Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Elemento tierra
Un día después
El joven Jack comenzaba su día con una profunda tristeza, no solo en su rostro, sino también en su corazón.
Tobías no le había escrito ni llamado.
En la mente de Jack solo aparecían los peores pensamientos.
"Ahora me teme…"
"Soy un fenómeno para mi mejor amigo…"
Aun así, Jack no culpaba a Tobías.
Según él, su amigo tenía derecho a alejarse. Después de todo, casi nadie podría quedarse luego de ver algo tan irreal.
Jack apenas había dormido esa noche.
Tenía ojeras, se sentía agotado y no tenía ganas de hacer absolutamente nada, excepto permanecer tirado en el sillón de la sala.
Mientras tanto, Tobías, que tampoco había podido dormir bien, finalmente decidió escribirle.
Tomó el celular y, después de respirar profundo varias veces, comenzó a redactar el mensaje.
"No te temo. Eres mi amigo y siempre lo serás.
¿Puedo llamarte?"
El celular de Jack vibró, llamando de inmediato su atención.
Lo tomó rápidamente y revisó la pantalla.
Cuando vio que era Tobías, y que por fin le había escrito, la tristeza en su rostro desapareció por completo.
Dudó unos segundos antes de responder… pero en el fondo moría por escuchar su voz.
"Sí…"
El corazón de Tobías volvió a latir con normalidad al ver aquella respuesta.
Segundos después, el celular comenzó a sonar.
Jack contestó casi de inmediato.
Jack: ¿Hola?
Tobías: Hola… Jack… ¿cómo estás? —preguntó Tobías con evidente nerviosismo.
Jack: Bien… ¿y tú?
Tobías: Mal… muy mal…
Jack: ¿Por qué? ¿Qué tienes? —preguntó Jack preocupado.
Tobías guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Me mata el arrepentimiento… jamás debí irme de tu casa de esa manera. Te lastimé…
Al escuchar eso, Jack sintió un enorme alivio.
Tobías no lo odiaba.
Jack: No te preocupes por eso. Sí… me dolió que te fueras, pero era inevitable que te asustaras después de ver algo así.
Jack bajó un poco la voz.
Jack: Mira… si quieres, podemos hacer como si nunca hubiera pasado. No volveré a hablar de esto…
Tobías: No
— interrumpió Tobías—.
Tobías: Quiero todo lo contrario.
Necesito que me cuentes todo.
Desde cuándo puedes hacer eso… cómo lo haces… y qué más puedes hacer con ese… don.
Jack se sorprendió del otro lado de la llamada.
Jack: ¿Estás seguro? ¿No será demasiado para ti?
Tobías: Debo admitir que es lo más extraño que he visto en mi vida. Jamás pensé que algo como la magia, o sea lo que sea que hagas, pudiera existir…
Pero, aun así… también estoy un poco fascinado.
Tobías soltó una pequeña risa nerviosa.
Tobías: Y además… eres mi mejor amigo. Pase lo que pase, incluso si eres un bicho raro mágico… yo seguiré queriéndote.
Jack se sonrojó de inmediato.
Jack: Está bien… puedes venir cuando quieras. Pero debes cumplir tu promesa.
Tobías: ¿La de no decirle a nadie?
Jack: Sí. De verdad es importante que nadie más lo sepa… por ahora.
Tobías: De acuerdo.
Iré a tu casa esta semana.
Hablamos luego, amigo… debo irme.
Jack: ¡Tobi…!
Tobías: ¿Sí?
Jack dudó unos segundos.
Jack: Emm… este… te quiero.
Del otro lado de la llamada hubo un pequeño silencio.
Tobías: Yo también te quiero, bicho raro… hablamos luego. Y no te lastimes con… eso.
Jack sonrió levemente.
Jack: Sí… está bien.
La llamada terminó.
Entonces, un grito de emoción mezclado con alivio escapó desde lo más profundo del corazón de Jack.
El joven salió corriendo hacia el jardín de su casa.
Reía, giraba y corría de un lado a otro sin poder contener su felicidad.
Para él no era una reacción exagerada.
Su mejor amigo seguía a su lado.
Y si Tobías podía aceptarlo incluso después de conocer su mayor secreto… entonces tal vez nunca estaría solo.
Jack continuó corriendo alegremente por el jardín.
Sin embargo, algo comenzó a ocurrir.
Una suave luz verdosa empezó a emanar desde su pecho.
Jack no lo notaba.
Sus ojos permanecían cerrados mientras seguía riendo de felicidad.
El resplandor aumentó poco a poco… hasta expandirse de golpe por todo el lugar, como una explosión silenciosa de energía.
La tierra comenzó a reaccionar.
El césped perfectamente podado empezó a crecer rápidamente.
Las flores parecían moverse al ritmo de las risas de Jack.
Nuevas plantas brotaban desde la tierra húmeda.
Plantas de todas las formas y tamaños crecían hasta desplegar hojas de colores tan vivos como un arcoíris.
Pero Jack, cegado por la emoción, no se daba cuenta de que su jardín se había convertido en la representación más hermosa de la naturaleza misma.
Finalmente dejó de correr.
Abrió los ojos… y quedó completamente inmóvil.
Frente a él se extendía un jardín mágico, lleno de vida, color y resplandor.
Jack no podía creer lo que veía.
Solo con la fuerza de su felicidad había logrado dar vida… y llenar de magia el lugar que más amaba de su hogar.