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Renací para amar al hombre que destruí

Renací para amar al hombre que destruí

Status: En proceso
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ángela Sarmiento murió después de descubrir la verdad más cruel: su hermana adoptiva y el hombre en quien más confiaba habían destruido a su familia. Y Gael Montenegro, el poderoso y temido prometido del que siempre quiso escapar, era el único que la había amado de verdad… y también el hombre que murió por culpa de ella.
Cuando Ángela abre los ojos, ha regresado al momento en que todo comenzó.
Esta vez no piensa huir de Gael. Recuperará lo que le pertenece, hará pagar a quienes la traicionaron y conquistará de nuevo al hombre que sacrificó todo por ella.
Pero Gael todavía recuerda su rechazo. No confía en sus caricias, sospecha de cada palabra dulce y está convencido de que Ángela solo prepara otra forma de abandonarlo.
Entre venganzas familiares, secretos, drogas, hipnosis y una atracción que ninguno de los dos puede contener, Ángela tendrá que demostrar que su amor es real.
Porque en esta segunda vida no permitirá que Gael vuelva a morir.
Y tampoco piensa dejarlo escapar de su cama.

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Capítulo 9

Capítulo 9

Cuando Gael irrumpió en la habitación, encontró a Ángela tendida en la cama, atrapada debajo del cuerpo de Fabián.

La droga le había nublado la mirada y teñido el rostro de un rubor anormal.

Gael respiró hondo.

Una sonrisa cruel y despiadada apareció en su rostro distinguido.

Arrancó a Fabián de encima de ella y le estrelló el puño contra la cara.

En algún momento tomó el cuchillo de uno de los guardias y lo hundió en el brazo de Fabián.

La sangre brotó de inmediato.

Gael lo sujetó por el cuello de la camisa y apretó poco a poco, como si de verdad pretendiera estrangularlo.

Fabián vio la intención asesina en sus ojos y soltó una carcajada.

—Gael Montenegro, si hubieras llegado unos minutos más tarde, ya habría sido mía.

Su mirada se deslizó hacia Ángela.

Bravo Uno observó la escena apenas un instante y bajó los ojos de inmediato.

Fabián estaba buscando la muerte.

—Señor, este lugar no es adecuado —advirtió con urgencia.

Gael curvó los labios. Parecía una bestia sedienta de sangre.

—Bravo Uno, llévalo al sótano. Quiero que le saquen los ojos y le rompan los brazos. Pero no permitan que muera.

Volteó hacia el guardia con una mirada helada.

—Y recuerda que no viste ni escuchaste nada. De lo contrario...

—Sí, señor.

Las manos de Gael temblaban.

Se quitó el saco, envolvió con él el cuerpo de Ángela y la levantó en brazos.

—Bloqueen cualquier información sobre lo ocurrido —ordenó mientras salía a grandes pasos—. Si alguien intenta hablar, llévenlo también al sótano y... resuelvan el problema.

Depositó a Ángela con extrema delicadeza en el asiento trasero.

Le indicó a Bravo Dos que condujera al hospital privado de León y llamó al médico durante el trayecto.

—Ángela fue drogada. Prepara una sala de urgencias y todo lo necesario para estabilizarla y tratar la intoxicación.

Ángela sentía como si la hubieran arrojado a un horno.

La sustancia le quemaba el cuerpo y la obligaba a pedir ayuda sin comprender del todo dónde se encontraba.

—Me siento muy mal...

Gael sacó una botella de agua del compartimento central y la ayudó a beber.

No fue suficiente.

Ángela intentó acercarse más al hombre sentado junto a ella, atrapada en el ardor que la sustancia desataba dentro de su cuerpo.

Gael le sujetó las manos antes de que pudiera hacerlo.

Levantó la división entre los asientos delanteros y la inmovilizó con firmeza contra su pecho para impedir que se lastimara o siguiera forcejeando.

—Angie, no te muevas. Resiste un poco más.

Verla sufrir de aquella manera era insoportable.

Al final, Gael aplicó un golpe preciso en un punto del cuello y la dejó inconsciente.

Bravo Dos sintió que se le erizaba la piel mientras conducía.

Sin decir una palabra, encendió la música del auto.

Cuando llegaron al hospital, Ángela seguía inconsciente.

Gael la sostuvo con desesperación y la llevó directamente al área de urgencias que León había preparado.

El médico arqueó una ceja.

—¿No se había calmado? ¿Por qué quieres someterla a un tratamiento de descontaminación?

El rostro de Gael se oscureció.

—La sustancia seguía haciendo efecto. Yo la dejé inconsciente. Averigua qué le dieron y si puede causarle daños.

León lo miró con expresión maliciosa.

—¿No pudiste ayudarla tú?

Gael respondió con una mirada capaz de atravesarlo.

León hizo el gesto de cerrar la boca y le palmeó el hombro.

—Tranquilo. Va a estar bien.

Gael se sentó afuera del área de urgencias y llamó a Bravo Dos.

—Asegúrate de que don Octavio esté protegido. Después destruyan al Grupo Segovia.

Tras pensarlo durante un momento, marcó el número de Santiago.

—Gael Montenegro, más te vale tener una buena razón para despertarme.

—Fabián y Selene tendieron una trampa contra Ángela. La drogaron. Hay ciertos asuntos que no puedo manejar directamente, y desde el extranjero tú tienes más libertad para actuar.

Un estrépito resonó al otro lado de la línea.

—¡¿Para qué demonios sirves?! Controlas media capital y aun así permitiste que le hicieran algo bajo tus narices. ¿Así es como cuidas a Ángela? Regreso a México ahora mismo.

Gael no encontró una respuesta.

Santiago tenía razón.

Si alguien había logrado lastimar a Ángela dentro de Ciudad de México, él había fracasado en protegerla.

Colgó, permaneció unos segundos con la mirada helada y frotó lentamente las yemas de sus dedos.

Luego hizo otra llamada.

—Fernando, ¿te interesa un negocio?

La voz despreocupada de Fernando Quiroga llegó desde Monterrey, aunque bajo aquel tono se percibía cierta frialdad.

—Gael, en la capital sobran personas dispuestas a negociar contigo. Yo estoy demasiado lejos para meter las manos en tus asuntos.

—Déjate de tonterías. Acaba con las operaciones del Grupo Segovia en Monterrey y quédate con todo.

Gael ya había puesto en marcha sus propios recursos, pero el proceso le parecía demasiado lento.

Quería que el imperio de los Segovia cayera al infierno antes del amanecer.

—¿Me llamas a estas horas solo para regalarme semejante oportunidad?

Fernando parecía incrédulo.

Incluso entre amigos, nadie entregaba gratuitamente un negocio tan valioso.

—Ah, ya recordé. La filial del Grupo Segovia en Monterrey fue levantada por el amor de infancia de tu querida Ángela. ¿Ahora piensas arrebatársela por la fuerza?

Gael rio sin humor.

—Sigo estando mejor que tú. Encerraste a tu canaria en una jaula y ni así has conseguido que te entregue el corazón. No tengo humor para discutir. Mañana por la mañana quiero escuchar que el Grupo Segovia dejó de existir.

Miró fijamente la puerta del área de urgencias.

La espera lo estaba volviendo loco.

¿Por qué tardaba tanto León?

¿Acaso era un médico incompetente?

—Entonces espera las buenas noticias —respondió Fernando con una risa baja antes de colgar.

Fabián jamás imaginó que una decisión impulsada por su deseo destruiría el trabajo de varias generaciones de la familia Segovia.

La puerta del área de urgencias se abrió de madrugada.

León salió primero y varias enfermeras aparecieron detrás empujando la camilla de Ángela.

Gael pasó de largo junto al médico y corrió hacia ella.

La palidez de su rostro le provocó un dolor profundo.

León observó la escena y suspiró.

El amor era una cosa extraña. Convertía en idiotas incluso a los hombres más inteligentes.

Se acercó y le dio una palmada en el hombro.

—Nunca había visto una sustancia como esta. Será mejor que investigues de dónde salió. Está débil, pero no encontramos ningún otro daño.

A la mañana siguiente, Ángela despertó con todo el cuerpo adolorido y sin fuerzas.

Abrió los ojos con dificultad.

Alguien le sostenía la mano con tanta fuerza que casi le dolía.

Volteó y descubrió a Gael dormido junto a la cama.

Tenía el ceño fruncido. Incluso dormido se aferraba a ella, como si temiera que desapareciera en cuanto la soltara.

Ángela conservaba recuerdos borrosos de lo ocurrido.

Si Gael no hubiera llegado a tiempo, el daño habría sido irreparable.

Retiró la mano con cuidado y se levantó con la intención de cubrirlo con una chamarra.

Apenas se puso de pie, Gael despertó sobresaltado.

Al verla frente a él, la envolvió de inmediato entre sus brazos.

—Angie, perdóname. No supe protegerte. Don Octavio está bien, te lo prometo.

Gael conocía la preocupación que la atormentaba.

Lo único que podía hacer era resolver cada uno de sus temores para permitirle descansar.

Ángela no alcanzaba a ver el enrojecimiento de sus ojos.

Desde que se enteró de que Fabián se la había llevado, Gael había vivido con el corazón paralizado por el miedo.

Ella le devolvió el abrazo y acarició lentamente su espalda.

Sabía que él podía ser obsesivo. Seguramente había pasado todas aquellas horas al borde del colapso.

—No fue tu culpa. Ellos actuaron con crueldad y engaño.

Su voz lo tranquilizó poco a poco.

Entonces Ángela recordó que Selene había utilizado la salud de su abuelo para atraerla a la trampa.

La rabia oscureció sus ojos.

—Esta vez voy a destruir la reputación de Fabián y Selene.

Gael besó suavemente su cabello.

—No te preocupes. El Grupo Segovia ya no existe ni en Ciudad de México ni en Monterrey. También mantengo vigilados a Fabián y Selene.

Su voz se volvió fría.

—Haz con ellos lo que quieras. Yo limpiaré lo que quede. Si esta ciudad debe ponerse de cabeza, seré yo quien decida hasta dónde.

Ángela mantuvo el rostro inexpresivo.

Le enfurecía haber sentido compasión.

Tenía en las manos pruebas suficientes para destruirlos, pero su debilidad casi la había condenado a una pesadilla.

Incluso había estado a punto de olvidar todo el daño que los dos le causaron en su vida anterior.

Después de reflexionar, pidió a Gael que enviara el informe de ADN y algunas capturas del video a Nora, la madre de Fabián, y a los medios.

Quería que ninguno de los dos pudiera volver a mostrar el rostro en público.

Una vez dadas las instrucciones, Ángela comenzó a prepararse para regresar a casa.

Iba a mandar a Gael fuera de la habitación para cambiarse, pero él la detuvo.

—Todavía no puedes irte. Necesitas descansar.

Ángela lo miró, confundida por su tono autoritario.

Sin embargo, cada vez que pensaba en Selene drogando a su abuelo, el pecho se le llenaba de angustia.

Gael comprendió lo que sentía y suspiró.

—Quédate acostada. Luna llegará en cualquier momento. Don Octavio está protegido en la residencia Montenegro. Iré por él y lo traeré.

Ángela obedeció y volvió a recostarse.

Las sombras bajo los ojos de Gael le apretaron el corazón.

Él llevaba toda la noche sin dormir y todavía estaba dispuesto a cruzar la ciudad para tranquilizarla.

Ángela tiró suavemente de la orilla de su saco, se recorrió hacia un lado y dejó espacio para otra persona en la cama.

—Gael, puedo llamar al abuelo más tarde. Él también necesita descansar.

Al ver la forma en que ella lo miraba, Gael fue incapaz de negarse.

Se acostó a su lado.

—Duerme. Cuando despiertes, todo habrá terminado.

Los dos cayeron en un sueño profundo.

Ángela despertó primero.

Levantó la cabeza y contempló el atractivo rostro de Gael.

Sin darse cuenta, comenzó a seguir sus facciones con la punta del dedo.

Las pestañas de él temblaron.

Cuando Ángela intentó retirar la mano, Gael la atrapó.

La devoción que todavía brillaba en los ojos de Ángela llenó de golpe el vacío que él había cargado durante tantos años.

—¿Cuándo despertaste? —preguntó ella antes de besarle suavemente la barbilla.

—Antes que tú. Estaba descansando con los ojos cerrados cuando sentí cosquillas. No sabía que una gatita estaba jugando conmigo.

La voz de Gael, grave y áspera después de dormir, hizo que un escalofrío recorriera a Ángela.

Nunca había imaginado que la voz de un hombre pudiera resultar tan seductora.

Alguien llamó a la puerta.

Ángela se puso nerviosa e intentó levantarse de la cama.

Gael comprendió su vergüenza.

Se incorporó con calma y la envolvió por completo con la cobija.

—Angie, volvamos a casa esta noche. Te he extrañado.

Caminó hacia la puerta y abrió.

—Don Octavio, qué bueno que vino. Ángela todavía está descansando.

El anciano lo miró con evidente disgusto y entró en la habitación.

Cuando vio el color saludable en el rostro de su nieta, al fin pudo respirar tranquilo.

—Pequeña, ¿estás bien? Tu abuelo fue demasiado descuidado.

—Abuelo, ¿tú estás bien? Yo debí cuidarte mejor.

Los dos hablaron al mismo tiempo y después sonrieron.

Ángela se sentó de inmediato y examinó a su abuelo de arriba abajo. Solo se relajó cuando comprobó que no tenía ninguna lesión.

Gael supuso que necesitaban hablar a solas.

—Angie, don Octavio, todavía tengo algunos asuntos pendientes. Dejé gente de seguridad afuera. Si necesitan algo, solo tienen que llamarlos.

Don Octavio respondió con un resoplido.

Ángela encontró extraña su actitud. Su abuelo siempre había sentido aprecio por Gael.

—Abuelo, ¿Gael hizo algo que te molestara?

—¡Te ocurrió algo así en plena capital! ¿Para qué sirven todos esos hombres que lleva años entrenando? Ni siquiera son tan útiles como tu padre, que casi nunca está en casa.

Ángela sonrió con impotencia.

—Todo sucedió de repente. No fue culpa de Gael. Además, si no hubiera llegado a tiempo, quizá...

El cuerpo comenzó a temblarle sin control ante la posibilidad.

Don Octavio se detuvo de inmediato para no despertar más recuerdos dolorosos.

—Angie, Selene ya no puede quedarse con la familia. Tal vez debamos enviarla al extranjero.

—Abuelo, yo... Será mejor que veas esto.

Ángela abrió en el celular las fotografías del informe y se lo entregó.

Don Octavio revisó el contenido y negó varias veces con la cabeza.

—Qué desgracia. ¿Qué piensas hacer?

—Ya envié el informe a los medios y a Nora.

Don Octavio se limitó a suspirar.

No volvió a decir una palabra.

Gael salió del hospital y condujo directamente hacia la residencia Montenegro.

Había cuentas que debían saldarse.

Su expresión era sombría, afilada y peligrosa.

Cuando abrió la puerta del sótano, un olor espeso a sangre lo golpeó.

Bravo Dos se acercó con respeto.

—Señor, Fabián solo dijo que Selene le entregó la sustancia. Y ella parece haber perdido la razón por el miedo.

¿Había enloquecido?

El juego apenas comenzaba.

Gael se sentó en un banco, a cierta distancia, y cruzó las piernas.

Contempló a Fabián, reducido a una figura irreconocible.

—No pensaba acabar por completo contigo, Fabián. Pero ¿cómo te atreviste a usar un método tan miserable?

Fabián estaba encadenado por el cuello a una columna.

Había perdido la vista y tenía los brazos rotos. Solo podía arrastrarse por el suelo con ayuda de las piernas.

—Señor Montenegro, me equivoqué. Selene me engañó. Por favor, déjeme ir.

Siempre había oído que Gael era despiadado y que quienes lo ofendían desaparecían sin dejar rastro.

Fabián creyó que aquellas historias eran exageraciones.

De haber conocido la verdad, nunca se habría acercado a Ángela.

—¿Dejarte ir?

Una sonrisa sanguinaria apareció en los labios de Gael.

—Claro. Voy a enviarte fuera de aquí ahora mismo.

Hizo una señal a Bravo Dos.

El guardia sujetó a Fabián, le abrió la boca por la fuerza y vació dentro un frasco pequeño de pastillas.

—Al señor Segovia le gustan tanto las drogas que merece comprobar personalmente sus efectos.

Fabián sacudió la cabeza con desesperación y apretó los labios, pero Bravo Dos le forzó la mandíbula hasta obligarlo a tragar.

Poco después, Fabián comenzó a retorcerse en el suelo.

Gael observó la escena con frialdad y repulsión.

—Llévalo al lugar que le corresponde. Y no permitas que te toque.

—Sí, señor.

Bravo Dos lo arrastró como si fuera basura.

Gael dirigió la mirada hacia Selene, quien temblaba en un rincón.

Se acercó sin prisa, la sujetó por el cabello y la obligó a levantar el rostro.

Los ojos de Selene parecían vacíos.

Repetía una misma frase una y otra vez.

—No sé nada. Yo no sé nada.

Los ojos de Gael se volvieron de hielo.

Jugó unos segundos con un cuchillo y después apoyó la hoja contra el cuello de Selene.

—No importa si en verdad perdiste la razón o solo estás fingiendo. Vas a pagar por lo que hiciste.

Movió el cuchillo y le abrió una herida en cada mejilla.

Selene se estremeció de dolor.

En lugar de apartarse, se aferró con fuerza a la pierna de Gael.

—Je, je... ¿Viniste a salvarme?

Gael la contempló con desprecio y sonrió sin calidez.

La pateó con fuerza.

Selene se estrelló contra la pared y perdió el conocimiento.

Gael llamó a uno de los guardias, le dio instrucciones al oído y salió del sótano.

Cuando Selene despertó, el equipo de seguridad la arrastró fuera de la propiedad.

La llevaron hasta una zona montañosa y deshabitada, donde la dejaron atada.

Uno de los hombres la observó con una sonrisa.

—A ver cuánto tiempo sobrevives sola.

Cuando el guardia regresó para informar que la orden estaba cumplida, Gael dibujó una sonrisa imposible de interpretar.

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maria fernanda ortega ruiz
maravillosa historia 🥰
Alix Sarmiento
Angela es cautelosa porque crío un cuervo y le saco los ojos
Alix Sarmiento
muy bueno excelente
Alix Sarmiento
que familias tan complicadas
veritoo❤️
falta saber q paso con Nicolás y Leonardo a ver si x fin deja la soltería ..muy bna exelente novela
Alix Sarmiento
👏
Alix Sarmiento
muy buena, pero no sé puede dejar manipular
Flor R
super woooo me super encanta bendiciones autora 🍷
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