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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 Lo que el silencio deja ver

Pasaron así varias semanas más.

El acuerdo se mantenía firme: no había frases entre nosotros que no tuvieran por nombre a la niña.

Sin embargo, el aire dentro de la casa ya no pesaba igual; se había suavizado poco a poco, como cuando cesa la lluvia y queda limpio el camino.

Una tarde llegó Nicolás más temprano.

Traía en la mano un pequeño paquete y se detuvo junto a la mesa donde la niña pintaba.

Lo puso delante de ella y dijo bajito.

—Traje esto para ti.

Al abrirlo apareció un vestido nuevo, de un tono rosado muy suave, igual al de las rosas del jardín.

La niña aplaudió contenta, pero luego levantó la vista y preguntó.

—¿Y le queda bien a Valeria también?

Es el color de mamá.

Nicolás se giró hacia mí por impulso, pero recordó nuestra promesa y bajó la mirada de inmediato.

Solo dijo, dirigiéndose a ella.

—Es el que más le gustaba a ella, sí.

Yo solo asentí sin añadir nada.

Pero él se quedó mirando la tela entre los dedos de la niña, con una expresión extraña, como si algo se le moviera dentro del pecho y no supiera nombrarlo.

Más tarde, cuando la pequeña dormía la siesta, se le cayó del bolsillo un viejo llavero mientras se quitaba el abrigo.

Era de madera, con dos iniciales grabadas profundamente: N y N.

Lo vi caer y lo recogí antes de que tocara el suelo.

Sin pensarlo, pasé el dedo suavemente sobre las letras, igual como hacía años atrás.

Él lo vio justo en ese instante y se detuvo helado.

Se acercó despacio, lo tomó de mi mano sin rozarme los dedos y dijo solo lo indispensable.

—… Nadie sabía qué significaban esas letras.

Solo ella.

—Son dos nombres iguales —respondí bajito, sin levantar la vista.

No hubo más palabras.

Pero su respiración se entrecortó un momento.

Se marchó sin decir nada más, aunque se quedó apoyado unos instantes en el marco de la puerta, confundido.

Al día siguiente llovió fuerte otra vez.

El viento movió la persiana del cuarto de la niña y él fue a arreglarla.

Al llegar junto a la ventana, vio que yo ya lo había hecho: había puesto exactamente el mismo trozo de goma que él usaba para que no golpeara, del mismo modo que lo aprendí cuando vivíamos juntos.

Se quedó observándolo largo rato, luego salió y me dijo solo.

—… Quedó bien.

No hace ruido.

—No debe despertarla —fue mi respuesta breve.

A media tarde buscó unos papeles importantes sobre la mesa, pero estaban ordenados de una forma que no reconocía.

—… ¿Quién movió mis planos?

—preguntó con tono serio.

—Los ordené por fecha y por zona de la obra —dije sin levantar la vista de lo que hacía—.

Así es más fácil encontrar el último de Maipú.

Se quedó callado.

Sabía que nadie más conocía el orden en que trabajaba, ni qué proyecto tenía en esa zona.

Pero no preguntó más.

Solo guardó silencio, con la mirada fija en mí mucho más tiempo de lo que se atrevía antes.

Por la noche, mientras cenábamos, la niña habló alegre.

—Valeria hace todo igual que mi mamá.

Acomoda las cosas iguales, canta igual, me abraza igual.

¿No te parece, papá?

Nicolás se quedó inmóvil sobre su silla.

Me miró a los ojos por primera vez sin apartarse enseguida.

Había en su mirada miedo, esperanza, incredulidad, todo revuelto.

Pero recordó mi petición y no pronunció ninguna pregunta hacia mí.

Solo dijo a su hija.

—A veces la vida nos trae personas que se parecen mucho a lo que amamos.

Eso es una suerte.

Se levantó y se fue al balcón.

Yo lo seguí con la mirada.

Sabía que esas pequeñas cosas iban llenando su cabeza de dudas, pero todavía no estaba listo para escuchar la verdad, ni yo para decírsela rompiendo lo acordado.

Así terminó ese día.

Sin palabras de más, sin confesiones, solo con esas piezas que encajaban demasiado bien para ser azar.

Nicolás empezaba a sentir en el alma algo que su razón no aceptaba todavía: que lo que tenía delante no era una simple coincidencia, sino el regreso de todo lo que creyó perdido para siempre.

Y mientras él luchaba por entenderlo, yo seguí cumpliendo mi parte: cuidar, estar, esperar, sin pedir nada a cambio, solo por nuestra hija.

 

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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