Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Arely 1
La oscuridad no desapareció de inmediato.
No hubo luz divina ni voces misteriosas.
Solo silencio.
Un silencio profundo y pesado que parecía envolver el alma de Elena mientras flotaba en algún lugar entre la conciencia y la nada.
Pero entonces comenzaron a aparecer imágenes.
Borrosas al principio.
Como recuerdos vistos a través del agua.
Una niña pequeña corriendo por enormes jardines cubiertos de flores blancas. Su risa era suave y elegante, impropia de una niña tan pequeña. Tenía un largo cabello oscuro que el viento movía delicadamente y unos ojos claros que brillaban como cristal bajo el sol.
Elena observó confundida.
[¿Quién es ella…?]
La escena cambió.
La misma niña, ahora un poco mayor, bordaba sentada junto a una ventana gigantesca mientras varias sirvientas la elogiaban.
—Lady Arely es realmente talentosa.
—Sus bordados parecen obras de arte.
La joven sonrió con timidez.
Otra imagen apareció.
Un muchacho idéntico a ella reía despreocupadamente mientras acomodaba su cabello oscuro hacia atrás. Tenía los mismos ojos claros, pero llenos de arrogancia y encanto.
Aaron Hoffman.
El hermano gemelo de Arely.
Elena sintió una extraña presión en el pecho cuando los recuerdos comenzaron a llegar más rápido.
Bailes.
Fiestas.
Joyas.
Vestidos caros.
Y Aaron siempre rodeado de mujeres.
Demasiadas mujeres.
Casadas.
Comprometidas.
Prometidas de hombres peligrosos.
Arely siempre lo regañaba.
—Aaron, algún día esto terminará mal.
Pero él solo reía.
—La vida sería aburrida si no tuviera riesgos.
La escena volvió a cambiar violentamente.
Sangre.
Gritos.
Un carruaje bajo la lluvia.
Aaron respirando con dificultad mientras la sangre manchaba su camisa.
Arely lloraba desesperadamente sosteniendo la mano de su hermano gemelo.
—No cierres los ojos… por favor…
Aaron sonrió débilmente.
—Lo siento, Arely…
Y después…
Nada.
Elena sintió un dolor tan intenso que casi creyó que era suyo.
El sufrimiento de Arely atravesaba cada recuerdo.
La joven quedó destruida tras la muerte de Aaron.
Porque él no solo era su hermano.
Era su otra mitad.
Su compañero desde el nacimiento.
La única persona que siempre había estado a su lado.
Y las tragedias no terminaron ahí.
El duque Hoffman, consumido por la ira y el orgullo, buscó vengar la muerte de su hijo.
Las imágenes se volvieron caóticas.
Espadas.
Discusiones.
Finalmente…
Un funeral.
Arely vestida completamente de negro frente a dos ataúdes.
Su padre y su hermano.
Los dos muertos.
Y ella completamente sola.
Elena observó todo con el corazón oprimido.
[Qué vida tan cruel…]
Entonces llegaron recuerdos diferentes.
Documentos.
Cuentas.
Hombres exigiendo pagos.
Socios retirando inversiones.
Sirvientes abandonando la mansión.
Arely no entendía nada de negocios.
Nunca había tenido necesidad.
Había crecido protegida, dedicada únicamente al bordado, la música y las reuniones sociales.
Todos siempre le dijeron que no necesitaba preocuparse por nada.
Porque los hombres Hoffman se encargarían de todo.
Hasta que dejaron de existir.
Y Arely quedó sola frente a un mundo que no sabía manejar.
Poco a poco perdió propiedades.
Tierras.
Dinero.
Prestigio.
La enorme casa Hoffman empezó a vaciarse lentamente como un cuerpo muriendo.
Y aun así…
Arely seguía bordando.
Como si fingir normalidad pudiera detener el desastre.
La última imagen fue especialmente dolorosa.
Arely sentada sola en una habitación enorme y fría, bordando en silencio mientras afuera caía nieve.
Sus ojos claros estaban vacíos.
Completamente vacíos.
Entonces Elena entendió algo.
Arely no había muerto todavía.
Pero estaba rota.
Tan rota que su alma parecía apagarse lentamente.
La oscuridad comenzó a temblar.
Los recuerdos se mezclaron violentamente.
Elena sintió náuseas.
Dolor.
Frío.
Y de pronto…
Abrió los ojos.
Respiró agitadamente.
El aire olía diferente.
A madera fina.
A rosas.
A incienso.
Parpadeó confundida mientras veía un techo enorme decorado con molduras doradas.
Su corazón empezó a latir con fuerza.
[¿Qué…?]
Se incorporó rápidamente.
Largos mechones de cabello oscuro cayeron sobre sus hombros.
Sus manos…
No eran sus manos.
Eran más delicadas.
Más pálidas.
Temblando, giró la cabeza hacia el espejo que estaba cerca de la cama.
Y se quedó inmóvil.
Una joven increíblemente hermosa la observaba desde el reflejo.
Cabello negro y largo como seda.
Piel clara.
Ojos plateados y brillantes.
Elena sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.
Porque conocía ese rostro.
Lo había visto en los recuerdos.
—…Arely Hoffman…
Su propia voz sonó distinta.
Más suave.
Más elegante.
Se levantó lentamente de la cama, completamente aturdida.
Y ella…
Ahora era Arely Hoffman.