Él tiene el imperio, el apellido y el control absoluto. Ella solo buscaba salvar a su familia y terminar atrapada en un trato que nunca pidió. Un contrato frío los une frente al mundo, pero bajo las apariencias de un matrimonio falso se desata una pasión que ninguno de los dos esperaba. Entre secretos familiares, traiciones y un legado que defender, descubrirán que el lazo más fuerte no se escribe en un papel… se graba en el corazón. ¿Podrán dos mundos opuestos construir un amor verdadero, o el poder lo destruirá todo antes de que sea demasiado tarde?
NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 20 UNA AMENAZA QUE VIENE DE LEJOS
Los días siguientes fueron los más tranquilos que habíamos tenido desde que nos casamos. Dante y yo caminábamos por la casa con las manos entrelazadas, nos mirábamos y sonreíamos sin necesidad de palabras, compartíamos cada momento como si el tiempo se nos fuera a acabar. Don Eliseo nos miraba con esa sonrisa tierna y sabia suya, como si supiera desde el principio que acabaríamos así.
Pero la calma, como siempre, no duró mucho.
Era una tarde de viernes. Dante estaba en el despacho revisando unos documentos y yo estaba en la sala ayudando a Don Eliseo a organizar unos libros antiguos cuando Clara entró con una bandeja en las manos, con el rostro pálido y los ojos muy abiertos.
—Disculpen… esto acaba de llegar por la ventana de la cocina. Lo tiró alguien desde fuera. No vi quién era.
En la bandeja había un sobre de papel manila, sucio y arrugado, sin remitente, sin nombre escrito en el frente. Don Eliseo lo tomó con manos que de repente parecieron más lentas, más temblorosas. Lo abrió con cuidado.
Sacó un trozo de papel. Era una nota escrita con letras recortadas de periódicos, pegadas una por una para que no pudieran identificar la letra.
> **"SIGAN BUSCANDO LA VERDAD Y LO PERDERÁN TODO. ESTO ES SOLO EL AVISO. LA SANGRE NO SE OLVIDA. CUIDADO CON QUIÉN CONFÍAN."**
Se me heló la sangre. Leí las palabras una y otra vez, sintiendo cómo el aire se me hacía denso, difícil de respirar. *"La sangre no se olvida."* Eso sonaba a algo mucho más grande que unas fotos falsas o unos celos. Eso sonaba a lo que la carta del padre de Dante mencionaba. Algo antiguo. Algo peligroso.
—Dante —dije, alzando la voz sin darme cuenta—. Tengo que llamar a Dante.
Salí corriendo del salón y subí las escaleras de dos en dos. Entré sin llamar al despacho. Él estaba de pie junto a la ventana, con un teléfono en la mano, pero se giró de inmediato al verme entrar con el rostro alterado.
—¿Qué pasa? ¿Te ha pasado algo?
—Mira —le dije, acercándole la nota con manos que temblaban.
La tomó. La leyó. Y vi cómo el color se le iba del rostro poco a poco. Sus dedos apretaron el papel con fuerza, hasta arrugarlo.
—Esto… esto es serio —murmuró, más para sí mismo que para mí—. Esto no es Victoria. No es Sofía. Ellas juegan con mentiras, con celos, con apariencias. Esto… esto es otra cosa.
—¿Crees que tiene que ver con tus padres? —pregunté, bajito, aunque ya sabía la respuesta.
Dante asintió lentamente. Se pasó una mano por el cabello, frustrado, preocupado.
—Mi padre escribió en esa carta que alguien cercano quería silenciarlo. Que el mal estaba dentro de la familia. Si esa persona sigue ahí… si sabe que estamos buscando respuestas…
Se acercó a mí y me tomó de los hombros con firmeza, mirándome fijamente a los ojos.
—Prométeme que no te alejarás de la casa sin mí o sin seguridad. Prométeme que no hablarás con nadie que no conozcas. No sé de quién se trata, no sé hasta dónde llegarían. Y no te voy a perder, Aitana. No soportaría que te hicieran daño.
—Prometo —dije, y aunque tenía miedo, la firmeza de sus manos en mis hombros me dio fuerzas—. Pero no vamos a dejar que esto nos detenga, ¿verdad? Tenemos que saber la verdad. Por tus padres. Por nosotros.
Dante me miró un largo momento. Luego asintió, con esa determinación que tanto admiraba en él.
—Sí. Vamos a saber la verdad. Pero lo haremos con cuidado. Álvarez aumentará la vigilancia alrededor de la casa. Nadie entra sin que yo lo sepa. Y nadie sale sin protección.
Esa noche, mientras nos acostábamos, no pudimos dormir mucho. Dante me abrazaba con más fuerza de lo habitual, como si temiera que desapareciera si se dormía. Yo escuchaba los latidos de su corazón, sintiendo cómo se aceleraba de vez en cuando, sabiendo que su mente estaba lejos, en aquel pasado oscuro que empezaba a revelarse poco a poco.
—Aitana —dijo en la oscuridad, casi un susurro—, si algo me pasara a mí… quiero que te vayas. Que te lleves a Lucía y te alejes de esta familia. No quiero que te arrastre conmigo a este infierno.
Me aferré más a él, negando contra su pecho.
—No digas eso. No me voy a ir. Estamos juntos. Contra todo. ¿No lo dijiste tú?
Suspiró, y sentí cómo besaba la parte superior de mi cabeza.
—Lo dije. Y lo mantengo. Pero tengo miedo de que pagues tú por los errores de esta familia. Por algo que no es tuyo.
—Yo soy parte de esta familia ahora —le recordé—. Y mi familia no se rinde.
Guardó silencio. Luego su mano acarició mi espalda, despacio, reconfortante.
—Eres lo mejor que me ha pasado. ¿Lo sabías?
—Tú también —le susurré.
Pero por más que nos abrazamos, por más que nos dijimos palabras de amor, la sombra de esa nota seguía flotando en la habitación, fría y oscura. Alguien nos estaba vigilando. Alguien sabía lo que estábamos haciendo. Y nos estaba advirtiendo que paráramos.
Pero Dante tenía razón. Las hermanas Montalvo eran molestias, pero esto era algo mucho más grande. Mucho más peligroso.
Y la verdad, me dije mientras cerraba los ojos abrazada a él, estaba más cerca que nunca. Con todo lo que eso implicaba.