Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
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familias
La casa de la tía Leti quedaba en Guadalupe, a 40 minutos de la uni en camión. Era una casa pequeña, de dos pisos, con virgen en la entrada, con olor a frijoles siempre. Greicy llegó con Luis de la mano, con el acta en una carpeta de plástico que había comprado en la papelería por 10 pesos, como si eso la hiciera más formal.
Leti los esperaba en la sala, con los brazos cruzados, con su rosario en la mano, con cara de que había llorado.
"¿Es verdad?", dijo sin saludar.
Greicy respiró hondo. "Sí, tía."
Leti miró a Luis de arriba a abajo. Luis traía su mejor camisa, la única que no estaba arrugada, y se había peinado con gel. Parecía un niño que va a pedir perdón en la dirección.
"¿Tú quién eres?"
"Soy Luis, señora. Luis Salinas. Soy... soy su esposo. De Greicy."
"¿Esposo? ¿Tú sabes cuántos años tienes? ¿Sabes lo que es mantener una casa? ¿Sabes lo que es un matrimonio?"
"Sí, señora. Bueno, estoy aprendiendo. Pero quiero a su sobrina. Mucho. Y no me casé por juego. Me casé porque la amo."
Leti lo miró fijo, luego miró a Greicy. "¿Estás embarazada?"
"¡No! ¡Tía, no! ¡Cómo crees!"
"Entonces ¿por qué se casaron así, a escondidas, como delincuentes?"
Greicy le contó todo. El contrato, Iker, la trampa, Sinaloa, el juez. Todo. Sin omitir que había firmado sin leer. Leti escuchaba y su cara pasaba del enojo a la preocupación y de la preocupación al miedo.
Cuando terminó, Leti se sentó. "Mija, te engañaron. Ese Iker es un sinvergüenza. Pero ya estás casada. Por la ley y por Dios, porque ese juez era real. Ya no hay vuelta atrás fácil."
"Lo sé", dijo Greicy, con lágrimas. "Pero no me arrepiento de casarme con él. Me arrepiento de cómo fue."
Leti se levantó, se acercó a Luis, le puso la mano en el hombro. "¿Vas a cuidar a mi niña?"
"Sí, señora. Con mi vida."
"¿Vas a terminar la carrera?"
"Sí."
"¿Vas a dejar de cantar esas canciones de borracho?"
Luis se rió nervioso. "No son de borracho, señora. Son de amor. Para Greicy."
Leti lo miró un segundo más y luego, para sorpresa de todos, lo abrazó. "Entonces bienvenido, mijo. Pero si le haces algo a mi niña, te mato yo misma y luego le rezo a Dios para que me perdone."
Greicy lloró, pero de alivio. Su tía la había aceptado. Y había aceptado a Luis.
Con la mamá de Luis fue diferente. La señora Maribel era más joven, más moderna, pero gritaba más fuerte.
"¡Luis Fernando Salinas García! ¡Te casaste a los 19 años! ¡¿En qué cabeza cabe?! ¡¿Y con acta real?! ¡¿Tú sabes lo que cuesta un divorcio?!"
"Mamá, no nos vamos a divorciar", dijo Luis, mientras Greicy se escondía detrás de él en la sala de su casa.
"¿No? ¿Y cómo van a vivir? ¿De amor? ¿El amor paga la renta?"
"No, pero yo trabajo cantando y Greicy da asesorías. Y vamos a vivir en mi depa. Y vamos a terminar la carrera. Mamá, por favor."
Maribel miró a Greicy. Greicy, que siempre tenía respuesta para todo en debates, no tenía palabras. Solo dijo: "Señora, yo amo a su hijo. Sé que fue rápido, pero lo amo. Y voy a cuidarlo."
Maribel suspiró, se quitó los lentes, se talló los ojos. "Ay, mija. Si lo amas, lo vas a sufrir. Porque este es bien terco. Igual que su papá. Bueno, ya qué. Ya están casados. ¿Qué puedo hacer? ¿Quieren mole? Hice mole."
Y así, sin más, fueron aceptados. Con regaños, con miedo, pero aceptados.
Parecía que todo iba a calmarse, hasta que Valeria apareció de nuevo.
Fue en la facultad, al día siguiente. Greicy y Luis estaban en la biblioteca, estudiando juntos, con sus anillos puestos, con fotos de su boda que ya estaban en todos lados. Valeria llegó, con una carpeta también.
"Hola, esposos", dijo con veneno.
Luis se tensó. "Valeria, no es momento."
"Sí es momento. Porque tengo algo que decirte, Luis. Algo que tu esposa debería saber."
Greicy la miró, con odio tranquilo. "¿Qué quieres, Valeria?"
Valeria sacó de la carpeta unos screenshots. Mensajes de Luis de hace un año. Mensajes donde le decía "te amo", "eres todo para mí". Mensajes viejos, de cuando andaban.
"Mira, Greicy, tu esposo hace un año me decía lo mismo que te dice a ti ahora. ¿Cómo sabes que en un año no me va a decir lo mismo a mí otra vez? Luis es así. Se enamora rápido y se desenamora más rápido. Yo lo conozco. Tú no."
Luis se levantó, furioso. "¡Valeria, ya! ¡Eso fue hace un año! ¡Ya no siento nada por ti!"
"¿Seguro? Porque anoche me marcaste. A las 2 de la mañana. ¿No te acuerdas?"
Greicy miró a Luis, con el corazón en la garganta. "¿Le marcaste?"
"No. Yo no le marqué. Estaba contigo en la cabaña."
Valeria le enseñó el celular. Una llamada perdida de Luis a las 2:13 am. Duración 0 segundos.
Luis sacó su celular y revisó. No había llamada. Luego entendió. "Iker. Iker tiene mi celular clonado o algo. O usó mi número. Valeria, te juro por mi mamá, por Greicy, por lo que quieras, que yo no te marqué. Estaba con mi esposa."
Valeria sonrió, porque sabía que había sembrado duda.
Greicy tomó sus cosas, tomó su acta, se puso de pie. No gritó. No lloró. Solo dijo: "Luis, confío en ti. Pero si me entero que me estás mintiendo, este matrimonio que empezó por contrato, se acaba por divorcio. Y te quito hasta la guitarra."
Y se fue.
Luis se quedó con Valeria, furioso. "¿Qué ganas con esto?"
"Ganar tiempo. Porque Iker me dijo que si te separo de ella, me paga para grabar mi disco. Y yo quiero grabar mi disco, Luis. Lo siento, pero tu esposa me cae mal. Es muy... perfecta."
Luis entendió todo. Iker estaba usando a Valeria para separarlos y así cobrar la multa de 500 mil o quedarse con los derechos de la canción. Era un plan redondo.
Esa noche, Luis llegó al depa que ahora compartía con Greicy, un depa pequeño de una habitación que habían rentado juntos con lo que les quedaba. Greicy estaba en la cama, con su playera grande, con el anillo puesto, pero de espaldas.
"¿Me crees?", preguntó él desde la puerta.
Greicy no volteó. "Sí. Pero tengo miedo, Luis. Miedo de que todo esto sea demasiado. Demasiado rápido, demasiado público, demasiado... tenías que ser tú y ahora tengo miedo de que no seas tú."
Luis se acostó detrás de ella, la abrazó, le besó el hombro, el cuello, el pelo.
"Soy yo. Siempre voy a ser yo. Y si tengo que demostrarte cada día que soy yo, lo voy a hacer. Aunque tenga que escribirte una canción diaria."
Greicy se volteó por fin, con los ojos llorosos. "¿Me escribirías una canción diaria?"
"Te escribiría un disco entero."
Y se besaron, reconciliándose otra vez, como siempre, a besos que eran para callarse, para perdonarse, para decirse que se amaban aunque el mundo afuera quisiera separarlos.
Pero afuera, Iker y Valeria ya planeaban el siguiente paso: filtrar a la prensa que la boda había sido falsa y que Greicy estaba embarazada de Iker. Una mentira que podía destruirlos.