Ana Beltrán llegó a Moscú con una valija rota y un solo objetivo: un mejor futuro lejos de casa. Para lograrlo, se esconde. Ropa 3 talles más grande, lentes gigantes, rodete tirante. Se vuelve invisible.
Consigue trabajo como asistente del CEO de _Volkov Industries_: Dmitri Volkov. Arrogante, mujeriego, playboy. Un hombre que odia las distracciones y solo contrata mujeres "feas" para que no lo molesten.
Él no sabe su apellido. Ella no quiere que la vea.
Hasta que una gala lo obliga a romper las reglas. Sin lentes, sin el saco gris, Ana deja de ser "Asistente B" y se vuelve imposible de ignorar.
Ahora Dmitri no puede dejar de mirarla... y odia no entender por qué. Ella sigue luchando por su futuro. Él, por primera vez, está perdiendo el control.
Una historia de orgullo, máscaras y de dos personas que tienen que decidir si vale la pena arriesgarlo todo por ser vistos de verdad.
NovelToon tiene autorización de Pamela Calcumil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 21 PARA SIEMPRE
*Seis meses después. Viernes. 6:30 PM. Casa Beltrán-Volkov.*
La casa olía a pizza y a pintura fresca.
Masha tenía las manos moradas.
—¡Miré, mamá! ¡Pinté mi cuarto yo sola!
Ana se agachó. —Quedó perfecto, amor. Aunque las manos no tanto.
Dmitri entró con bolsas. —Llegó la pizza. Y... esto.
Sacó un marco. Foto nueva. Los tres. En el jardín. Sin trajes. Sin lentes. Riendo.
Ana se quedó mirándola.
—Hace seis meses yo era gris —dijo bajito—. Y ahora esto.
Dmitri le rodeó los hombros.
—Hace seis meses yo era piedra —dijo—. Y ahora esto.
Masha pegó la foto en la heladera con un imán de estrella.
—Para siempre —dijo la nena.
*Sábado. 11:00 AM. Piso 48. Volkov Industries.*
El cartel cambió otra vez.
`ANA BELTRÁN - CEO`
`DMITRI VOLKOV - SOCIO`
Ya no “asesor”. Socio. 49%. Porque ella se lo dio. Porque él no quería más.
Irina entró sin tocar.
—Beltrán —dijo—. Tenemos un problema. Y una oportunidad.
Ana levantó la vista. —¿Cuál primero?
—El problema —dijo Irina—. Orlov quiere recomprar. Ofrece el doble.
Dmitri cruzó los brazos.
—¿Y la oportunidad?
—Abrir sucursal en Mar del Plata —dijo Irina—. Tu ciudad.
Ana se quedó quieta.
Mar del Plata. Donde creció. Donde su mamá limpiaba oficinas.
—El problema no es problema —dijo ella—. Le decimos que no a Orlov.
—¿Y la oportunidad? —preguntó Dmitri.
—La tomamos —dijo Ana—. Abrimos en Mar del Plata. Y yo me encargo.
Dmitri frunció el ceño.
—¿Irte tres meses?
—No irme —dijo ella—. Irnos. Los tres.
*Lunes. Mar del Plata. Oficina nueva.*
Vista al mar. Más chica que el piso 48. Más ruidosa. Más real.
Ana al frente. Sin saco. Remera azul. Pelo al viento por la ventana.
Dmitri al lado. Remera negra. Sin corbata nunca más.
Masha en un escritorio chico, “ayudando”.
—Bienvenidos a Volkov Sur —dijo Ana—. Mi casa.
Aplaudieron. Doce personas nuevas.
*Martes. Noche. Departamento frente al mar.*
Cena. Mate. Silencio.
—Te veo distinta acá —dijo Dmitri.
—Soy distinta acá —dijo ella—. Acá no fui Asistente B. Acá fui Ana desde el día uno.
Se acercó a la ventana. El mar.
—Mi mamá trabajaba dos cuadras —dijo—. Limpiaba un edificio como este.
Dmitri se paró detrás de ella.
—¿Y ahora?
—Ahora yo soy la que firma los contratos —dijo ella—. Y tú eres el que lava los platos.
Él se rió. —Trato hecho.
*Miércoles. Playa.*
Masha con balde. Dmitri con una toalla. Ana con los pies en el agua.
Sin lentes. Sin reloj. Sin empresa en la cabeza.
—Esto es más —dijo ella.
—Esto es para siempre —dijo él.
*Viernes. 8:00 PM.*
Ana no llegaba.
Dmitri la llamó.
—Beltrán. ¿Dónde estás?
—En el muelle —dijo ella—. Ven solo.
Él fue.
Ana estaba sentada. Pies colgando. Sin zapatos.
—Dmitri —dijo sin girarse—. Te amo.
Él se quedó parado.
—Lo sé —dijo—. Yo a ti. Hace seis meses.
—Entonces —dijo ella. Se giró—. Cásate conmigo.
Dmitri parpadeó.
—¿Qué?
—Cásate conmigo —dijo ella—. No porque tengas que. Porque quiero. Porque para siempre no me alcanza con convivir. Lo quiero en papel.
Dmitri se arrodilló en el muelle. Mojado. Sin anillo.
—Sí —dijo—. Sí, Ana. Sí para siempre.
La besó. Salado por el mar.
*Sábado. Casa.*
Masha gritó cuando se enteró.
—¡Boda! ¡Boda! ¡Quiero ser dama de honor!
—Lo eres —dijo Ana, riendo.
Dmitri la miró.
—Sin traje —dijo él—. Sin iglesia llena. Solo nosotros. Acá.
—Sí —dijo ella—. Solo nosotros.
*Un mes después. Viernes. Atardecer. Playa.*
Doce personas. Irina. Katya. Equipo de Mar del Plata.
Ana vestida de blanco. Simple. Sin velo. Pelo suelto.
Dmitri de camisa blanca. Pantalón beige. Sin corbata. Nunca más.
Masha con flores.
—Los declaro marido y mujer —dijo Irina. Porque era abogada. Y amiga.
Se besaron.
Todos aplaudieron.
*Noche. Casa.*
Baile en el living. Sin música. Solo ellos.
—Sra. Volkov —dijo él en su oído.
—Sr. Volkov —dijo ella—. Me gusta.
—Para siempre —dijo él.
—Para siempre —dijo ella.
*Un año después. Piso 48. Buenos Aires.*
Ana entró.
CEO. Pantalón negro. Camisa. Pelo suelto. Sin lentes. Barriga chica.
Dmitri entró.
Socio. Una mano en su espalda.
—Buenos días —dijo ella.
—Buenos días —dijo él.
Irina gritó: —¡Está embarazada!
Todos aplaudieron.
Masha entró corriendo de vacaciones.
—¡Voy a ser hermana mayor!
Ana se apoyó en Dmitri.
—Tenía miedo —dijo bajito—. De que esto se acabara.
Él le besó la frente.
—Para siempre no se acaba —dijo—. Empieza.
*Nueve meses después. Hospital.*
Llanto de bebé.
—Es una nena —dijo la doctora—.
Ana, agotada, la sostuvo.
—Luz —dijo—. Se llama Luz.
Dmitri lloró. Sin vergüenza.
—Luz —dijo—. Porque llegaste y nos encendiste a todos.
Masha, de 9 años, miró a su hermanita.
—Hola, Luz —dijo—. Te voy a cuidar. Para siempre.
*Noche. Casa.*
Los cuatro.
Ana amamantando. Dmitri con Masha en falda.
Silencio. Perfecto.
—Hace dos años —dijo Ana—. Yo era gris. Invisible.
—Hace dos años —dijo Dmitri—. Yo era piedra. Solo.
La miró.
—Ahora somos esto —dijo—. Familia.
—Para siempre —dijo Masha, dormida.
Ana sonrió.
—Para siempre —dijo.
*Fin*