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El Concierto Del Destino

El Concierto Del Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

Darly Mosquera es una mujer colombiana de 32 años que aprendió desde muy joven que la vida rara vez regala caminos fáciles.
Estudió cosmetología y estética, y gracias a años de esfuerzo, sacrificio y largas jornadas de trabajo logró construir el sueño que parecía imposible: abrir su propio spa en su ciudad natal. Sin embargo, el éxito profesional nunca logró llenar por completo los vacíos que llevaba en el corazón.
Mientras lucha cada día por cuidar a su madre, quien padece una enfermedad congénita que se ha agravado con el paso de los años, Darly intenta mantenerse fuerte y seguir adelante. Soñadora, noble y creyente del amor a la antigua, siempre imaginó una historia de amor sincera, de esas que duran para toda la vida.
Pero el destino tenía otros planes.
Después de una dolorosa separación ocurrida hace apenas cuatro meses, decidió cerrar las puertas de su corazón. Cansada de las decepciones, prometió no volver a enamorarse y dedicarse únicamente a disfrutar la vida sin compromisos

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Celos, Distancias y Sentimientos que No Mueren

Darly

A la mañana siguiente estaba profundamente dormida cuando el sonido insistente de mi celular logró despertarme.

Con los ojos medio cerrados busqué el teléfono sobre la mesa de noche.

Al ver la pantalla apareció una sonrisa involuntaria.

Era Leo.

Contesté mientras me acomodaba entre las sábanas.

📱—¿Aló?

📱—Buenos días, linda. ¿Cómo estás? ¿Te desperté?

Miré la hora rápidamente.

📱—Bien... sí, estaba dormida.

Escuché una pequeña risa al otro lado.

📱—Perdón, hermosa.

📱—No te preocupes.

Miré nuevamente la pantalla.

📱—Ya son las once. Mejor que me despertaste porque se me hizo tarde.

📱—¿Y cómo amaneciste?

📱—Bien. ¿Y tú?

📱—Muy bien... aunque pensando mucho en ti.

No supe qué responder.

Aquella clase de comentarios todavía me ponían nerviosa.

📱—¿Y madrugaste mucho?

📱—No tanto. Me levanté a las diez.

Guardó silencio unos segundos.

📱—Te llamaba para invitarte a almorzar y pasar la tarde juntos.

📱—¿Ah sí?

📱—Sí. ¿Qué dices?

📱—Me parece bien.

📱—Perfecto. Paso por ti a las doce.

📱—Está bien.

📱—Entonces ve a arreglarte.

📱—Eso haré.

📱—Nos vemos ahora, linda.

📱—Nos vemos.

📱—Un beso.

Sonreí sin querer.

📱—Chao, Leo.

Colgué la llamada y me quedé mirando el techo unos segundos.

No podía negar que me agradaba.

Era atento.

Respetuoso.

Y hacía mucho tiempo que nadie me dedicaba tiempo de esa manera.

Finalmente me levanté.

Tomé una ducha relajante y me arreglé con calma.

Cuando terminé, escuché nuevamente mi celular.

Era Leo avisándome que ya estaba abajo.

Tomé mi bolso y bajé.

Al salir del edificio lo vi esperándome junto a la puerta del copiloto.

Llevaba una camisa clara que resaltaba sus ojos y una sonrisa que parecía permanente.

—Hola, Leo.

Me acerqué y lo saludé con un beso en la mejilla.

—Hola, princesa.

Su mirada recorrió mi atuendo.

—Te ves hermosa.

—Gracias.

Sonreí.

—Tú también te ves muy bien.

Leo abrió la puerta para mí.

—Después de usted.

—Gracias.

Una vez dentro del vehículo, él rodeó el carro y ocupó su asiento.

—¿Lista?

—Lista.

—Entonces vamos.

—¿A dónde?

—A un lugar muy especial.

—Eso suena misterioso.

—Es un mirador frente al aeropuerto.

—¡Ah! He escuchado hablar de él.

—Pues hoy lo conocerás.

Durante el trayecto conversamos sobre Bucaramanga, sobre mi adaptación a la ciudad y sobre algunos lugares que todavía no conocía.

El tiempo pasó rápido.

Cuando llegamos quedé impresionada.

La vista era espectacular.

Desde allí podía verse gran parte de la ciudad.

Las montañas.

Las luces.

Y el movimiento constante de los aviones.

—Es hermoso.

—Te dije que te iba a gustar.

Tomé mi celular y empecé a fotografiar todo.

Leo se limitó a observarme con una sonrisa.

Nos asignaron una mesa cerca del borde del mirador.

La vista era perfecta.

Pedimos el almuerzo y seguimos conversando.

Cada vez me sentía más cómoda con él.

No intentaba impresionarme.

Simplemente era él mismo.

Y eso me gustaba.

Durante la conversación surgió inevitablemente el tema de mi relación pasada.

Leo escuchó atentamente mientras le contaba algunas cosas que había vivido.

No me interrumpió.

No juzgó.

Simplemente escuchó.

Después me habló de sus propias experiencias.

Algunas divertidas.

Otras dolorosas.

Y otras que demostraban claramente que había tenido una vida bastante movida antes de pensar en algo serio.

—¿Y después de tu ex? —preguntó de repente—. ¿No ha habido nadie más?

La pregunta me tomó por sorpresa.

Automáticamente apareció un nombre en mi cabeza.

Santiago.

Sentí un pequeño nudo en el pecho.

—Sí...

Leo me observó.

—Lo hay, ¿verdad?

Sonreí con tristeza.

—Digamos que sí.

—Entonces tu corazón sí está ocupado.

—Quizá.

—¿Y por qué no están juntos?

Miré hacia el horizonte.

—Porque es imposible.

Leo guardó silencio.

—¿Lo amas?

Suspiré.

—No lo sé.

Pero ambos sabíamos que era mentira.

—¿Y él?

—Tiene una vida complicada.

—Entiendo.

—Además, hace más de un mes que no sé nada de él.

Leo asintió lentamente.

—A veces las personas llegan a nuestra vida por una razón.

—¿Y otras veces?

—Por una lección.

Lo miré.

—¿Y cómo saber cuál de las dos es?

—Con tiempo.

No pude evitar sonreír.

—Siempre tienes respuesta para todo.

—No para todo.

—Casi.

Seguimos hablando hasta terminar el almuerzo.

Después recorrimos el lugar.

Tomamos fotografías.

Reímos.

Posamos en distintos rincones.

Algunas fotos juntos terminaron en mis redes sociales.

Sin imaginar el efecto que provocarían.

La tarde pasó entre conversaciones, risas y una tranquilidad que hacía mucho no sentía.

Cuando llegó el atardecer, ambos nos quedamos observando el cielo teñirse de tonos naranjas y dorados.

Por un momento nadie habló.

Simplemente disfrutamos del paisaje.

Y de la compañía.

Más tarde cenamos allí mismo.

Cuando el reloj marcó las nueve de la noche, emprendimos el regreso.

Al llegar a mi edificio, Leo estacionó y apagó el motor.

—La pasé muy bien hoy.

—Yo también.

—Espero que podamos repetirlo.

—Claro que sí.

Sonrió satisfecho.

Nos despedimos y entré al edificio.

Al llegar al apartamento descubrí que Mía tampoco estaba.

Seguramente había decidido quedarse con Cristian.

Después de una ducha relajante me puse ropa cómoda y me acosté.

Pensé que dormiría enseguida.

Pero estaba equivocada.

Porque otra persona ocupaba mis pensamientos.

Y no era Leo.

Santiago

Desperté de mal humor.

Otra vez.

No había logrado sacar a Darly de mi cabeza.

Ni por un segundo.

Intenté concentrarme en el trabajo.

En los ensayos.

En los conciertos.

Pero todo parecía inútil.

Cada vez que cerraba los ojos aparecía ella.

Y peor aún...

Aparecía acompañada de ese hombre.

Durante la tarde revisé las redes sociales.

Error.

Grave error.

Lo primero que vi fueron nuevas fotografías.

Darly sonriendo.

Darly en el mirador.

Darly disfrutando del día.

Y luego...

Darly con él.

Otra vez.

Sentí cómo mi mandíbula se tensaba.

¿Quién era?

¿De dónde había salido?

¿Por qué estaba tan cerca de ella?

Intenté convencerme de que no tenía derecho a sentir celos.

Pero mi corazón parecía ignorar cualquier argumento lógico.

Cada fotografía me afectaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Pasé horas luchando contra las ganas de llamarla.

Hasta que finalmente no resistí más.

Esa noche, antes del concierto, encontré un momento a solas dentro del bus de la gira.

Miré la hora.

10:30 p.m.

Respiré profundo.

Y marqué su número.

Cuando apareció su rostro en la pantalla sentí algo extraño dentro del pecho.

Alivio.

📱—Hola.

Su voz sonó tranquila.

📱—Hola.

Por unos segundos simplemente la observé.

Se veía hermosa.

Más hermosa de lo que recordaba.

📱—¿Cómo estás?

📱—Bien.

📱—Yo... te he extrañado mucho.

Ella permaneció en silencio.

Y ese silencio dolió más de lo que esperaba.

📱—¿Y a qué se debe tu llamada?

Su tono era amable.

Pero distante.

📱—¿Te molesta que te llame?

📱—No.

📱—Entonces...

📱—Solo me sorprendió.

Tomé aire.

📱—No ha sido fácil dejar de hablar contigo.

Ella bajó la mirada.

📱—Era lo que habíamos acordado.

📱—Lo sé.

Y lo odiaba.

📱—Te he visto muy acompañada últimamente.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos.

📱—Yo podría decir exactamente lo mismo de ti.

No supe qué responder.

Porque tenía razón.

📱—Darly...

📱—Santiago.

📱—No he dejado de pensar en ti.

La sinceridad escapó antes de poder detenerla.

Ella cerró los ojos unos segundos.

📱—No digas eso.

📱—Es verdad.

📱—No cambia nada.

Otra verdad dolorosa.

📱—¿Quién es ese hombre?

Ella suspiró.

📱—Un amigo.

📱—Parece más que un amigo.

📱—Si fuera algo más, te lo diría.

Me quedé callado.

📱—Soy libre, Santiago.

Y esas palabras golpearon directo donde más dolían.

Porque tenía razón.

Ella era libre.

Yo no.

📱—Me pone mal verte con alguien más.

📱—No deberías sentir eso.

📱—Pero lo siento.

📱—Y yo no puedo hacer nada al respecto.

El silencio volvió a instalarse entre nosotros.

Uno largo.

Pesado.

Doloroso.

📱—Será mejor que sigamos adelante.

Sus palabras fueron suaves.

Pero definitivas.

📱—Buenas noches, Santiago.

Y la llamada terminó.

Me quedé mirando la pantalla apagada durante varios segundos.

Con una sensación extraña en el pecho.

Porque por primera vez entendí algo que había intentado ignorar durante meses.

No eran simples celos.

No era costumbre.

No era capricho.

Me estaba enamorando.

Y quizás ya era demasiado tarde.

1
Elena Rodriguez Welman
Hermosa historia de amor. Felicitaciones escritora
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