Valeria Salcedo se fue de México sin explicar la verdad: estaba enferma, sola y convencida de que dejar a Alejandro Alcázar era la única forma de no arruinarle la vida.
Tres años después, vuelve decidida a empezar de cero con su papá y un nuevo trabajo. Pero el primer proyecto que recibe la pone frente a Camila Rivas, la nueva novia de Alejandro. Una mujer dulce frente a todos, venenosa cuando nadie mira.
Alejandro ya no es el hombre que la amaba. Ahora la humilla, la duda, la acusa y protege a otra con la misma ternura que antes era solo para ella.
Valeria intenta mantenerse lejos, pero cada encuentro abre una herida vieja. Entre mentiras, escándalos, accidentes y nuevas oportunidades, tendrá que decidir si sigue atada al amor que la destruyó o si por fin se elige a sí misma.
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Capítulo 13
Capítulo 13
Al día siguiente todo empeoró.
Encontraron mis redes. En una mañana gané un millón de seguidores que solo venían a insultarme. En una foto vieja de comida mexicana en Estados Unidos, con el texto “extraño el sabor de casa”, me escribieron que me largara a comer hamburguesas toda la vida.
Peor: encontraron la casa de mi papá.
Pegaron papeles insultantes en la puerta. Dejaron cucarachas, basura y hasta un animal muerto.
Mi papá llamó a la policía, pero en la calle no había cámaras.
Ahí sí quise matar a Camila.
Santiago rastreó el primer post. Venía de un reportero de espectáculos que había entrevistado a Camila. Como usó apodos y juegos de palabras, no era fácil demandarlo.
No necesitaba pruebas para saber quién estaba detrás.
Camila había armado todo: la entrevista, la caída, el momento en que Alejandro llegaría, el post y los comentarios pagados.
Se lo conté a Santiago.
—Esa mujer necesita una buena patada —dijo, caminando de un lado a otro—. Lástima que no pateo mujeres.
Dormí mal. Soñé que una multitud me arrojaba huevos y me gritaba que me muriera.
Después de comer, tocaron la puerta.
Leonardo entró con cara cansada.
—Valeria, la empresa está recibiendo llamadas, correos, gente con pancartas. Dicen que abusaste de tu cargo para bloquear a Camila y que Grupo Fuentes debe correrte.
Lo escuché sin interrumpir.
—Lo siento —dije—. Me gusta mi trabajo, pero renunciar es lo más rápido para que la empresa deje de pagar por mis problemas.
Leonardo se quedó callado.
—No vine a pedirte la renuncia. Eres buena. A veces te regaño porque soy tu jefe, no porque no vea tu capacidad. Voy a hablar con dirección. Debe haber otra salida.
Me sorprendió.
—Gracias.
Esa noche Santiago llegó con comida y chistes malos. Yo me reía por compromiso.
—Tu sonrisa parece llanto —dijo.
—Estoy apoyando tu espectáculo.
La puerta se abrió.
Emiliano entró con varias cajas de suplementos.
—¿Interrumpo?
Santiago se levantó.
—Hermano, cuánto tiempo.
Emiliano lo saludó con cortesía.
—En dos días es la gala benéfica anual de Grupo Fuentes. Renata espera verte.
Santiago sonrió sin ganas.
—Si va mi padre, prefiero no arruinar la noche.
Se fue.
Emiliano se sentó.
Yo entendí mal sus intenciones.
—Señor Fuentes, si vino por mi renuncia, no se sienta comprometido por doña Teresa. Yo la propuse.
Él arqueó una ceja.
—¿Crees que vine a despedirte?
—¿No?
—Subestimas a Grupo Fuentes. No damos empleos por favores y tampoco dejamos que un empleado cargue solo con una crisis fabricada.
Me quedé mirándolo.
—Las cosas que dicen de mí son falsas. Camila me tendió una trampa.
—Lo sé. Y también sé que si ahora sales a defenderte, el agua se ensucia más.
—Insultaron a mi papá. Eso no lo puedo dejar así.
—¿Tienes plan?
Bajé la mirada.
No.
—Recuerda lo que te propuse. Si aceptas, en la gala iremos como pareja. Habrá medios. Si apareces conmigo, la historia de que eres una ex obsesionada con Alejandro se cae sola.
No respondí.
—Si no aceptas, no renuncias. Yo me encargo de la opinión pública de otra forma. Te doy hasta el mediodía de la gala.
Esa noche no dormí.
Tal vez Emiliano era la mejor opción. No porque lo amara. Precisamente porque no lo amaba. Con él no habría esos abismos.
Cuando Santiago trajo desayuno, le conté.
—¿Ya decidiste?
—Voy a aceptar. Es la mejor salida. También necesito empezar de nuevo.
Creí que me detendría.
Sonrió apenas.
—La familia Fuentes es buena opción. Teresa no es Marcela. Emiliano no tiene escándalos. Contigo estaría tranquilo.
Luego su voz bajó.
—Si pudiera, preferiría cuidarte yo.
Me quedé helada.
—Santiago...
Él recuperó la sonrisa.
—No pongas esa cara. Tengo pretendientes hasta París.
También hablé con mi papá.
—Valeria, es tu vida —dijo—. Solo quiero que no vuelvas a meterte en una familia que te haga sentir menos.
—Solo vamos a intentarlo. Si no funciona, se termina.
Mi papá suspiró.
—Quiero verte sana y feliz. Nada más.
a y como midiera emiliano que como hombre acepta este tipo de cosas y aun asi sigue detrás de ella
esta esceitora pone a la mujer peor que una botella vacía de agua en l alcalde pateada hasta por el perro callejero