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Noventa Días Para Equivocarme

Noventa Días Para Equivocarme

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:53.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

10 años de trabajo. Un imperio millonario. Y solo 90 días de vida.
Para el mundo, yo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, hasta que un diagnóstico terminal lo cambió todo: me quedan tres meses.
Si voy a morir, romperé cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva.
Sin pensarlo dos veces, caminé directo al despacho de mi mayor rival en los negocios: el hombre más arrogante, insufrible y provocador que conozco. Esta vez no vine a hacer negocios... vine a vivir aunque sea una farsa.
¿Qué tan lejos llegarías si supieras que no tienes nada que perder?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XVIII Una dosis para olvidar

Punto de vista de Victoria

Sostuve su mirada sin pestañear, aunque por dentro sentía que el suelo se desmoronaba bajo mis pies. La intensidad con la que me observaba era peligrosa; Sebastián no era el tipo de hombre al que se le podía engañar con una excusa barata sobre gastritis o fatiga laboral. Si le daba una sola grieta, rasgaría toda la armadura hasta dar con el diagnóstico que me guardaba para mí sola.

—Nuestra cláusula fue muy clara, Alarcón —dije, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo denso, cargado de una falsa compostura—. Mi salud y mis médicos son asuntos privados. No te contraté para que fueras mi enfermero ni mi confidente.

—No me salgas con el contrato ahora, Victoria —reprochó, apretando el agarre en mis caderas, fijándome aún más contra el borde de la mesa de conferencias—. Te vi clavarme las uñas para no gritar de dolor en mitad de una firma de contratos. No me pidas que ignore algo que te está destruyendo frente a mis ojos.

En lugar de retroceder, me incliné hacia adelante, acortando la escasa distancia que nos separaba hasta que mis labios rozaron la comisura de los suyos. Sentí cómo su respiración se enganchaba al instante.

—Si de verdad quieres ayudarme a sofocar este dolor... —deslicé las manos por su pecho, abriéndome paso lentamente entre la solapa de su saco hasta sentir la calidez de su cuello—, no me hagas preguntas. Úsame para olvidar.

Sebastián soltó un gruñido ahogado, entre la frustración y el deseo contenido.

—Estás desviando el tema.

—Estoy eligiendo cómo quiero gastar mi energía hoy —intervine, atrapando su labio inferior con un mordisco suave que lo hizo contener el aliento—. La sala está vacía. La puerta tiene seguro. Y ahora mismo, lo único que necesito para no pensar es sentirte.

Esa fue la última barrera que cayó. La tensión acumulada por la firma del contrato y el choque de nuestras voluntades se convirtió en una chispa incontrolable. Sebastián me tomó de la nuca con fuerza, aplastando sus labios contra los míos en un beso hambriento y posesivo que devoró cualquier intento de protestar o indagar.

Me levantó sobre el borde de la mesa de cristal, haciendo a un lado las carpetas y los documentos recién firmados. Enredé mis piernas alrededor de su cintura, aferrándome a sus hombros como si fuera el único punto firme en medio de la tormenta. Cada caricia suya, cada roce de su piel ardiente contra la mía, actuaba como el anestésico más voraz que podía desear; borraba la punzada en mi vientre, ahogaba la sombra de los noventa días y me devolvía la certeza de estar viva.

Allí mismo, en la misma sala de juntas donde horas antes mi familia intentó destruirme, me entregué a él con una desesperación salvaje, usando el deseo como el escudo definitivo para mantenerlo alejado de mi secreto.

Acomodé los pliegues de mi blusa frente al espejo del baño privado de mi oficina, tratando de devolverle a mi rostro el tono vital que el agotamiento me arrebataba a zancadas. Tras el encuentro con Sebastián en la sala de conferencias, el dolor en mi vientre se había disipado a una molestia sorda, pero el desgaste físico era innegable.

Apenas abrí la puerta para volver a mi escritorio, me encontré con Adriana. Tenía los brazos cruzados, una carpeta apretada contra el pecho y una mirada de preocupación tan profunda que no necesitó pronunciar una sola palabra para saber lo que pensaba.

—¿Se puede saber qué estás haciendo, Victoria? —preguntó en un susurro firme, cerrando la puerta a nuestras espaldas y echándole el seguro.

—Trabajar, Adriana. Lo que se supone que hacemos en esta empresa —respondí con frialdad calculada, caminando hacia mi sillón.

—No me me mientas. Te vi salir de la sala de juntas de la mano de Alarcón. Tienes las mejillas encendidas, pero tiemblas como una hoja y casi te tropiezas en el pasillo —se acercó a mi escritorio, apoyando ambas manos sobre la madera—. Victoria, conozco ese rostro. Estás sufriendo dolor. Ese dolor.

Me quedé en silencio, evitando su mirada mientras encendía la pantalla de mi ordenador.

—Adriana, firmamos el contrato Onetto. Dejamos a Selene y a mi madre fuera de juego. Esto es lo que queríamos.

—¡A qué precio! —exclamó, bajando el tono pero con los ojos llenos de lágrimas contenidas—. Te estás consumiendo por dentro. Decidiste no hacer el tratamiento paliativo agresivo para no perder el control de la firma, pero estás usando a Sebastián Alarcón como si fuera una droga para anestesiarte. Él es un hombre inteligente, Victoria. Si nota que te estás deteriorando, no se va a quedar de brazos cruzados. Va a indagar.

—No va a averiguar nada —sentencié, clavándole la mirada—. Le dejé muy claro que mi salud no es de su incumbencia. Y a ti te pido que recuerdes el juramento que me hiciste: nadie, ni mi madre, ni Selene, y mucho menos Sebastián, puede saber la verdad de mi diagnóstico. Si él se entera, todo este castillo de naipes se derrumba y me compadecerá. No quiero la lástima de nadie en mis últimos días.

Adriana soltó un suspiro amargo y se pasó una mano por la frente, visiblemente dividida entre la lealtad profesional y el dolor de ver a su amiga rendirse ante un destino inevitable.

—Está bien, guardaré el secreto como siempre lo he hecho —murmuró, sacando un vaso de agua y un pequeño estuche de su bolsillo para dejártelo sobre el escritorio—. Pero al menos tómate la dosis a tiempo. Si colapsas en mitad del edificio, ni todo el poder de Alarcón va a poder ocultar lo que te pasa.

Tomé el vaso y la pastilla sin discutir. Sabía que Adriana tenía razón, pero la ironía de la situación me quemaba por dentro: mientras todos pensaban que estaba perdiendo la cabeza por amor o por ambición, yo solo estaba intentando aferrarme a la vida antes de que el reloj marcara el final.

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Perla Arbos
Historia muy interesante!!!. Felicitaciones!!!
Silvia Muñoz Muñoz
Que bella historia ,excelente gracias autora
Ysabel Correa: Gracias a ti por el apoyo y espero sigas apoyando mi trabajo 🫂
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yuyis
yo si dije esa no no es la mamá y a Víctoria la estan enfermando
yuyis
si es tan. orgullosa
yuyis
sera q victoria es hija de solo el papá??
yuyis
cómo siempre las vividoras. dignas
yuyis
por q será q dejamos la salud para lo último
Ysabel Correa: Es como si nos importara lo que realmente importa.
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yuyis
por q será q dejamos la salud para lo último
Dach Chavez
Me encanto esta novela
Ysabel Correa: Graciaaaaas 🥰
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Honoria Garcia
muchas gracias por compartir con nosotros tu novela
Pris
Muy bella y entretenida historia
Ysabel Correa: Gracias 🥰
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Dach Chavez
👏👏👏 gracias, que grandioso capítulo 😭😭😭
Pris
Me parece que la mamá de alguna forma la está envenenando y sabe que el diagnóstico es falso. Ella lo mano hacer.
Doris Torre
me encanto es muy buena 👌
Pris
Quizás le hagan como le hicieron a una amiga, le quitaron el estomago y le unieron el esófago y con los intestinos.
yals
muy recomendable ne encantó triunfo el amor
Ysabel Correa: Gracias por la recomendación 🫂
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yals
me encantan tus novelas cortas y muy bien desarrolladas, felicidades
Ysabel Correa: Con gusto las escribo para ustedes ☺️
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Jane Osorio Miranda
muy buen final mis felicitaciones a Sra autora y por supuesto la justicia y el amor siempre triunfan
Ysabel Correa: Gracias 🫂
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Jane Osorio Miranda
muy buen final mis felicitaciones a Sra autora y por supuesto la justicia y el amor siempre triunfan
Jane Osorio Miranda
/Cleaver//Skull//Skull/
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