué genero es esta novela de terror por qué hasta yo estoy golpeada y aterrorizada tenía que sacarla del país. Ella debió registrar todo su maltrato diablos y hacerlo público
BERNARDINA PASTELIN
no jodas....
BERNARDINA PASTELIN
que fuerte!!!
Lucy alejo
es tu deber pinche desgraciado 😡
Lucy alejo
muy buena la historia 👌
Lucy alejo
maldito desgraciado! no demuestres miedo Cinthia que eso lo alimenta más a él no te dejes humillar más defiendete !
Lucy alejo
doctor luche por ella sacala de ese infierno yo sé que usted puede !
Lucy alejo
alguien que me pase un palo para reventarle en la cabeza a este poco hombre!!, solo un ser sin corazón aprovecha la enfermedad de su hija para su propio beneficio 😡
Lucy alejo
yo creo que ningun padre quisiera escuchar que su hijo o hija tiene esa enfermedad, pero espero que todo salga bien ya basta de tanto sufrimiento 🥺
Lucy alejo
algo tiene la nena y Ángel lo sabe
Lucy alejo
un error guardar el celular pero veremos qué pasa en esta grandiosa historia
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