Durante diez años, Aurora Moretti renunció a su apellido, a su fortuna y al imperio mafioso más poderoso de Italia por el hombre que amaba. Lo apoyó cuando no tenía nada, creyó en él cuando todos le dieron la espalda y lo acompañó hasta convertirlo en el temido Rey de la Mafia.
Pero el día de su boda, Leonardo De Santis destruye su mundo al abandonarla por otra mujer, sin imaginar que la esposa a la que desprecia es, en realidad, la única heredera de la poderosa familia Moretti.
Humillada, traicionada y con el corazón hecho pedazos, Aurora regresa al lugar que juró abandonar para siempre. Allí dejará de ser la mujer enamorada para convertirse en la reina que nadie podrá volver a destruir.
Entre guerras entre las familias mafiosas italianas, alianzas inesperadas, traiciones, secretos y un amor capaz de renacer entre las cenizas, Aurora demostrará que la peor decisión que un rey puede tomar... es subestimar a su reina.
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CAPÍTULO 18 Bajo amenaza
El despacho de Don Matteo quedó en absoluto silencio.
Aurora seguía sosteniendo la tarjeta negra entre sus manos. Las palabras parecían quemarle los ojos.
"El próximo secreto que salga a la luz... será el bebé."
Bianca fue la primera en romper el silencio.
—Esto ya no es una advertencia... es una amenaza.
Don Matteo tomó la tarjeta y la observó detenidamente.
—Quieren asustarnos.
Marco negó con la cabeza.
—No, Don. Quieren obligar a la señorita Aurora a cometer un error.
Adriano cruzó los brazos.
—Y saben exactamente dónde golpear.
Aurora respiró hondo.
—No voy a esconderme toda la vida.
Don Matteo la miró con firmeza.
—No te estoy escondiendo, hija. Te estoy protegiendo.
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Mientras tanto, en la mansión De Santis, Leonardo no lograba concentrarse.
La imagen de Aurora saliendo de la librería rodeada por escoltas no dejaba de repetirse en su cabeza.
Algo estaba ocurriendo.
Y él no entendía qué.
Enzo entró con rapidez.
—Don, encontramos a la mujer que robó el teléfono.
Leonardo se puso de pie.
—¿Dónde está?
—Escapó antes de que nuestros hombres pudieran alcanzarla.
Pero dejó esto.
Enzo colocó una fotografía sobre el escritorio.
Leonardo la tomó.
Era una imagen de Aurora en los jardines de la mansión Moretti.
Tenía una mano apoyada sobre el vientre.
Leonardo sintió un escalofrío.
Cada vez estaba más convencido de que Aurora ocultaba algo importante.
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Al día siguiente, Don Matteo reunió a toda la familia en el salón principal.
—Escúchenme bien.
Nadie mencionará el embarazo fuera de esta casa.
Ni empleados.
Ni escoltas.
Ni aliados.
Quien rompa esa regla dejará de formar parte de esta familia.
Todos asintieron en silencio.
Aurora sabía que su padre estaba haciendo todo lo posible para protegerla.
Pero también comprendía que no podrían vivir así para siempre.
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Esa tarde, Adriano encontró a Aurora sentada en el invernadero de la mansión.
Estaba observando unas pequeñas flores blancas.
—¿En qué pensás?
Ella sonrió con tristeza.
—En cómo cambia la vida.
Hace unas semanas elegía flores para mi boda...
Y ahora tengo miedo de salir de casa.
Adriano se sentó a su lado.
—El miedo no dura para siempre.
Aurora lo miró.
—¿Cómo lo sabés?
—Porque conocí a una mujer que renunció a un imperio por amor.
Si fue capaz de hacer eso...
También va a ser capaz de levantarse otra vez.
Aurora sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Gracias.
Adriano le sonrió.
—No me des las gracias.
Guardalas para el día en que vuelvas a sonreír de verdad.
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Esa misma noche, Victoria recibió otra llamada.
—¿Encontraste algo en el teléfono?
La mujer respondió con una risa.
—Todavía no pude desbloquearlo.
Pero la libreta fue suficiente.
Victoria frunció el ceño.
—¿Qué dice?
—Hay varias citas médicas...
Y todas son con un ginecólogo.
Victoria quedó inmóvil.
Un segundo después, una sonrisa lenta apareció en su rostro.
—Así que era cierto...
Colgó el teléfono sin decir una palabra más.
Miró por la ventana de la mansión y murmuró para sí misma:
—Si ese bebé existe...
Nunca va a nacer.
Muy lejos de allí, Aurora sintió una fuerte punzada en el vientre.
Llevó ambas manos a su abdomen y cerró los ojos.
No sabía por qué...
Pero tenía el presentimiento de que una gran desgracia estaba cada vez más cerca.
Continuará...