Tras despertar en el cuerpo de la villana condenada a muerte de su novela favorita, una mujer de la época moderna tiene una sola misión: ¡Sobrevivir! Para lograrlo, debe alejarse del imponente Héroe, el hombre destinado a matarla por amor a la protagonista original. Sin embargo, el destino tiene otros planes. Cada intento de huida termina en un encuentro desastroso que ella interpreta como una sentencia de muerte, mientras que él... empieza a ver en la "villana" algo que nunca esperó: un corazón que lo cautiva. Ella corre por su vida, pero él ya ha empezado la cacería... por su amor.
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Capitulo 10: Primer encuentro II
El silencio que siguió a la partida de Isabella fue absoluto, roto apenas por el crujir de las hojas bajo la brisa nocturna. Einar, el Emperador, permaneció inmóvil en el centro de su jardín privado, con la mano aún posada sobre la empuñadura de su espada, aunque su agarre se ha relajado por completo. Una media sonrisa, cargada de una extrañeza que él mismo no logra comprender, se dibujo en su rostro. Sus ojos oscuros, habituados a observar campos de batalla y cortes llenas de conspiraciones, siguen fijos en el pasillo por donde la desconocida ha desaparecido.
Nunca, en sus años de reinado, ha encontrado a nadie (ni noble, ni plebeyo, ni general) capaz de irrumpir en su refugio y salir ileso tras insultar su autoridad con tal descaro. La imagen de ella, con ese cabello cobrizo desordenado por la huida y el vestido esmeralda que se aferra a sus curvas con una elegancia tan natural que hace que las damas de la corte parezcan mujeres llenas de solo huesos, se nego a abandonar su mente. No es solo la belleza, que es innegable, sino la ferocidad de su miedo; un miedo que no es sumisión, sino un instinto puro de supervivencia que la hace vibrar. Sus senos, su rostro, la curva de su cuello… Einar reprimió un suspiro que amenaza con convertirse en una exhalación de deseo y curiosidad.
__Einar, he descubierto algo nuevo de ti: das más miedo sonriendo que cuando quieres matar a alguien o vas a una batalla__. La voz de Harald, su mano derecha y confidente, cortó el aire.
Einar no se volvió de inmediato. Escuchó los pasos pausados de Harald acercándose. Al girarse, permitió que su sonrisa se ensanchara un poco, una expresión contenida y sombría que, como bien notó su amigo, siempre precede a algún tipo de catástrofe. Harald sintió un escalofrío recorrerle la espalda; conoce esa mirada.
__Harald, amigo mío__. La voz de Einar es un murmullo peligroso.
__Quiero saber todo sobre la señorita Monfort. Su cabello la delata, y la información la quiero para ayer. Mientras tanto, voy a volver al baile. Hay una pequeña "puffin" que ha llamado mi atención y se ha escapado, por lo que he decidido que es hora de cazarla__. Harald pegó un brinco, incapaz de ocultar su sorpresa.
__¿Una pequeña puffin? ¿Te refieres a la mujer que acaba de salir corriendo como si el mismísimo infierno la persiguiera?__. Cuestionó, con los ojos muy abiertos.
__Einar, si es de la familia Monfort, sabes lo que implica…__.
__No me importa su linaje, Harald. Me importa lo que hay detrás de esos ojos__. Interrumpió el Emperador, dando media vuelta hacia la salida del jardín.
__Entonces debes entrar al salón donde se celebra el baile de presentación de señoritas nobles__. Insistió Harald, intentando poner algo de orden en la locura de su soberano.
__Ya cumpliste con el protocolo, diste el discurso de bienvenida y te retiraste. Si vuelves ahora, causarás un caos innecesario__. Einar se detuvo un instante, su perfil cortado contra la luz de la luna llena, luciendo como una estatua tallada en mármol oscuro. La decisión en sus ojos es absoluta.
__No me importa el protocolo. Hay algo, además de las batallas y el poder, que ha captado mi atención, y voy a descubrir qué es__. Sentenció, y comenzó a caminar con paso firme hacia el interior del palacio.
Harald, tras un breve momento de duda en el que evaluó si sería mejor fingir una dolencia estomacal repentina, suspiró con resignación y lo siguió. Sabe que, una vez que el Emperador fija su mirada en una presa, no hay fuerza humana capaz de detenerlo.
El salón de baile es un hervidero de chismes, abanicos que se mueven con ritmo frenético y miradas calculadoras. Isabella, que intenta disimular el hecho de que su cabeza da vueltas debido al licor (que, a todas luces, debe haber sido algún tipo de néctar prohibido por sus efectos), se encuentra cerca de una columna, tratando de parecer invisible. La "Isabella original" de la novela seguramente habría estado buscando atención, pero ella solo quiere un rincón oscuro, un poco de agua y, quizás, una pastilla para el dolor de cabeza(que en este mundo de novela no existen) que comienza a florecer.
__Trágate tierra, trágame tierra y mándame a una dimensión de héroes nórdicos con mi propio harem, ¡por favor!__. Murmura Isabella para sí misma, jugueteando con el borde de su copa.
__Nada de esto está pasando. Soy una alucinación colectiva__. De repente, la música de cuerda se volvió inaudible. Un silencio sepulcral, pesado y frío como una lápida, comenzó a extenderse por el salón como una ola. Los invitados, que instantes antes reían y bailaban, se apartan instintivamente hacia los costados, dejando un pasillo central despejado, libre de cualquier obstáculo humano. El aire se volvió denso, cargado de esa magia oscura que emana del hombre que acaba de cruzar las puertas.
Isabella sintió un escalofrío que no tiene nada que ver con el alcohol. Su instinto, el mismo que le había gritado que corriera en el jardín, se disparó con una alarma ensordecedora. No mires atrás. No mires atrás. Pero su cuerpo la traicionó. Giró la cabeza, y allí esta él. Einar camina entre la multitud como un depredador en medio de conejitos. Su mirada, oscura y penetrante, no se pierde en los lujos del salón ni en las jóvenes casaderas que intentan atraer su atención; su mirada esba fija, con una intensidad que pone los vellos de punta, directamente sobre ella.
Isabella sintió que las rodillas le flaquearon. "Me ha encontrado. El tipo que va a ejecutarme en la historia original me ha encontrado en medio de un baile de gala". Sus pensamientos se remolinean. ¿Podría fingir un desmayo? ¿Podría echarse a correr otra vez? No, el salón esta lleno de ojos, y el Emperador ya la tine en la mira. La gente que estaba cerca de ella, al notar el objetivo del Emperador, no dudó ni un segundo en dejarla sola, retirándose con una rapidez casi cómica, dejándola expuesta ante la imponente figura de Einar.
El Emperador se detuvo a pocos metros de distancia. Su altura es intimidante, sus hombros anchos bloquean la luz de las lámparas. Harald, caminando unos pasos detrás, parece observar la escena con una mezcla de diversión y terror profesional.
Einar no dijo nada al principio. Simplemente la observó, de arriba abajo, su mirada deteniéndose con una curiosidad casi descarada en su rostro, en su cabello cobrizo que brilla bajo las luces, y finalmente en sus ojos, donde el terror lucha contra una terquedad que le resulta fascinante. La luz de la luna, o quizás la de las lámparas, hace que la piel de Isabella luzca como porcelana fina, pero Einar notó la ligera mancha de rubor en sus mejillas, producto del licor que ha bebido.
__Nos volvemos a encontrar, pequeña puffin__. Soltó el Emperador. Su voz, grave y aterciopelada, brillo en el silencio absoluto del salón. El uso de aquel apodo ridículo, sumado al tono burlón con el que lo pronunció, hizo que la sangre de Isabella hirviera, eclipsando momentáneamente su miedo. ¿Puffin? ¿La esta llamando un ave marina torpe?.
__Majestad__. Logró articular ella, haciendo una reverencia forzada que resultó ser más una inclinación torpe de su cuerpo, debido a que el alcohol todavía le juega una mala pasada con el equilibrio.
__Qué... qué coincidencia. El palacio es, ciertamente, un lugar pequeño cuando uno se pierde, ¿verdad?__. Isabella sintió ganas de golpearse a sí misma. ¿Eso es lo mejor que puede decir? ¿"Es un lugar pequeño"?
El Emperador arqueó una ceja, una media sonrisa congelada en su rostro, un gesto que parece divertido pero que para cualquier observador es una sentencia de muerte. Dio un paso hacia adelante, invadiendo su espacio personal, y el aroma a sándalo, acero y algo que solo podría describir como "oscuridad" la envolvió por completo.
__No creo mucho en las coincidencias, señorita Monfort__. Dijo él, acortando la distancia hasta que ella pudo ver su propio reflejo en esos ojos oscuros como el vacío.
__Y tampoco creo que usted se haya perdido. Creo que usted tiene una habilidad particular para estar en los lugares donde no debe, y una audacia que, francamente, debería haberme hecho perder la paciencia hace ya varios minutos__. Isabella se sintió acorralada. Por un lado, la presión social de todos los nobles observando el espectáculo con los ojos desorbitados; por el otro, la presencia avasalladora de un hombre que, según el guion original de su vida, deberá ser su verdugo. Tragó saliva, intentando mantener la compostura.
__La audacia no es un crimen, Majestad__. Respondió ella, obligándose a mantenerle la mirada, aunque sus piernas tiemblan.
__A veces, es simplemente el resultado de estar en una situación donde uno no tiene nada que perder__. Einar soltó una carcajada seca, un sonido que erizó la piel de todos los presentes. No es una risa de burla, sino de genuino deleite. Extendió una mano, y por un segundo, Isabella pensó que la tomaría del cuello y se preparó para su posible muere; en su lugar, él rozó apenas el aire frente a su mejilla, como si estuviera contemplando tocarla, pero guardando una distancia calculada.
__Nada que perder...__. Repitió él, saboreando las palabras.
__Es una perspectiva interesante, señorita. Sin embargo, le aseguro que, en mi jardín, usted tiene mucho más en juego de lo que imagina__ Einar se inclinó ligeramente, bajando la voz lo suficiente para que solo ella pudiera escuchar, aunque el ambiente es tan tenso que probablemente hasta las paredes estan escuchando.
__Me ha dejado con una curiosidad insoportable, y eso es algo que no me gusta dejar sin resolver. Así que, dígame, pequeña puffin... ¿qué es lo que hace que una Monfort, que debería estar escondiéndose bajo el ala de su duque, se atreva a beber en mi jardín privado y a desafiar al Emperador en una misma noche?__. Isabella sintió que el peso del mundo cayo sobre sus hombros. Puede sentir el calor del alcohol disipándose por el miedo, dejando solo una claridad punzante en su mente. Esta atrapada. El villano, el hombre más poderoso del imperio, ha puesto su atención en ella, y ahora, no importa cuánto intente huir; el juego acaba de comenzar, y ella, para su desgracia, es la pieza principal del tablero.