Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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8- rutinas
El sonido del despertador rompió el silencio del apartamento a las seis de la mañana.
Valentina abrió lentamente los ojos.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Todavía le resultaba extraño despertar en esa casa.
Sonrió.
Aquella imagen seguía pareciéndole un sueño. Giró ligeramente la cabeza. Alessandro continuaba profundamente dormido.
Una de sus manos descansaba sobre la cintura de ella con la naturalidad de quien había encontrado su lugar.
Valentina levantó con cuidado aquella mano para no despertarlo.
Se incorporó despacio. Antes de levantarse, volvió a observarlo. Las noches anteriores apenas había dormido. Las reuniones como nuevo jefe de la familia Moretti parecían no terminar nunca.
Y aun así...
Cada mañana intentaba levantarse antes que ella para prepararle el desayuno.
Aquella vez... El cansancio había podido más.
Valentina sonrió con ternura.
—Hoy me toca consentirte a mí...
Murmuró para sí.
Entró al baño, se duchó y, unos minutos después, apareció en la cocina con el cabello todavía húmedo.
Mientras preparaba café, abrió el refrigerador.
Huevos.
Pan.
Fruta.
Y el jugo de naranja que Alessandro insistía en comprar todas las semanas.
—Nada mal, señor Moretti...
Comenzó a preparar el desayuno con calma.
El aroma del café recién hecho terminó recorriendo todo el apartamento.
Unos minutos después... Escuchó unos pasos acercarse.
Alessandro apareció todavía acomodándose la camisa.
—Buenos días...
Su voz aún sonaba adormilada.
Valentina levantó la vista.
—Buenos días. Pensé que hoy te tocaría descansar un poco más.
Él observó la mesa servida.
Después volvió a mirarla.
—¿Preparaste todo esto?
—Alguien tenía que cuidar del jefe de la mafia.
Alessandro dejó escapar una pequeña risa.
Se acercó hasta ella. Sin decir una palabra... Depositó un beso sobre su frente.
—Gracias.
Valentina apoyó ambas manos sobre su pecho.
—¿Dormiste mejor?
Alessandro dudó unos segundos antes de responder.
—Lo suficiente.
Ella conocía esa respuesta.
Significaba que apenas había dormido cuatro horas. No insistió.
Sabía perfectamente que, desde que había aceptado oficialmente el patriarcado de los Moretti...
Su vida había cambiado por completo.
Los dos comenzaron a desayunar.
Durante unos minutos hablaron de cualquier cosa.
Del apartamento.
De unos cuadros que aún faltaban por colgar.
De una planta que Valentina quería colocar junto al balcón.
De cosas simples. Normales.
Hasta que Alessandro miró la hora.
Su expresión cambió de inmediato.
—Tengo que irme.
Valentina asintió.
—Asterion.
Él tomó su saco.
—Primero una reunión con los directores.
Después tengo reunión con los capitanes.
Y esta noche...
Otra reunión con los abogados.
Ella hizo un gesto de resignación.
—Empiezo a extrañar cuando solo dirigías una empresa.
Alessandro sonrió con cierta nostalgia.
—Yo también.
Se acercó nuevamente.
Tomó el rostro de Valentina entre sus manos.
—Prometo compensarte.
Ella negó suavemente.
—No tienes que compensarme nada.
Solo... Cuídate.
Alessandro la besó con calma.
Un beso corto. Pero suficiente para recordarles que, sin importar cuántas responsabilidades tuvieran...
Siempre encontrarían un momento para ellos.
Al salir del apartamento...
Las puertas del ascensor se abrieron justo frente a Matteo y Camila.
Matteo sonrió apenas los vio.
—Buenos días, vecinos.
Camila observó a Alessandro.
—¿Otra vez rumbo al trabajo?
—Otra vez.
Respondió él con una sonrisa cansada.
Matteo le dio una palmada en el hombro.
—Vamos. Mientras más rápido terminemos...
Más rápido podremos regresar.
Alessandro miró a Valentina una última vez antes de entrar al ascensor.
Ella levantó la mano despidiéndose.
Las puertas comenzaron a cerrarse lentamente.
Durante un instante...
Sus miradas permanecieron conectadas.
Hasta que el ascensor descendió.
Valentina permaneció unos segundos frente a la puerta.
Después sonrió para sí. Era cierto.
Ahora tendrían menos tiempo juntos.
Pero también era cierto...
Que ambos estaban luchando por construir el mismo futuro.
—Hoy les toca otro maratón de reuniones.
Valentina negó con la cabeza.
—Pobres.
Camila apoyó un hombro contra la pared.
—¿Pobres ellos? Las pobres somos nosotras.
Antes al menos Alessandro salía temprano de Asterion.
Ahora dirige una empresa...
Y una organización criminal.
Valentina dejó escapar un suspiro.
—Lo sé...
Camila la observó durante unos segundos.
—¿Lo extrañas?
Valentina sonrió con sinceridad.
—Un poco.
Camila pasó uno de sus brazos alrededor de los hombros de su amiga.
—Tranquila. Ellos están luchando por cuidar un imperio. Nosotras vamos a salvar vidas.
Creo que el equilibrio está bastante bien repartido.
Las dos rieron.
—Vamos.
Dijo Camila.
Si seguimos aquí hablando... Llegaremos tarde al hospital.
Valentina tomó su bolso.
—Tienes razón.
Las dos entraron nuevamente al ascensor.
Mientras descendían hacia el estacionamiento, el ambiente volvió a llenarse de esa tranquilidad que tanto habían extrañado.
Por unos minutos...
No existían los Moretti..
Ni tratados de paz.
Solo dos amigas...
Camino al Hospital Santa Emilia para hacer aquello que más amaban.
Una hora después...
El Hospital Santa Emilia ya había recuperado el ritmo frenético de todas las mañanas.
Médicos caminando de un lado a otro.
Enfermeras revisando historias clínicas.
Familiares esperando noticias.
El inconfundible sonido de los monitores cardíacos llenaba los pasillos.
Valentina respiró profundamente apenas cruzó la entrada.
Sonrió.
—Extrañaba este lugar.
Camila la observó divertida.
—Solo tú puedes decir eso de un hospital.
Valentina rió.
—Aquí fue donde entendí quién quería ser.
Una enfermera se acercó inmediatamente.
—Doctora Valentina.
Doctora Camila.
Qué bueno tenerlas de regreso.
Las dos respondieron el saludo mientras continuaban caminando.
Varios médicos levantaban la mano para saludarlas.
Otros aprovechaban para hacer alguna consulta rápida.
Todo parecía exactamente igual.
Y, al mismo tiempo...
Todo era diferente.
Su teléfono vibró.
En la pantalla apareció un nombre.
Papá.
Valentina contestó de inmediato.
—Buenos días.
Al otro lado de la línea, Giovanni Visconti habló con la misma serenidad de siempre.
—Buenos días, princesa.
¿Ya llegaste al hospital?
—Hace apenas unos minutos.
Hubo un breve silencio.
—Necesito hablar contigo esta tarde.
Valentina frunció ligeramente el ceño.
—¿Ocurrió algo?
—No. Pero hay asuntos de la empresa que ya no pueden seguir esperando.
Valentina permaneció en silencio.
Giovanni continuó.
—Lorenzo comenzará a preparar todo para su matrimonio con Isabella. Después viajarán al extranjero para hacerse cargo de la expansión internacional. Eso significa que alguien tendrá que asumir más responsabilidades aquí.
Y yo...
Ya no tengo la energía de antes.
Valentina cerró lentamente los ojos.
Sabía exactamente hacia dónde iba aquella conversación.
—Papá...
—No te estoy obligando a nada.
Solo quiero que empieces a asistir a algunas juntas directivas. Conozcas mejor el funcionamiento del Grupo Visconti.
Aprendas cómo se mueve todo.
Porque, tarde o temprano...
Todo esto también será tu responsabilidad.
Valentina guardó silencio.
Su mirada recorrió el pasillo del hospital.
Pacientes.
Residentes.
Quirófanos.
Ese siempre había sido su mundo.
—Lo pensaré.
Respondió finalmente.
Giovanni sonrió al otro lado de la línea.
—Eso era todo lo que quería escuchar.
Nos vemos esta tarde.
La llamada terminó.
Camila, que había permanecido en silencio, se acercó.
—¿Qué pasó?
Valentina guardó el teléfono.
—Mi padre quiere que empiece a involucrarme de lleno en Visconti Group.
Camila entendió inmediatamente.
—Entonces... Llegó el momento.
Valentina asintió lentamente.
Sí. Había llegado
Y, por primera vez desde que terminó la universidad...
Sintió que la vida le estaba dividiendo en tres caminos diferentes.
El hospital.
La empresa de su familia.
Y la vida que apenas comenzaba a construir junto a Alessandro.
Al mismo tiempo...
En el último piso del edificio de Asterion Technologies.
La sala principal de juntas permanecía completamente en silencio.
Una enorme pantalla proyectaba gráficos financieros.
Proyecciones de crecimiento.
Nuevos mercados.
Inversiones.
Adquisiciones.
Alessandro observaba cada informe con absoluta atención.
Muy pocos de los presentes podían imaginar que, apenas unas horas antes...
Aquel mismo hombre había estado preparando el desayuno junto a su novia.
Para ellos...
Era simplemente el director ejecutivo de Asterion.
Uno de los empresarios más jóvenes y exitosos del país.
—Las negociaciones con el consorcio europeo avanzan según lo previsto.
Informó uno de los directivos.
Alessandro asintió.
—¿Y Singapur?
—Todavía esperan una respuesta sobre la propuesta logística.
Alessandro desvió la mirada hacia Matteo.
—¿Qué opinas?
Matteo abrió una carpeta.
—Si aceptan nuestras condiciones...
Duplicaremos la capacidad de distribución para el próximo año.
Uno de los accionistas levantó la mano.
—Pero eso implicaría ampliar operaciones en tres puertos más.
Alessandro respondió sin dudar.
—Entonces háganlo.
Hubo un breve silencio.
—Asterion no nació para seguir a la competencia.
Nació para estar varios pasos delante de ella.
Los presentes asintieron.
Aquella seguridad era precisamente lo que había convertido a Alessandro Moretti en uno de los empresarios más respetados del país.
Después de casi dos horas...
La reunión terminó.
Los directivos comenzaron a abandonar la sala.
Solo Matteo permaneció sentado.
Esperó hasta que la puerta se cerró.
Entonces dejó escapar un largo suspiro.
—Ahora empieza el verdadero trabajo.
Alessandro sonrió con cansancio.
—¿Cuántos?
—Cinco capitanes.
Tres abogados.
Dos responsables financieros.
Y Dante ya está esperándonos abajo.
Alessandro masajeó el puente de su nariz.
—A veces extraño preocuparme únicamente por balances y accionistas.
Matteo soltó una pequeña risa.
—Yo extraño cuando mis mayores problemas eran las reuniones de los lunes.
Los dos permanecieron en silencio unos segundos.
Después Alessandro tomó la carpeta negra que descansaba sobre el escritorio.
No llevaba el logotipo de Asterion.
Llevaba el escudo de la familia Moretti.
Dos vidas. Dos responsabilidades.
Y un mismo hombre obligado a sostener ambas sin permitirse fallar.
—Vamos.
Dijo finalmente.
Es hora de la segunda jornada.
Matteo se puso de pie.
—Dante ya debe estar impaciente.
Alessandro sonrió.
—Entonces no lo hagamos esperar.
Ambos abandonaron la sala.
Apenas las puertas del ascensor se cerraron...
El empresario desapareció.
Y, una vez más... Solo quedó el patriarca de los Moretti.
Horas después de largas reuniones
Mientras Matteo terminaba de revisar la agenda del resto del día...
Dante recibió una notificación en su teléfono.
Leyó el mensaje.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Alessandro.
Él levantó la vista.
—¿Qué ocurre?
Dante guardó nuevamente el teléfono.
—Marcus Greco acaba de escribirme.
Alessandro frunció ligeramente el ceño.
—¿Pasó algo con el tratado?
—No. Todo lo contrario.
Quiere invitar a Valentina mañana por la tarde a la mansión Greco.
Dice que Amelia y Sophia estarían encantadas de conocerla y compartir una taza de té con ella.
Durante unos segundos...
Alessandro permaneció completamente en silencio.
No era una invitación cualquiera.
Era la primera vez, en varias años...
Que una mujer de los Moretti sería recibida como invitada en la residencia principal de los Greco.
Matteo también comprendió la importancia de aquel gesto.
—¿Qué vas a responder?
Alessandro apoyó una mano sobre la mesa.
Pensó durante unos instantes.
Después levantó nuevamente la mirada hacia Dante.
—Pásame toda la información que tengas sobre Amelia...
Hizo una breve pausa.
—¿Cuál es su apellido?
—Markova.
Respondió Dante.
—Amelia Markova. Su familia controla una de las principales redes de exportación de armamento en Bulgaria.
Alessandro asintió lentamente.
—Perfecto.
Quiero leer todo sobre ella.
Después guardó unos segundos de silencio.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
—Y con respecto a Valentina... Prefiero preguntárselo a ella.
Si acepta... Irá.
Dante asintió.
—Se lo haré saber a Marcus.
Alessandro tomó nuevamente la carpeta con el escudo de los Moretti. Y salió para regresar a su casa junto a la mujer que amaba.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.