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Hollow Creek

Hollow Creek

Status: Terminada
Genre:Terror / Mitos y leyendas / Maldición / Completas
Popularitas:114
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Camila llega sola a Hollow Creek para olvidar la muerte de su madre. Su auto queda destrozado por trampas en el camino y encuentra a cinco jóvenes acampando. Pronto descubre que ese rincón de Texas esconde una familia que lleva generaciones aislada… y algo mucho más antiguo que ellos.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Las tres horas se cumplieron y sobraron.

Leo miraba el reloj cada pocos minutos aunque no sirviera de nada. La pantalla seguía sin señal y la hora apenas avanzaba. Estaban otra vez en el punto de encuentro: el tronco caído donde se habían separado esa misma mañana. El sol ya bajaba y la luz se volvía esa misma gris sucia de siempre. El aire olía a tierra seca y a algo más dulce que no terminaba de irse.

No había nadie.

Ni Sofía.

Ni Naiara.

Ni marcas nuevas en los árboles. Ni ropa atada. Ni cortes en la corteza. Nada que indicara que hubieran pasado por ahí.

Tomi daba vueltas en un círculo pequeño, mirando hacia el oeste cada pocos segundos. Las manos las tenía metidas en los bolsillos para que no se notara que le temblaban.

—Deberían estar aquí. Dijeron tres horas. Exactamente tres horas.

—Lo sé —contestó Leo. La voz le salió baja y tensa. Se pasó una mano por la cara y dejó polvo en la mejilla.

Camila se quedó quieta junto al tronco. El llavero de Mateo le pesaba en el bolsillo. Había contado los minutos en silencio desde que llegaron. Ahora el silencio se sentía distinto. Más pesado. Como si el bosque ya hubiera decidido algo y solo estuvieran enterándose tarde. Recordó la espalda de Sofía alejándose entre los árboles. Recordó a Naiara ajustándose la gorra sin mirar a nadie.

—Vamos a buscarlas —dijo Tomi de pronto. La voz le tembló un poco.

Leo negó con la cabeza.

—Si nos movemos del punto y ellas llegan, las perdemos también. Esperamos un poco más. Media hora. No más.

Esperaron.

Veinte minutos.

Media hora.

El viento cambió de dirección y trajo otra vez el olor dulce, más fuerte que por la mañana. Camila se tapó la nariz con la manga, pero no sirvió. El olor se metía igual, pegajoso, como si quisiera quedarse dentro.

Cuando el sol tocó la línea de los árboles, Leo habló otra vez:

—Ya no podemos quedarnos. Si algo les pasó, quedarnos aquí no las ayuda. Seguimos al norte un tramo y dejamos marcas claras por si ellas vienen después. Cortes profundos. Ropa si hace falta.

Tomi quiso discutir. Abrió la boca y la cerró. Solo asintió con la cara blanca y los ojos demasiado abiertos.

Empezaron a subir otra vez.

Leo iba delante, cortando ramas bajas y haciendo marcas profundas en los troncos con el cuchillo. El metal sonaba sordo cada vez que entraba en la corteza. Camila en el medio. Tomi detrás, girando la cabeza cada pocos pasos para mirar hacia el oeste. El terreno se empinaba más. Las piedras resbalaban bajo las botas. El aire se volvía más seco y frío a medida que subían.

Después de un rato largo escucharon un ruido a lo lejos.

No era el viento.

No era un animal.

Era un grito.

Corto. Agudo. De mujer.

Se cortó de golpe, como si alguien hubiera tapado la boca con fuerza o hubiera apretado el cuello hasta que no saliera más sonido.

Los tres se detuvieron al mismo tiempo.

El grito había venido del oeste. Exactamente del lado por donde se habían ido Sofía y Naiara.

Tomi dio un paso en esa dirección. El cuerpo le temblaba entero.

—Fue una de ellas. Lo escuchaste. Fue una de ellas.

Leo lo agarró del brazo con fuerza.

—No. Si vamos ahora corriendo sin saber, nos pierden a nosotros también. Seguimos. Marcamos. Y cuando encontremos un sitio más alto miramos hacia allá. Pero no corremos a ciegas.

Camila sintió que el estómago se le caía. El grito le había quedado clavado en la cabeza. No sabía si había sido Sofía o Naiara. Solo sabía que había sido real. Desesperado. Y que se había cortado demasiado rápido. Demasiado limpio.

Siguieron subiendo en silencio.

El bosque parecía más denso de repente. Las sombras más largas. Cada crujido los hacía detenerse y levantar la cabeza. En un momento Camila creyó ver una figura quieta entre los árboles, a la izquierda, alta y sin forma clara. Parpadeó y ya no estaba. Solo troncos retorcidos y oscuridad que empezaba a bajar de verdad.

Cuando llegaron a un pequeño altozano rocoso, Leo se detuvo. Desde allí se veía una parte amplia del bosque hacia el oeste. Solo árboles. Ningún movimiento. Ninguna luz. Ninguna señal.

Tomi habló con la voz rota:

—No van a venir. Ya no.

Nadie le contradijo.

El grito seguía resonando en la cabeza de los tres. Y el olor dulce, ahora constante, les recordaba que el bosque no había terminado con ellos. Solo estaba esperando.

Camila apretó el llavero hasta que el metal se le clavó en la palma y le dolió.

Una de las chicas había desaparecido de verdad.

Y el grupo, que ya era pequeño, se acababa de hacer todavía más chico.

Más débil.

Más fácil de romper.

1
LJ Series
Me gustan este tipo de historias 👀
hey y aparezco ahí, mi nombre también es Leo
LJ Series
Interesante, veamos que tal
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