"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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¡Eres rica! ¡Rica!
Después de que Johan me dejara en casa de Regina, decidí no contarle nada sobre mi encuentro con Armando; no quería amargarle la noche a ella ni arruinar la mía. Además, las barbaridades que él había dicho no tenían ninguna relevancia.
Cuando los niños me vieron llegar, dejaron de lado la televisión y corrieron a abrazarme. Sonreí ante su gesto mientras pensaba que, con ellos a mi lado, todo estaría bien.
— Mamá, ¿por qué demoraste tanto? —preguntó Karina haciendo un tierno puchero—. Te extrañé.
Deslicé mi mano por sus cabellos mientras miraba sus pequeños y angelicales ojos verdes, aún con ese deje de vulnerabilidad que me encogía el corazón. Me dolía ver a mi hija así. Después de todo, estaba acostumbrada a verla reír y saltar llena de energía, no a esta versión tan tranquila y cautelosa.
— Tenía algunas cosas que hacer, pero ya estoy aquí, cariño. Vamos, deja de poner esa carita y mejor dime qué peinado quieres que te haga mañana.
— ¡Quiero el peinado de Elsa, por fis! —me pidió dándome un fuerte abrazo—. Quiero ser la niña más linda de todas.
— Está bien, lo serás, mi muñequita.
— Vas a parecer una linda princesa de cuento de hadas —añadió Regina mientras se levantaba del sofá y se acomodaba frente a nosotros.
— La más bonita —agregó Kian mientras se sentaba a mi lado y me tomaba la mano—. Mami, yo quiero que me cortes el cabello. Me tapa un poco los ojos y no puedo ver bien.
— Está bien, mi amor —le dije mientras lo atraía hacia mis brazos—. Te dejaré tan guapo como Batman.
Mientras los llenaba de mimos bajo la mirada afectuosa de Regina, recordé que llevaba unos chocolates en mi bolso. Al sacudirlo sobre la mesa para buscarlos, tiré todo lo que tenía guardado, que no era mucho: un labial, un peine, los chocolates y el boleto de lotería que le había comprado a la ancianita por pura lástima.
— ¡Chocolates! ¡Hay uno con relleno de fresa! Sin duda alguna, mamá es la que más nos quiere —comentó Karina llena de alegría.
Kian asintió ante sus palabras mientras tomaba uno con timidez.
— Me gusta este —dijo señalando el de sabor a coco.
— Yo quiero todos los de fresa —sentenció Karina, acaparando incluso los que eran de otros sabores.
— Hay suficientes para los dos y ya saben que se deben repartir en partes iguales —les recordé, haciendo que ambos asintieran y se pusieran a contar los dulces muy concentrados.
Regina, al notar la distracción de los niños, miró con curiosidad el boleto de lotería que había quedado sobre la mesa y lo recogió.
— ¿Cuándo compraste esto? —me preguntó.
— De casualidad. Debería tirarlo a la basura —le dije arrugando la nariz.
— ¿No lo vas a revisar?
— No creo haber ganado nada, no tengo esa suerte —respondió risueña—. Nunca gano nada ni en los bingos ni en las rifas. Además, creo que esos juegos son una estafa. Vamos, ¿quién regala tanto dinero? Esta vez creo que el premio mayor era de tres millones.
— Siempre tan incrédula. Si no te importa, lo revisaré por ti. ¿Quién sabe si tu suerte ya cambió? —mencionó Regina sacando su celular.
— Bueno, aunque solo vas a perder el tiempo —accedí con una sonrisa.
Mientras Regina buscaba los resultados del último sorteo en internet, pareció recordar algo importante.
— Por cierto, me había olvidado de contarte —dijo en voz baja, asegurándose de que los niños siguieran entretenidos.
— ¿Qué cosa?
Regina esbozó una sonrisa llena de desdén.
— Hoy un cliente del taller me contó algo que me dejó con la boca abierta. Resulta que anda circulando un chisme por todo el barrio sobre Armando y esa mujer. Dicen que ella es la nieta del dueño de las industrias Ferrari, ¿puedes creerlo? Pero el abuelo, al descubrir que la niñita se metió con un hombre casado y con hijos, la desheredó de inmediato.
— ¿Qué?
Me quedé helada, intentando procesar la información. ¿Quién era la nieta de quién?
— Vamos, Karla, atando cabos es evidente: Armando se metió con ella solo por su apellido y su dinero. Por eso se atrevió a tratarte con semejante arrogancia, porque pensaba que tenía el respaldo de una familia multimillonaria. Ese imbécil creyó que iba a escalar socialmente de la noche a la mañana. Sin embargo, el tiro le salió por la culata, porque lo último que escuché es que a esa mujer le cancelaron absolutamente todas las tarjetas de crédito.
Me solté a reír, negando con la cabeza. Era la definición perfecta de justicia divina. Armando se había quedado sin esposa, sin la custodia de sus hijos y atrapado con una mujer desheredada y caprichosa.
¿Qué habrá pasado por su mente para tirar más de 10 años de relación a la basura solo por el dinero?
— Vaya... parece que el dinero fácil no existía para él después de todo —comenté, disfrutando de la ironía.
— Definitivamente —dijo Regina, bajando la mirada hacia la pantalla de su teléfono donde ya cargaba la página de la lotería—. A ver, veamos estos números... El boleto dice: 0-7-1-5-9-2.
Se hizo un silencio repentino en la sala. El tecleo de Regina se detuvo.
¿Qué le pasaba? ¿Acaso está decepcionada de que no haya ganado ni un dólar?
Pasaron tres segundos. Luego cinco. Esto ya me estaba preocupando. Regina se quedó completamente paralizada, con los ojos desorbitados fijos en la pantalla de su teléfono y la boca entreabierta. La sonrisa burlona que tenía por el chisme de Armando desapareció en un instante, reemplazada por una palidez absoluta.
— ¿Regina? —pregunté al ver su reacción—. ¿Qué pasa? Te dije que no nos habíamos ganado ni un centavo, no te ponga triste… Mi papá siempre me ha dicho que no hay camino fácil en este mundo, él odiaba todos los juegos de azar, y aquel su padre perdió todo por causa de eso.
— Karla... —susurró Regina con la voz temblorosa deteniendo por completo mi divagación, luego levantó despacio la mirada hacia mí—. Dime que estoy leyendo mal. Por favor, dime que estoy viendo visiones.
— ¿De qué hablas? —insistí, sintiendo que un extraño cosquilleo me recorría la espalda.
Regina volvió a mirar el papelito arrugado que sostenía en la mano, luego a la pantalla del celular y finalmente a mí, con las manos temblándole tan fuerte que casi deja caer el teléfono.
— El premio mayor de los tres millones... Karla, tienes los seis números exactos. ¡Eres rica! ¡Rica!
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.