Es la historia de Elena, una joven de 24 años que vuelve a la facultad de Derecho que abandonó por bullying para recuperar su voz, y en el camino encuentra en Luz, una compañera de pelo azul, la amistad que le enseña que superarse no es olvidar lo que pasó, sino aprender a caminar de nuevo acompañada.
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Así lo redacté:
ESTUDIO BECCAR VARELA - DEPARTAMENTO PRO BONO
Ref: Expte. 1147/26 - TORRES, Marcos s/ infracción académica.
A LA SECRETARÍA ACADÉMICA DE LA FACULTAD DE DERECHO UNR:
Elena Rivas, abogada apoderada del alumno Marcos Torres, me presento y digo:
I. NIEGO LOS HECHOS. Mi defendido niega de forma categórica haber accedido de forma indebida al sistema SIU Guaraní y haber alterado calificaciones. No existe prueba directa que lo vincule, solo un indicio: una dirección IP. Una IP no es una persona. Una IP es un domicilio con 3 personas viviendo y una computadora compartida.
II. LA PRUEBA ES INSUFICIENTE Y FUE OBTENIDA SIN CADENA DE CUSTODIA. Los logs aportados no cuentan con peritaje informático que acredite que no fueron alterados. No se secuestró la computadora. No se peritó el disco rígido. Se condena a un alumno a la expulsión, la sanción más grave de su vida universitaria, con una captura de pantalla.
III. EXISTE UN TERCERO CON MOTIVO Y CONOCIMIENTO TÉCNICO. Se adjunta como prueba documental conversación donde un tercero con acceso físico a la misma IP y con conocimientos en sistemas, manifiesta su intención de "probar un script para entrar al Guaraní". Solicito se cite a declarar a dicho tercero y se realice peritaje sobre su computadora.
IV. PETITORIO: Solicito se revoque la sanción de expulsión, se declare la nulidad del procedimiento por falta de prueba y, en subsidio, se aplique una sanción menor y se le permita a mi defendido rendir un examen de idoneidad para acreditar que no necesita cambiarse notas, sino estudiar.
Sin otro particular, saluda atte.
Dra. Elena Rivas
T° 145 F° 22
Se lo mandé a Méndez. Me contestó a los diez minutos: "Rivas, esto está perfecto. Es sobrio, técnico y humano. Justo lo que Beccar quiere. Presentálo".
Lo presentamos. Hubo audiencia.
Yo me paré frente a la misma mesa que me había suspendido a Camila y a Marcos hacía seis meses. Pero ahora del otro lado. Con traje, con credencial.
Marcos no habló. Solo me miraba, con vergüenza.
Alegué diez minutos. Sin nombrar lo personal. Sin decir "este chico me hizo bullying". Solo derecho.
La Secretaría resolvió una semana después.
No lo expulsaron. Anularon la sanción por falta de prueba. Le dieron un apercibimiento grave y le hicieron hacer 40 horas de trabajo comunitario en la biblioteca de la facultad. Y ordenaron un peritaje informático serio que terminó demostrando que había sido el primo.
Cuando le avisé por teléfono, Marcos se puso a llorar.
"Gracias, Elena. No me lo merezco. Posta, no me lo merezco".
"Tenés razón. No te lo merecés. Me lo merezco yo", le dije. "Me merezco poder dormir tranquila sabiendo que no me convertí en lo mismo que ustedes".
Corté.
Esa noche, Martín me llamó por videollamada. Estaba en Rosario, con su termo abollado.
"Me contaron que defendiste a Torres. ¿Cómo te sentís?".
"Como abogada", le dije. Y era verdad.
Por primera vez, no era la chica de El Trébol que sobraba. Ni la becada que tenían que defender.
Era la abogada que defendía. Incluso a los que no la habían defendido a ella.
Y eso, en Beccar Varela, valía más que cualquier promedio de 9.50.