Aún siento el frío del metal desgarrando mi piel y el dolor punzante en mi corazón; un dolor que no era por el acero, sino por algo más que aún no logro descifrar. En este limbo, donde no sé si estoy viva o muerta, mi único objetivo es salvar a mi hija y lograr que llegue a este mundo. Soy Amanda Leal, y esta es mi historia... una que apenas comienza con mi final.
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Capítulo XIII: Tentación
Punto de vista de Amanda
Finalmente habíamos regresado a nuestro país natal. No podía negar que estaba asustada, pero al mismo tiempo me ponía segura estar al lado de Andrés; él, a pesar de todo, no me había abandonado y durante todo este tiempo me enseñó a mantenerme firme y a mostrarme confiada ante los demás.
Al bajar del jet privado fuimos fotografiados por la prensa. Todo era parte del plan de Andrés para que Miguel se sintiera seguro y, al mismo tiempo, intrigado por mí, la enigmática esposa de Ferrer.
—Te ves hermosa —susurró Andrés a mi oído, rozando mi mejilla.
—Gracias —dije, sonriendo falsamente para las cámaras.
Caminamos hacia la camioneta blindada que nos llevaría a la que sería nuestra nueva casa. Sabía que todo esto solo era un show que Andrés había montado para los Maldonado y que yo, al final del día, solo era una pieza que él empezaría a mover a su antojo. En ese momento di gracias por no haber caído en sus redes la noche anterior, ya que cuando todo esto termine, estaba segura de que él me desechará de la misma forma en la que lo hizo Miguel.
—Estás muy pensativa —comentó Andrés, manteniendo su mirada fija en mí dentro del vehículo.
—Son ideas tuyas. Solo estoy observando la ciudad, viendo cómo todo ha cambiado —respondí, manteniendo la calma que últimamente me caracterizaba.
Después de unos veinte minutos llegamos a la mansión Ferrer, la misma donde pasé unos días ocultándome de los Maldonado hace cinco años.
Mía se había quedado dormida en los brazos de Andrés. Él la cargó con delicadeza y la llevó a la que sería su habitación; cabe destacar que este espacio era mucho mejor y más grande que el de la casa en Nueva York.
—La tienes muy consentida. Creo que deberías empezar a medir un poco los mimos —advertí, mirando a mi alrededor.
La habitación estaba decorada por completo en tonos rosados. Había muñecas y peluches acomodados en un estante enorme, y el piso estaba tapizado con una alfombra visiblemente costosa y cómoda para la protección de Mía. En el centro del cuarto destacaba un juego de té de porcelana fina y, por supuesto, no podía faltar la cama: era grande, digna de una princesa y con un dosel de gasa blanca que la hacía ver de ensueño.
Después de dejar a Mía dormida en su habitación, Andrés me condujo a la habitación principal.
—Esta será nuestra habitación —dijo mientras abría la puerta.
—Ok. ¿A esta también le mandaste a hacer la puerta que da a la otra habitación? —pregunté, entrando con fingida confianza.
Andrés cerró la puerta a mis espaldas y me acorraló contra la fría madera.
—Quiero que seamos un matrimonio real —susurró cerca de mi oído, haciendo que mi cuerpo entero se estremeciera.
—Esto no es parte del trato…
No pude terminar de hablar, ya que Andrés empezó a besarme. Esta vez fue más sutil, dejándome mi espacio pero sin darme tregua. En un movimiento audaz, pasó el seguro a la puerta y lentamente me condujo hasta la gran cama.
—Eres hermosa. No sabes cuánto te deseo, Amanda —escuchar mi verdadero nombre en su boca me hizo terminar de perder el control. Él sabía quién era yo y todo lo que había sufrido; sin embargo, algo muy en mi interior me gritaba que escapara, que él también terminaría haciéndome daño.
—Esto no puede suceder…
Andrés volvió a ahogar mis palabras con sus besos, apagando por completo la voz de la razón en mi cabeza. Sus manos recorriendo mi cuerpo me transportaron a aquella primera vez en la que nos entregamos; ese tiempo donde éramos unos jóvenes inexpertos pero llenos de amor el uno por el otro.
Ese tiempo donde éramos verdaderamente felices.
Sin embargo, alguien llamó a la puerta con insistencia, rompiendo la burbuja de fantasía en la que me había sumergido.
Los ojos de Andrés se inyectaron de furia por la interrupción. Por mi parte, volví a la cruda realidad de un golpe: lo quité de encima de mí y me levanté rápidamente. Corrí al baño y me encerré, viendo lo tonta que estaba siendo al mirarme en el reflejo del espejo.
Me lavé el rostro, que seguía encendido. Sin importar cuánta agua fría me echara, las mejillas se me volvían a sonrojar cada vez que recordaba sus besos recorriendo mi cuello y sus manos acariciando cada rincón de mi piel.
—¿Ahora qué voy a hacer? No puedo permitir que esto siga pasando —me regañé a mí misma frente al espejo.
Minutos después, escuché la puerta principal de la habitación cerrarse. Pensando que quizás Andrés se había ido, me armé de valor para salir de mi escondite.
—Sé fuerte, Amanda Leal. No te permitas caer en las redes de tu muy bien formado esposo —me dije, sintiendo todavía un fuego recorrer mi cuerpo—. Basta de tonterías, Amanda. Nuestra única misión es vengarnos de quienes intentaron acabar con la vida de mi hija y la mía. Saca esos pensamientos de tu mente.
Finalmente salí del baño, encontrándome sola en la gran habitación. Escaneé el lugar con la mirada y no había rastro de Andrés. Solo que en la mesa de noche descansaba un sobre muy elegante; lo tomé entre mis manos, dándome cuenta de que era la invitación a la tan mentada gala benéfica.
—Fui una tonta. Es obvio que Andrés solo me quiere para mostrarme ante los Maldonado como un trofeo —susurré para mí misma, sintiendo una punzada de amargura.
Dejé el sobre de nuevo en la mesa, busqué ropa cómoda en el armario para descansar y me metí en la cama, dispuesta a prepararme mentalmente para el día en que el pasado y el presente colisionarían.
Andrés debes hablarle más directo
te quiero te amo seamos una familia y un matrimonio real, necesita palabras más directas porque ella solo ve tu venganza y ella siendo una pieza 🤦🤦
ya va siendo hora 🫣🫣🫣
dos meses
que perro traidor 😡😡😡
espero que cuando te quites la venda de los ojos solo sea para ver la felicidad de Amanda