NovelToon NovelToon
LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

LA HABITACIÓN QUE NUNCA DEBIÓ ABRIRSE

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver / Maldición / Terror
Popularitas:368
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Valeria Salvatierra ha aprendido a desconfiar de los misterios. Como periodista, sabe que detrás de cada leyenda existe una explicación y que incluso los casos más extraños pueden resolverse siguiendo las pistas correctas.
Hasta que una mañana recibe una caja sin remitente.
Dentro encuentra una fotografía antigua de cinco personas frente a una mansión abandonada. El rostro de una de ellas ha sido borrado con tinta negra. También hay un recorte de periódico sobre la desaparición de una joven ocurrida treinta años atrás... y una llave marcada con un número:
17.
En el reverso de la fotografía hay una advertencia:
«Ella murió hace treinta años. Pero anoche volvió a llamar a mi puerta.»
Valeria comienza a investigar y descubre que la desaparición está relacionada con una habitación que la policía nunca pudo registrar.
La habitación 17.
Mientras sigue las pistas, nuevos asesinatos comienzan a ocurrir y personas relacionadas con aquella antigua tragedia empiezan a morir una tras otra.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 — La que miente

El mensaje permaneció escrito sobre el espejo mientras nadie se atrevía a moverse. UNA DE USTEDES MIENTE. Valeria observó a Elena y después a Vera. Una de las dos sabía algo que todavía no había contado. La pregunta era cuál.

—¿Quién miente?

Vera bajó la mirada.

—No puedo decirlo.

—¿Por qué?

—Porque si lo digo, ella vendrá.

—¿Quién?

La niña señaló el espejo.

Valeria se acercó lentamente al cristal. Su reflejo estaba allí, pero había algo extraño. Por un instante pareció que su reflejo no seguía sus movimientos. Valeria levantó una mano y la imagen tardó unos segundos en imitarla.

Retrocedió.

—¿Lo viste?

Samuel asintió.

—Sí.

Elena tomó a Valeria del brazo.

—Tenemos que irnos.

—No.

—Hija, por favor.

—No vuelvas a llamarme así si vas a seguir ocultándome cosas.

Elena soltó lentamente su brazo.

—Tienes derecho a estar enojada.

—Quiero la verdad.

—La verdad puede destruirte.

—Ya estoy destruida.

Elena cerró los ojos.

—La noche que salimos de esta casa, Gabriel me entregó a una de las niñas. Me dijo que era Valeria. Yo la llevé conmigo y nunca pregunté nada más.

—Pero acabas de decir que no sabías cuál era.

—Porque él me lo dijo después.

—¿Después de qué?

Elena miró hacia la trampilla.

—Después de regresar por la otra.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Mi padre volvió?

—Sí.

—¿Para buscar a Vera?

—Eso creí.

—¿Y qué ocurrió?

—Nunca regresó.

Samuel se acercó.

—Eso no es todo.

Elena lo miró.

—No.

Valeria volvió hacia él.

—¿Qué sabes?

Samuel respiró profundamente.

—Tu padre me pidió que vigilara la casa. Me dijo que si él no regresaba, debía asegurarme de que nadie abriera la habitación 17.

—¿Y tú qué hiciste?

—Durante años obedecí.

—¿Hasta ahora?

Samuel bajó la mirada.

—Hasta que recibí una llamada.

—¿De quién?

—De Gabriel.

Valeria sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—Mi padre está muerto.

—Lo sé.

—Entonces ¿cómo te llamó?

Samuel sacó un teléfono viejo de su bolsillo.

—Hace tres meses.

Valeria lo tomó.

Había un único mensaje.

«LA NIÑA HA REGRESADO.»

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Porque no sabía si era una trampa.

—¿Y ahora?

Samuel miró hacia el espejo.

—Ahora sé que no era una trampa.

El cristal volvió a empañarse.

Una nueva frase apareció.

«BAJA.»

Vera comenzó a llorar.

—No quiero volver.

Valeria se arrodilló frente a ella.

—No tienes que hacerlo.

—Sí tengo.

—¿Por qué?

—Porque si no bajo, ella seguirá buscando a mamá.

Valeria miró a Elena.

—¿Qué quiere de ella?

Vera respondió:

—La memoria.

Elena palideció.

—No.

—¿Qué memoria?

La niña miró a Valeria.

—La que mamá tomó aquella noche.

Valeria quedó inmóvil.

—¿Mamá tomó un recuerdo?

Vera asintió.

—El recuerdo de quién soy.

Elena comenzó a llorar.

—Yo no sabía lo que estaba haciendo.

—¿Qué hiciste?

—La mujer me dijo que podía protegerte. Me pidió que escogiera un recuerdo de una de las niñas.

—¿Y escogiste?

Elena asintió.

—Sí.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿De quién?

Elena no respondió.

—Mamá.

—De la niña que traje conmigo.

Valeria la miró fijamente.

—Entonces me quitaste mis recuerdos.

—No sabía que eran tuyos.

—¿Qué recuerdo me quitaste?

Elena bajó la mirada.

—El recuerdo de tu nombre.

Valeria sintió que el mundo se detenía.

—¿Mi nombre?

—La casa quería que olvidaras quién eras.

—¿Y funcionó?

Elena negó.

—No completamente.

—¿Qué significa eso?

—Por eso tienes sueños.

Valeria recordó las pesadillas que había tenido desde niña.

La habitación.

El espejo.

Una niña llamándola.

Su padre corriendo.

—Siempre pensé que eran pesadillas.

—No lo eran.

Valeria cerró los ojos.

Todo lo que había creído saber sobre su infancia se desmoronaba.

Samuel señaló la trampilla.

—Tenemos que bajar.

Elena negó.

—No.

—Si queremos terminar esto, necesitamos encontrar el recuerdo.

—¿Y si no volvemos?

Samuel la miró.

—Entonces ya no habrá nada que proteger.

Valeria tomó la linterna.

—Yo voy.

Elena intentó detenerla.

—No.

—Tengo que hacerlo.

Vera se acercó.

—Yo voy contigo.

Valeria la miró.

—¿Estás segura?

La niña asintió.

—Esta vez no te dejaré sola.

Las dos bajaron primero.

La escalera era estrecha y húmeda. Las paredes estaban cubiertas de símbolos antiguos. Valeria iluminó uno de ellos. Eran dos círculos unidos por una línea.

—¿Qué significa?

Vera respondió:

—Dos vidas. Un recuerdo.

Al llegar al final encontraron un corredor.

Al fondo había una puerta.

El número 17 estaba grabado sobre ella.

Valeria sintió un frío intenso.

—Esta es.

Samuel se acercó.

—No sabemos qué hay detrás.

—Tenemos que descubrirlo.

Valeria abrió la puerta.

La habitación estaba vacía.

No había muebles.

No había fotografías.

Solo un espejo enorme en el centro.

Valeria se acercó.

Su reflejo apareció.

Después apareció Vera.

Pero había una tercera niña entre ellas.

Valeria dejó de respirar.

La niña levantó la cabeza.

—¿Quién eres?

La niña respondió:

—La que ustedes olvidaron.

—¿Eres Isabel?

—No.

—¿Entonces?

La niña señaló a Valeria.

—Soy tú.

Valeria sintió un escalofrío.

—Eso no puede ser.

La niña sonrió.

—Una de ustedes es Vera.

Después señaló a la otra.

—Una de ustedes es Valeria.

Finalmente se señaló a sí misma.

—Y yo soy lo que queda cuando una persona pierde su nombre.

El espejo comenzó a agrietarse.

Vera tomó la mano de Valeria.

—No la escuches.

La niña sonrió.

—Ya es demasiado tarde.

Una grieta atravesó el cristal.

Después otra.

Y otra.

Valeria sintió que algo se movía detrás de ella.

Se volvió.

No había nadie.

Pero cuando volvió a mirar el espejo, vio a Gabriel.

Su padre.

Esta vez no estaba solo.

A su lado había un hombre.

Valeria reconoció el rostro de inmediato.

Era el padre de Samuel.

El hombre sostenía un documento.

Gabriel parecía discutir con él.

Valeria acercó la mano al espejo.

—¿Qué hicieron?

El reflejo de Gabriel levantó un papel.

Sobre él aparecía una frase:

«NO FUE UN PACTO.»

Valeria frunció el ceño.

El espejo volvió a cambiar.

Ahora apareció otra escena.

Gabriel estaba frente a la habitación 17.

Tenía una niña en brazos.

La niña estaba dormida.

Detrás de él estaba Elena.

Pero había alguien más.

Un hombre sostenía a la otra niña.

Era el padre de Samuel.

Valeria sintió que el corazón se le detenía.

—Ellos estuvieron juntos.

Samuel se quedó paralizado.

—Mi padre...

En el espejo, Gabriel gritaba.

El padre de Samuel levantó a la niña.

Después ocurrió algo extraño.

La niña abrió los ojos.

Y sonrió.

Elena comenzó a llorar.

—No...

Valeria se volvió hacia ella.

—¿Qué pasó?

Elena negó.

—No quiero recordarlo.

—Tienes que hacerlo.

—No.

—¡Mamá!

Elena cayó de rodillas.

—La niña que tenía mi esposo en brazos no era Valeria.

Valeria quedó inmóvil.

—¿Entonces quién era?

Elena levantó la mirada.

—Isabel.

Samuel retrocedió.

—Eso es imposible.

Elena lloró.

—No era la niña.

—¿Qué quieres decir?

—Era Isabel dentro del cuerpo de una niña.

El silencio fue absoluto.

Vera comenzó a temblar.

—Ella regresó.

Valeria la miró.

—¿Quién?

Vera señaló el espejo.

La tercera niña sonrió.

—Yo.

El espejo se rompió.

Los fragmentos cayeron al suelo.

Y entre ellos apareció una fotografía.

Valeria la recogió.

Era una imagen tomada la noche de 1996.

En ella estaban Gabriel, Elena, Samuel y las dos niñas.

Pero había algo que ninguno había visto antes.

Detrás de todos ellos estaba Isabel.

Y sostenía una tercera niña de la mano.

En la parte inferior de la fotografía había una fecha.

17 de octubre de 1996.

Dos días después de la supuesta muerte de Gabriel.

Valeria levantó lentamente la mirada.

—Mi padre no murió el diecisiete.

Samuel la miró.

—¿Qué?

Valeria señaló la fotografía.

—Esta imagen fue tomada después.

Elena se llevó una mano a la boca.

—Entonces...

Valeria terminó la frase:

—Mi padre seguía vivo cuando dijeron que había muerto.

Desde el fondo de la habitación llegó una voz masculina.

—Sí.

Todos se volvieron.

La voz volvió a hablar.

—Y nunca debiste descubrirlo.

Valeria reconoció aquella voz.

Era imposible.

Pero la conocía perfectamente.

Era la voz de su padre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play