Lois y Cristopher se conocieron a los catorce años, sin imaginar que ese primer encuentro cambiaría sus vidas para siempre. Años después, cuando por fin están juntos, personas muy cercanas harán todo lo posible por separarlos. Entre el amor, las traiciones y las decisiones más difíciles, descubrirán que algunos corazones jamás dejan de elegirse.
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5: El inicio de nosotros
Había algo en el aire entre Cristopher y yo que ya no se podía ignorar.
No era como al principio, cuando todo era simple y sin significado. Ahora cada conversación parecía tener algo más, aunque ninguno de los dos lo dijera. Era como si algo hubiera cambiado entre nosotros sin pedir permiso.
Cristopher seguía siendo el mismo.
Tranquilo, reservado, de pocas palabras. Pero ahora su presencia se sentía distinta en mis días, como si se hubiera vuelto parte de ellos sin esfuerzo.
Y yo… yo también había cambiado.
Empezaba a darme cuenta de cosas que antes pasaban desapercibidas.
La forma en que esperaba sus respuestas. La manera en que me quedaba pensando en lo que me decía. Incluso cómo me sentía cuando no hablábamos.
No era normal.
Pero tampoco sabía qué era.
Había momentos en los que una simple conversación con él podía cambiar todo mi día. Y otros en los que su silencio hacía que me preguntara dónde estaba o qué estaría haciendo.
Era confuso.
Porque no era algo que yo buscara.
Simplemente pasaba.
Cristopher no hacía nada exagerado. No intentaba impresionarme ni decir cosas grandes. Era más simple que eso. Estaba. Y su forma de estar empezaba a ser importante para mí.
Sin darme cuenta, empecé a buscarlo.
No de una forma obvia, sino en pequeños detalles. Un mensaje. Una respuesta. Una coincidencia que hacía que nuestros días se cruzaran otra vez.
Y cada vez que eso pasaba, algo dentro de mí se sentía extraño… pero bonito.
Había algo en él que me daba calma, incluso cuando yo no sabía cómo explicarlo.
Pero al mismo tiempo, había miedo.
Porque cuando alguien empieza a significar demasiado, también da miedo perderlo.
Cristopher no hablaba mucho de lo que sentía. Yo tampoco. Y eso hacía que todo fuera más confuso. Era como si los dos supiéramos que algo estaba cambiando, pero ninguno se atreviera a decirlo.
Y aun así… seguíamos ahí.
Cerca.
Sin alejarnos.
Sin acercarnos del todo tampoco.
Solo en ese punto intermedio donde las cosas empiezan a transformarse sin que uno lo entienda.
Había miradas que duraban un poco más de lo normal. Silencios que ya no incomodaban. Conversaciones que se alargaban sin necesidad.
Y sin darnos cuenta, empezamos a ocupar un lugar importante en la vida del otro.
No éramos amigos como antes.
Pero tampoco éramos algo definido.
Solo éramos dos personas que, sin saberlo, estaban empezando a crear algo nuevo entre ellos.
Algo que todavía no tenía nombre.
Algo que todavía no se decía en voz alta.
Pero que ya existía.
Y lo más extraño de todo… era que ninguno de los dos quería alejarse.
Porque sin entenderlo del todo, ahí estaba el inicio de nosotros.
Y aunque ninguno de los dos lo decía, había algo en el aire que se sentía distinto cada vez que estábamos cerca. Como si el tiempo se detuviera un poco más de lo normal cuando hablábamos, o como si el mundo se hiciera más silencioso cuando nuestras miradas se cruzaban.
No era amor todavía, pero ya no era solo amistad.
Era algo en el medio. Algo que crecía en silencio, sin permiso, sin explicación… pero con fuerza.
Y lo más confuso de todo era que, sin importar lo que pasara, siempre terminábamos volviendo el uno al otro.