Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Cumpleaños
El día del primer cumpleaños de Ellie y Eric finalmente llegó.
Desde muy temprano la mansión Montagu estaba llena de movimiento.
Pero, a diferencia de otras ocasiones...
No había tensión.
Solo ilusión.
Harriet caminaba de un lado a otro revisando cada detalle.
—¿Las galletas?
—¡Listas!
—¿Los pequeños pasteles?
—¡Listos!
—¿Las mantas para el jardín?
—¡También!
Mary sonrió.
—Mil ady lleva despierta desde antes del amanecer.
Harriet levantó un dedo.
—Una fiesta perfecta no se organiza sola.
El jardín era precioso.
Harriet había insistido en que todo estuviera lleno de flores.
Muchas flores.
Muchísimas flores.
Edward había aceptado.
Aunque...
Con una condición.
—No podemos cortar tantas.
Harriet cruzó los brazos.
—Entonces...
Hizo una sonrisa traviesa.
—Haga más.
Edward suspiró resignado.
Y terminó utilizando su magia.
Del césped comenzaron a brotar flores de todos los tamaños.
Rosas.
Margaritas.
Lirios.
Pequeñas flores silvestres.
El jardín parecía un cuento.
Pero lo más adorable...
Era quiénes estaban "ayudando".
Edward llevaba a Eric en brazos.
Harriet sostenía a Ellie.
Cada vez que Edward utilizaba magia...
Los dos pequeños levantaban las manitos al mismo tiempo.
Como si ellos fueran quienes estuvieran creando las flores.
—¡Aaah!
Eric agitaba los brazos.
Una nueva flor aparecía.
Ellie comenzaba a reír convencida de que también era obra suya.
Harriet soltó una carcajada.
—¡Míralos!
Edward observó a los pequeños.
También sonrió.
—Todavía no pueden usar magia.
Harriet levantó la vista.
—¿Cuándo despierta?
—Alrededor de los catorce años.
Ella abrió un poco los ojos.
—¿Tan tarde?
Edward asintió.
—Hasta entonces solo acumulan energía mágica.
Harriet volvió a mirar a los niños.
Ellie seguía moviendo las manos con entusiasmo.
Eric parecía completamente orgulloso de cada nueva flor.
Harriet sonrió con muchísima ternura.
—Lo sé...
Su voz fue muy suave.
—Pero ahora mismo...
Miró nuevamente al duque.
—...se ven tan felices.
Edward también volvió la vista hacia ellos.
Y comprendió exactamente a qué se refería.
No importaba quién estuviera creando las flores.
Lo importante era que los pequeños creían formar parte de aquella magia.
Y sus risas llenaban todo el jardín.
La pequeña celebración fue mucho mejor de lo que Edward había imaginado.
No hubo grandes nobles.
Ni interminables discursos.
Solo las personas importantes para aquella familia.
El mayordomo.
Mary.
Las niñeras.
Algunos sirvientes muy cercanos.
Y ellos cuatro.
Harriet había preparado una mesa llena de pequeñas galletas con formas de animales.
Pasteles decorados con frutas.
Pan recién horneado.
Jugos.
Y muchas cosas pensadas especialmente para los niños.
Eric aplaudía cada vez que alguien le sonreía.
Ellie iba de un lado a otro intentando tocar todas las flores.
Edward observaba la escena.
[Pensando...]
[Esto...]
[No se parece en nada al cumpleaños que imaginé.]
Era mucho más cálido.
Mucho más feliz.
Y gran parte de aquello...
Era gracias a Harriet.
Sin embargo...
Había algo más.
Algo que el duque comenzó a notar durante toda la fiesta.
Harriet...
Cada vez acortaba más las distancias.
No parecía hacerlo conscientemente.
Simplemente...
Lo hacía.
En un momento...
Lo abrazó por detrás para mostrarle cómo Eric intentaba esconder una galleta dentro de un florero.
—¡Mira!
Edward apenas alcanzó a girar la cabeza.
—¿Cómo...?
Harriet ya estaba riéndose.
Un rato después...
Lo tomó suavemente de la mano.
—Ven.
Él la siguió sin pensar.
—Quiero mostrarte algo.
Solo eran unos pasos.
Cuando llegaron...
Ella soltó inmediatamente su mano.
Como si aquello hubiera sido la cosa más natural del mundo.
Edward permaneció unos segundos mirando su propia mano.
[Me tomó de la mano.]
Más tarde...
Mientras conversaban con el mayordomo...
Harriet se quedó observándolo unos segundos.
Frunció un poco el ceño.
Edward la miró.
—¿Qué ocurre?
Ella dio un paso adelante.
Levantó ambas manos.
Y comenzó a acomodarle la corbata.
Edward quedó completamente inmóvil.
[Pensando...]
[¿Qué está haciendo?]
Harriet seguía concentrada.
—Un momento. Está torcida.
La acomodó cuidadosamente.
Después alisó un poco el cuello de su camisa.
Se alejó un paso.
Lo observó.
Sonrió satisfecha.
—Ahora sí.
Edward la miró sin saber qué decir.
Harriet sonrió con absoluta naturalidad.
—Así te ves aún más guapo.
Silencio.
Completo.
Absoluto.
Edward sintió que el corazón daba un extraño vuelco.
[Pensando...]
[..¿Guapo?.]
Intentó responder.
No salió ninguna palabra.
Solo carraspeó.
Acomodó innecesariamente la manga de su traje.
Y fingió absoluta tranquilidad.
—Gracias.
Su voz sonó sorprendentemente estable.
Por dentro...
Era un desastre.
Harriet ya estaba hablando con Mary sobre los postres.
Ni siquiera parecía darse cuenta del efecto que causaban sus palabras.
Edward la observó unos segundos.
[Pensando...]
[Ella...]
[¿Siempre dice esas cosas con tanta naturalidad?]
Cuando el sol comenzó a ocultarse...
La fiesta llegó a su fin.
Eric ya bostezaba sin intentar disimularlo.
Ellie tenía la cabeza apoyada sobre el hombro de Harriet con los ojos medio cerrados.
Los dos estaban completamente agotados.
Pero felices.
Edward tomó a Eric en brazos.
Harriet cargó a Ellie.
Caminaron juntos hacia la mansión.
Sin hablar.
No hacía falta.
Los pequeños ya dormían profundamente antes de llegar a sus habitaciones.
Después de acostarlos con cuidado...
Los dos permanecieron unos segundos observando las cunas.
Harriet sonrió.
[Pensando...]
[Fue un buen cumpleaños.]
[Muy distinto al del guion.]
Edward también miró a sus hijos.
Recordó las risas.
Las flores.
Las galletas.
Los abrazos.
Y aquella casa, que un año atrás estaba llena de silencio...
Ahora rebosaba de vida.
Al salir de la habitación...
Harriet caminó a su lado por el pasillo.
Sin darse cuenta...
Sus manos se rozaron apenas por un instante.
Ninguno se apartó de inmediato.
Solo continuaron caminando.
Y, por primera vez desde que aquel extraño matrimonio había comenzado...
El silencio entre ambos ya no era incómodo.
Era simplemente...
Un silencio compartido.