Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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Capítulo 10 — El cumpleaños sorpresa... que terminó pareciendo una reunión de mafiosos
Josué odiaba las fiestas sorpresa.
No porque fueran malas.
Sino porque...
normalmente terminaban saliendo mal.
Y aquella noche...
el universo decidió demostrarlo otra vez.
Su celular vibró.
Era un mensaje de Emma, su hermana.
Emma: "¿Estás en casa?"
Josué: "Sí."
Emma: "No salgas durante media hora."
Josué frunció el ceño.
¿Por qué?
Emma respondió con un simple emoji.
—No...
—No estarás planeando...
Demasiado tarde.
Media hora después...
Sonó el timbre.
Josué abrió la puerta.
—¡SORPRESAAAA!
Cinco personas entraron gritando.
Emma.
Dos primos.
Una amiga de la infancia.
Y un compañero de universidad.
Todos llevaban bolsas negras.
Porque dentro estaban los regalos.
Pero eso...
nadie más lo sabía.
—¡Feliz cumpleaños adelantado!
Emma abrazó a su hermano.
—¿Cómo entraste al edificio?
—Le dije al portero que era tu hermana.
—Eso tiene sentido.
Mientras tanto...
en el sexto piso...
Doña Milagros estaba regando una planta.
Escuchó los gritos.
Miró por la ventana.
Y vio...
cinco personas desconocidas...
entrando con bolsas negras.
Silencio.
La regadera cayó al suelo.
—Marta...
—¿Qué pasó ahora?
—Llegaron refuerzos.
Cinco minutos después...
el grupo de WhatsApp explotó.
"Cinco sospechosos entraron al 908."
"Todos llevaban bolsas negras."
"¿Traían armas?"
"No se alcanzaba a ver."
"Eso significa que sí."
Mientras tanto...
el apartamento 908 estaba lleno de risas.
Emma colocó una pizza sobre la mesa.
—¡Nadie toca la comida hasta que llegue el pastel!
—¿Compraste pastel?
—Claro.
—No era necesario.
—Cállate y sopla las velas cuando toque.
Todos rieron.
En el pasillo...
Tomás estaba sentado frente a la puerta.
Con un vaso.
Pegó la oreja.
—Escucho voces.
Sacó su libreta.
✔ Hay cinco cómplices dentro del apartamento.
En ese instante...
la puerta se abrió de golpe.
Tomás dio un pequeño grito.
Josué lo miró sorprendido.
—¿Tomás?
El niño escondió la libreta detrás de la espalda.
—Yo...
eh...
—¿Qué haces aquí?
—Pasaba.
Josué miró el pasillo completamente vacío.
—¿Sentado frente a mi puerta?
—Es un pasillo muy cómodo.
Emma apareció detrás de Josué.
—¿Quién es?
—Un vecino.
Emma sonrió.
—Hola.
¿Quieres una rebanada de pizza?
Tomás quedó congelado.
Nadie lo había invitado nunca a una fiesta de un vecino.
—¿Puedo?
—Claro.
Cinco minutos después...
Tomás estaba sentado en la mesa.
Comiendo pizza.
Riendo con todos.
Josué lo observó divertido.
—¿Y la investigación?
Tomás bajó la cabeza.
—Está en pausa.
—¿Por la pizza?
—La pizza cambia muchas cosas.
Todos comenzaron a reír.
Una hora más tarde...
Emma sacó el pastel.
Las luces se apagaron.
Las velas iluminaron la sala.
Todos comenzaron a cantar.
Justo en ese momento...
desde la ventana del edificio de enfrente...
Doña Milagros observaba con sus binoculares.
Solo podía ver...
personas reunidas.
Luces apagadas.
Y sombras moviéndose.
No escuchaba la canción.
Solo veía siluetas.
Tragó saliva.
—Marta...
—¿Qué ocurre?
—Están haciendo un ritual.
—...
—Con velas.
—Milagros...
es un cumpleaños.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque acaban de cantar "Feliz cumpleaños".
Doña Milagros permaneció en silencio.
—Ah...
Pausa.
—Eso tiene bastante sentido.
Por primera vez en muchos años...
aceptó que quizá...
solo quizá...
había exagerado un poco.
Solo un poco.
Mientras tanto...
Josué sopló las velas.
Cerró los ojos.
Pidió un deseo.
No pidió dinero.
No pidió éxito.
No pidió amor.
Solo pensó:
"Ojalá algún día mis vecinos dejen de creer que soy un criminal."
Abrió los ojos.
Todos aplaudieron.
En ese momento...
Aileen apareció en la puerta.
Llevaba una pequeña caja envuelta con un lazo azul.
Se quedó inmóvil.
—¿Interrumpo?
Josué sonrió.
—Nunca.
Emma observó a Aileen.
Luego a Josué.
Y finalmente sonrió con una expresión traviesa.
—Así que ella es la famosa vecina...
Josué abrió mucho los ojos.
—Emma...
Pero ya era demasiado tarde.
La hermana menor acababa de notar algo...
que ni siquiera Josué había querido admitir todavía.
Muy bueno!