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La Última Orden Para El Mafioso

La Última Orden Para El Mafioso

Status: Terminada
Genre:Madre soltera / Reencuentro / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:712
Nilai: 5
nombre de autor: Wan Marte

Mi última orden para mi marido mafioso fue que firmara los papeles del divorcio. Por fin dejé atrás mi obsesión por él, y ahora es libre para vivir con su verdadero amor… sin embargo, ahora es él quien me persigue.

Mi marido Gio no era más que un soldato, una herramienta para los trabajos sucios de la mafia de mi padre.
Pero yo estaba enamorada de él y lo perseguía durante años. Mi primera orden fue que firmara los papeles de nuestro matrimonio, y creía que lograría conquistarlo.

Pero en mi peor momento, el día de la muerte de mis padres, me abandonó para estar con la mujer que amaba. Esa fue la gota que colmó el vaso.

Le dejé los papeles del divorcio y me fui, decidida a criar sola al bebé que llevaba en mi vientre.

NovelToon tiene autorización de Wan Marte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Gio

Le prometí a Savanna no volver a ver a Mia, pero tuve que desobedecer sus órdenes e ir al hospital a acompañarla.

Tenía una deuda con ella, le prometí a su hermano que la cuidaría cuando él muriera por mi culpa.

Mia tenía un hermano, Cássio, él y yo nos conocimos en nuestro peor momento. Él también robaba, para poder cuidar de su hermana menor y yo para cuidar de mi madre.

Teníamos una historia en común, de tragedias y abandono.

Por eso nos unimos para cometer los robos.

Fue ahí que tomé una pésima decisión.

En la calle donde solíamos robar había una tienda de conveniencia y el dueño era un señor muy viejito.

Él no tenía empleados y cuidaba del establecimiento solo.

Yo pensé que sería fácil para nosotros, éramos jóvenes y estábamos en dos.

Pero no fue como imaginé, el señor tenía un arma y no dudó en dispararle a Cássio.

Esa era una culpa que voy a llevar a la tumba, yo no debería haber sido tan codicioso.

Cássio dejó a su hermana menor y para expiar mis pecados, empecé a cuidar de Mia.

Ella era como una hermana menor para mí, una persona que pasó por dificultades a mi lado.

Cuando me casé con Savanna y prometí no verla más, fue la primera vez que la dejé sola. Me sentí culpable, pero pensé que ella conseguiría desenvolverse bien sola, Mia era solo un poco mayor que Savanna, ya tenía edad suficiente para no necesitar supervisión constante.

Pero me equivoqué, me alejé de ella y ahora sufrió una violencia.

Me sentí culpable, había prometido protegerla.

Fui para el hospital y me quedé con ella, oyendo su llanto y sus acusaciones.

Ella estaba indignada por yo haberla dejado sola. Indignada por yo haber preferido a Savanna.

Savanna era mi esposa ahora, y además de todo, mi jefa. Yo podría intentar explicar mis motivos, pero sabía que aquel no era un buen momento.

Mi celular empezó a sonar sin parar, yo sabía, era Savanna.

— ¿Te vas? ¿Vas a dejarme por esa arpía en mi peor momento?

Mia gritó, descontrolada. Yo quería contestar, pero rechacé, pensé que podría atenderla en otro momento cuando Mia estuviera más calmada.

Mia sonrió al ver que le di preferencia a ella y eso fue una señal para mí de que ella se estaba recuperando.

— Gio, ¿agarras un poco de agua para mí?

Ella me pidió, con aquella mirada triste que me conmovía siempre.

Desordené sus cabellos y fui a buscar.

Me quedé con ella en el hospital todo el tiempo y Savanna no llamó más. Pensé que ella no estaba llamando por nada urgente y yo podría darle alguna excusa sobre estar en alguna misión para que ella se calmara.

Ya era tarde, cuando Mia finalmente durmió y yo resolví ir para casa.

Agarré el celular para verificar si Savanna no había llamado nuevamente y percibí que el aparato estaba apagado.

Fue Mia, a ella no le gustaba ni un poco Savanna y probablemente estaba celosa de ella.

Encendí el aparato y una avalancha de notificaciones y mensajes inundaron el aparato.

En aquel momento yo sabía, Savanna no estaba feliz.

Ya eran las dos de la mañana cuando llegué, pensé que la encontraría durmiendo y en la mañana siguiente yo podría pasar el día entero con ella hasta que ella se calmara.

En esos tres años, pocas veces la vi triste y cuando eso sucedía, luego ella volvía a su humor normal. Saltando, sonriendo, abrazándome y dándome órdenes bobas.

Pero esta vez, fue diferente. Ella me estaba esperando, sentada en el sofá. Ella era un desastre, ojos rojos, maquillaje corrido, cabellos desordenados y exhalando un olor a alcohol.

Ella siempre se esforzaba para parecer perfecta frente a mí y esta fue la primera que la vi descontrolada, la primera vez que ella me lanzó acusaciones y que dijo que estaba arrepentida.

Sentí una opresión en mi pecho. Ella estaba hace tantos años persiguiéndome y ahora, solo porque yo pasé el día con Mia, ¿ella se arrepintió?

¿Será que toda mi obediencia desde que nos casamos no vale nada?

Por el amor de Dios, Mia es como una hermana. Aquellos celos de ella eran irracionales.

Sin pensar mucho agarré su pulso, aquello no podía acabar así. Parte de mí decía que era un berrinche, que luego iba a pasar, pero parte de mí decía que era serio, Savanna nunca se descontroló así.

Ella nunca me había dicho que se sentía humillada por esforzarse por mí, que estaba cansada de amarme y no recibir nada a cambio.

Un lado mío decía que era drama, pero otro lado estaba tomando muy en serio esas palabras.

Ella estaba allí, bien frente a mí, luchando para soltarse. Sus ojos no tenían más aquel calor que ella me reservaba.

Yo la besé.

No fue algo pensado, fue un movimiento desesperado, algo dentro de mí quería aferrarse a ella y nunca soltar.

Cuando me alejé, nos miramos, asustados por lo que acaba de suceder.

Yo sabía, yo había sobrepasado el límite que yo mismo impuse. Ahora ella podría malinterpretar nuestra relación.

Pero era un camino sin retorno. Jódase lo que ella iba a pensar.

La besé nuevamente y me dejé llevar, sin controlarme. Dejé que mis instintos tomasen el control de mi cuerpo.

Yo quería.

Quería sentir el sabor de su boca, la textura suave de su piel, quería verla estremeciéndose en mis brazos.

Yo quería verla desnuda, cada pedazo de su cuerpo no escaparía de mis ojos, de mi toque y de mi boca.

Todo fue por puro instinto, deseo, nada calculado.

Cuando desperté por la mañana, estaba solo en la cama.

Fue extraño. Me acuerdo de siempre despertar y encontrarla mirándome.

Las sábanas estaban frías y vacías, si no fuera el olor de ella impregnado en todo a mi alrededor, las ropas por el suelo y el desorden en la cama, yo desconfiaría que todo lo que sucedió fue apenas un sueño.

Vestí un calzoncillo y un pantalón de buzo, después, bajé al piso de abajo.

Ella estaba allí, sentada tomando café. La mirada perdida en pensamientos que yo quería descubrir.

Usaba una bata de baño y una toalla enrollada en la cabeza. Su olor estaba enmascarado por el olor de jabón y aceite corporal. Era como si ella se hubiese esforzado para quitar su propio olor, o tal vez el mío.

No imaginé que la mañana sería así, pensé que ella me haría preguntas. Pensé que estaría sonriendo más de lo normal. Ella reclamó que tenía que esforzarse para que yo hiciese algo por ella, pero ella no se esforzó en la noche pasada. No tuvo órdenes, yo la quise, de verdad.

Pero Savanna mal me miró, ni dijo nada sobre querer servirme café o pasar mermelada en mi tostada.

Así que me senté, ella se levantó y se fue.

No la vi más en aquel día. Ella se quedó encerrada en el estudio de ella todo el día.

Pensé que sería apenas una fase difícil, que luego volvería a la normalidad, pero un silencio incómodo se instaló entre nosotros.

“Sin más órdenes.” Ella me dijo en la noche que peleamos. Pensé que no estaba hablando en serio, pero ya hacía casi un mes y aquel silencio me estaba enloqueciendo.

Ella se encerraba todos los días en el estudio y yo, para alejarme de la incomodidad de su silencio, empecé a agarrar más misiones en la mafia.

Nos estábamos alejando. Ella no me molestaba más.

Yo debería estar feliz, ¿no fue eso lo que yo siempre quise? Pero me sentía progresivamente más irritado.

Ya hacía casi un mes desde que nos alejamos, cuando mi teléfono sonó. Encendí la pantalla del aparato con una emoción inusual, pero esa emoción se esfumó en un segundo, así que yo vi el nombre en la pantalla. No era ella, era Mia.

— Ya te dije, no me llames. A Savanna no le gusta tu acercamiento.

— ¡Gio, ayúdame! Estoy desesperada. Descubrí que estoy embarazada.

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