Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.
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La hermana que todos olvidaron
El cristal roto seguía cayendo lentamente desde la mano de Alexander Vega.
La sangre descendía entre sus dedos mezclándose con el whisky derramado sobre el suelo oscuro de la oficina.
Pero él ni siquiera lo notó.
Porque había algo mucho peor ocupando completamente su mente.
“La persona que debía morir aquella noche… era otra completamente distinta.”
Leon permanecía inmóvil frente a él.
Claramente arrepentido de haber dicho demasiado.
Alexander levantó lentamente la mirada.
Y la expresión en sus ojos hizo que Leon sintiera un escalofrío inmediato.
Porque conocía perfectamente esa mirada.
Era la misma que Alexander tenía segundos antes de destruir a alguien.
—¿Quién más sabe esto? —preguntó Alexander con voz baja.
Demasiado baja.
Leon tragó saliva.
—No muchos.
—No fue lo que pregunté.
Silencio.
La tensión dentro de la oficina comenzó a volverse insoportable.
Finalmente Leon respondió.
—Marco.
La mandíbula de Alexander se endureció violentamente.
Claro.
Tenía que ser Marco.
Siempre Marco.
Ese maldito hombre llevaba años enterrado…
y aun así seguía encontrando formas de destruir todo.
Alexander caminó lentamente hacia el ventanal mientras intentaba controlar la rabia.
La ciudad brillaba bajo la tormenta.
Lejana.
Fría.
Pero él apenas podía verla.
Porque estaba recordando aquella noche otra vez.
La llamada.
La carretera.
El automóvil ardiendo.
Y Isabella gritando.
Alexander cerró los ojos un instante.
A veces todavía podía escuchar esos gritos.
Y eso era precisamente lo que más odiaba.
Porque lo hacían sentir culpable.
Algo que rara vez ocurría.
—Encuentra a Emma antes que Marco —ordenó finalmente.
Leon dudó apenas un segundo.
—¿Y Gabriel?
Alexander permaneció en silencio.
Y eso bastó para preocupar todavía más a Leon.
Porque cuando Alexander callaba así…
era porque estaba pensando cosas peligrosas.
Muy peligrosas.
—Gabriel no debía involucrarse en esto —murmuró Alexander.
—Pero ya lo hizo.
Silencio.
Alexander volvió lentamente la mirada hacia Leon.
—Entonces asegúrate de que no siga investigando.
Leon entendió perfectamente lo que eso significaba.
Y por primera vez en mucho tiempo…
no estuvo seguro de querer obedecer.
Gabriel Morel permanecía sentado frente a Emma Sinclair mientras intentaba procesar toda la información.
La lluvia seguía golpeando las ventanas del apartamento.
Pero el verdadero caos estaba dentro de su cabeza.
Isabella seguía viva.
Alexander ocultaba secretos criminales.
Emma le fue infiel a su hermana.
Y ahora acababa de descubrir que Isabella posiblemente estaba marcada para morir.
Todo comenzaba a sentirse enfermizo.
Gabriel observó fijamente a Emma.
—Necesito saber algo.
Ella levantó lentamente la mirada.
Agotada.
Vacía.
—¿Qué cosa?
Gabriel dudó unos segundos antes de preguntar.
Porque una parte de él ya temía la respuesta.
—¿Quién era la mujer del automóvil?
Emma dejó de respirar por un instante.
Pequeño.
Pero suficiente.
Gabriel lo notó inmediatamente.
—Tú sabes quién era.
Emma comenzó a temblar ligeramente.
—Gabriel…
—Dímelo.
Las lágrimas volvieron a aparecer lentamente en los ojos de Emma.
Y aquello confirmó algo importante:
ella conocía toda esa parte desde el principio.
—La organización quería matar a alguien relacionado contigo y con Isabella —susurró finalmente.
Gabriel sintió un frío inmediato recorrerle el cuerpo.
—¿Qué significa eso?
Emma bajó la mirada.
Como si decirlo en voz alta pudiera destruirla completamente.
—Mi hermana.
El silencio explotó dentro del apartamento.
Gabriel frunció el ceño.
—¿Tu hermana?
Emma asintió lentamente.
—Evelyn Sinclair.
El nombre provocó algo inmediato dentro de Gabriel.
Un recuerdo.
Difuso.
Lejano.
Una fiesta elegante años atrás.
Dos mujeres idénticas caminando juntas.
Emma… y otra chica igual a ella.
Pero completamente distinta al mismo tiempo.
Más rebelde.
Más atrevida.
Gabriel abrió lentamente los ojos.
—La gemela.
Emma comenzó a llorar.
—Nadie sabía que seguíamos en contacto.
Gabriel sintió tensión inmediata en el pecho.
Porque todo empezaba a conectarse demasiado rápido.
—¿Por qué querían matarla?
Emma tardó varios segundos en responder.
Y cuando finalmente habló…
su voz salió rota.
—Porque Evelyn robó información de la organización.
El corazón de Gabriel comenzó a acelerarse violentamente.
—¿Qué clase de información?
Emma levantó lentamente la mirada.
Y el miedo en sus ojos era completamente real.
—Nombres. Cuentas. Personas involucradas en asesinatos y desapariciones.
El ambiente dentro del apartamento se volvió helado.
Gabriel retrocedió lentamente.
Ahora entendía.
Evelyn no era una víctima accidental.
Era el verdadero objetivo.
Emma se cubrió el rostro con ambas manos.
—Ella intentó escapar.
—¿Y Alexander?
Emma respiró profundamente.
—Alexander quería sacarla del país antes de que la encontraran.
Gabriel frunció inmediatamente el ceño.
Eso no encajaba.
—Entonces ¿por qué fingieron la muerte de Isabella?
Emma levantó la mirada llena de culpa.
Y aquello hizo que Gabriel sintiera un mal presentimiento.
—Porque cuando ocurrió el accidente… ya era demasiado tarde.
Silencio.
Emma continuó hablando entre lágrimas.
—Evelyn estaba muriendo dentro del automóvil.
Gabriel sintió un escalofrío brutal.
—Isabella intentó ayudarla.
—Sí.
Emma comenzó a quebrarse completamente.
—Pero alguien venía siguiéndolas.
El corazón de Gabriel golpeó con fuerza.
—¿Quién?
Emma negó lentamente.
—No lo sé. Pero Alexander llegó antes de que encontraran el auto.
Gabriel abrió lentamente los ojos.
Ahora entendía por qué el ataúd estuvo cerrado.
Por qué no hubo fotografías claras.
Por qué Alexander controló todo desde el inicio.
Emma volvió a hablar.
Y esta vez…
sus palabras hicieron que el ambiente se volviera todavía más oscuro.
—Alexander vio una oportunidad.
Silencio.
—¿Qué oportunidad?
Emma tragó saliva.
—Hacer que Isabella desapareciera antes de que la organización terminara el trabajo.
Gabriel sintió un vacío horrible en el estómago.
Porque aquello era enfermizo.
Alexander fingió la muerte de su propia esposa para ocultarla del mundo.
Y quizás…
también para mantenerla bajo su control.
El automóvil avanzaba lentamente por una carretera oscura mientras Isabella permanecía completamente en silencio.
La revelación sobre Evelyn Sinclair seguía destruyéndola por dentro.
Emma tenía una hermana gemela.
Y ella murió dentro del automóvil.
No Isabella.
Las lágrimas seguían bajando lentamente por su rostro.
Porque ahora recordaba más cosas.
Muchísimas más.
Evelyn sangrando.
Evelyn suplicándole que condujera más rápido.
Y después…
el sonido de otro vehículo acercándose detrás de ellas.
Isabella cerró los ojos con fuerza.
—Nos perseguían…
Dante desvió apenas la mirada hacia ella.
—Sí.
—¿Quiénes eran?
Dante guardó silencio.
Eso comenzó a desesperarla.
—¡Dante!
—Personas para las que es mejor no tener nombre.
Aquella respuesta solo empeoró todo.
Isabella respiró agitadamente.
Porque otra pregunta horrible comenzaba a formarse dentro de su cabeza.
—¿Alexander trabaja para ellos?
Dante tardó demasiado en responder.
Demasiado.
Y eso bastó.
—Dios mío…
Dante apretó ligeramente las manos contra el volante.
—Alexander intentó salir hace años.
—¿Salir de qué exactamente?
Silencio.
La lluvia comenzó a caer todavía más fuerte.
Finalmente Dante habló.
—Hay hombres que construyen poder haciendo negocios.
Isabella permaneció inmóvil.
—Y otros que construyen poder enterrando personas.
El miedo explotó completamente dentro de ella.
Porque la manera en que Dante habló…
sonó demasiado real.
Demasiado cercana.
Entonces el teléfono de Dante comenzó a sonar.
Él observó la pantalla.
Y algo cambió inmediatamente en su expresión.
Tensión.
Peligro.
Isabella lo notó al instante.
—¿Qué ocurre?
Dante respondió la llamada sin apartar la vista del camino.
—Habla.
La voz masculina al otro lado sonó distorsionada.
Pero Isabella logró escuchar claramente una frase.
“Encontraron a Gabriel.”
Dante frunció el ceño.
—¿Dónde?
La respuesta hizo que el rostro de Dante se endureciera completamente.
Isabella sintió miedo inmediato.
Porque acababa de entender algo horrible.
Gabriel ya estaba dentro del juego.
Y las personas que perseguían a Evelyn…
acababan de encontrar también al hermano de Isabella.