⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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Resistencia
La distancia entre sus rostros era tan corta que Tae-jun podía sentir el calor irradiando de la piel de Min-hyuk. El aroma a tormenta eléctrica y cedro amargo del Alfa robusto intentaba aplastarlo, envolviéndolo como una red pesada. Cualquier otra persona se habría encogido, intimidada por la imponente presencia física del heredero del Grupo Min.
Pero Tae-jun no era cualquier persona.
En lugar de apartarse o mostrar la más mínima señal de debilidad, Tae-jun sostuvo la mirada. Sus ojos se entornaron, brillando con una luz oscura y calculadora. Una sonrisa sutil, casi imperceptible, se dibujó en sus labios carnosos. No había miedo en él; había un desprecio soberano, una confianza absoluta que desarmó por completo la postura dominante de Min-hyuk.
Tae-jun se inclinó apenas un milímetro hacia adelante, redoblando la apuesta. Dejó que su propio aroma a tabaco dulce y cereza negra se concentrara al máximo, volviéndose tan denso y afilado como una navaja. Fue una descarga directa a los sentidos de Min-hyuk, una demostración de que sus feromonas no se iban a doblegar ante nadie.
—¿Hambre voraz? —susurró Tae-jun. Su voz sonó suave, melodiosa, pero arrastrando un veneno letal que pareció congelar el aire—. Qué lástima, Min-hyuk. Es una pena que tengas el apetito de un rey pero las capacidades de un mendigo. Si buscas algo fácil de digerir, te sugiero que vayas a lamer las sobras de otra mesa. Conmigo solo vas a conseguir romperte los dientes.
Las palabras cayeron como bloques de hielo. Tae-jun no esperó a ver la reacción en el rostro de Min-hyuk, aunque notó perfectamente cómo la mandíbula cuadrada del Alfa robusto se tensaba al límite y cómo sus pupilas se dilataban por la sorpresa y la furia.
Con un movimiento perezoso, Tae-jun se levantó de la silla. Su cuerpo estilizado se movió con la gracia de un depredador que ya ha ganado la partida. Se acomodó el saco del traje gris con un par de toques elegantes, recogió su tableta de la mesa con un solo movimiento de sus dedos largos y caminó hacia la salida.
No aceleró el paso. Cada una de sus pisadas resonaba firmemente en el suelo de la sala de juntas, marcando su ritmo. Al llegar a las puertas dobles, se detuvo un segundo, miró de reojo sobre su hombro y regaló una última mirada de superioridad antes de desaparecer por el pasillo. Salió de la Torre Kim como un verdadero rey que acababa de reclamar su trono, dejando el ambiente impregnado con el rastro dulce y peligroso de su cereza negra.
En la sala vacía, Min-hyuk se quedó de pie, inmóvil. Sus manos seguían apoyadas en la mesa, pero sus dedos se habían curvado con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. El aire todavía vibraba con el veneno de Tae-jun. Min-hyuk soltó un bufido, una risa seca que se transformó en un gruñido bajo. Nadie, absolutamente nadie, se había atrevido nunca a hablarle de esa manera. El orgullo de su casta de Alfa dominante ardía, pero en medio de ese enojo, una chispa de obsesión pura comenzó a encenderse en su pecho. Ese Alfa pálido y elegante no solo era un rival comercial; era un desafío que su instinto ahora necesitaba conquistar a cualquier precio.
Tres días después, la oportunidad de volver a cruzarse se presentó en el lugar menos pensado, pero más predecible para la élite de la ciudad: El Santuario.
El Santuario era un club nocturno privado, exclusivo para millonarios, políticos y herederos de las grandes corporaciones. Escondido detrás de una fachada de paredes negras en el barrio más costoso de la capital, el club era un mundo aparte. Adentro, las luces de neón en tonos violetas y azules cortaban la oscuridad, creando una atmósfera de misterio y pecado. La música electrónica sonaba a un volumen perfectamente calculado: lo suficientemente baja para permitir los negocios privados, pero lo suficientemente vibrante para encender los sentidos.
El club estaba diseñado para el deleite de los Alfas de la alta sociedad. Por los pasillos de alfombras mullidas y los sillones de terciopelo, docenas de Omegas hermosos, vestidos con prendas de seda y encaje transparentes, joyas brillantes, se movían como figuras de humo. Muchos de ellos se refregaban descaradamente contra los brazos de los Alfas en las mesas VIP, ronroneando sutilmente y liberando feromonas dulces para llamar su atención, buscando asegurar un patrocinio, un matrimonio o simplemente el favor de un hombre poderoso. Otros acompañaban a los socios más viejos, sirviendo copas de licores caros con sonrisas ensayadas.
Min-hyuk estaba sentado en uno de los palcos más altos, rodeado por tres de sus socios comerciales y su hermano menor. Una hermosa Omega de cabello castaño intentaba llamar su atención, rozando suavemente su hombro con el pecho y liberando un aroma a vainilla que a cualquier otro hombre habría vuelto loco.
Sin embargo, Min-hyuk la ignoraba por completo. Sostenía un vaso de cristal con whisky y hielo, pero sus ojos oscuros no se apartaban de la entrada del club. Desde la tarde de la reunión, la voz sibilante de Tae-jun y su olor a tabaco dulce no lo habían dejado en paz. Había rechazado a dos Omegas esa misma semana porque sus aromas le parecían insípidos y aburridos comparados con la intensidad de la cereza negra.
De repente, la entrada principal del palco VIP se abrió.
Tae-jun entró acompañado por dos de los directores de su empresa. Esta vez no vestía el traje formal de la oficina. Llevaba unos pantalones negros ajustados que remarcaban sus piernas largas y una camisa del mismo color, ligeramente abierta en el pecho, dejando ver la palidez de su clavícula. Su cabello largo caía suelto, brillando bajo las luces violetas del club.
El efecto de su entrada fue inmediato. Varios Omegas que estaban cerca de la barra se giraron a mirarlo, atraídos por la estampa perfecta del Alfa. Incluso un par de ellos intentaron acercarse, caminando con pasos sugerentes y dejando caer sus aromas florales para llamar su atención.
Tae-jun los esquivó con una cortesía fría, sin siquiera mirarlos. Su mirada barrió el lugar hasta que, inevitablemente, chocó con la de Min-hyuk en la parte alta.
La chispa de la competitividad se encendió al instante, mucho más fuerte que en la sala de juntas. El ambiente del club, lleno de cuerpos sumisos y alcohol, empujaba sus instintos más primarios hacia la superficie.
Min-hyuk vio cómo un Omega de ojos grandes se armaba de valor y se interponía en el camino de Tae-jun, ofreciéndole una copa con una mirada cargada de intenciones. Una oleada extraña de posesividad y celos territoriales golpeó el estómago de Min-hyuk. No quería ver a nadie más cerca de ese Alfa. Sin pensarlo dos veces, Min-hyuk dejó su vaso sobre la mesa, apartó suavemente a la Omega que estaba a su lado y se levantó de su asiento.
—Voy por aire —le dijo a sus socios, con una voz tosca que no admitía preguntas.
Tae-jun, abajo, vio perfectamente el movimiento. Vio cómo el Alfa imponente bajaba las escaleras del palco, abriéndose paso entre la multitud como un camión sin frenos. El olor a tormenta eléctrica y cedro amargo comenzó a filtrarse a través del aire perfumado del club, apagando los aromas de los Omegas de alrededor.
En lugar de alejarse, Tae-jun despidió a sus acompañantes con un gesto de la mano y caminó hacia una de las zonas más apartadas del club, un pasillo de paredes oscuras iluminado solo por una línea de neón azul que llevaba a los balcones privados. Sabía que Min-hyuk lo estaba siguiendo. Lo sentía en la vibración del aire, en el calor que volvía a encenderse bajo su propia piel.
Tae-jun se detuvo al final del pasillo, apoyando la espalda contra la pared fría, cruzando los brazos sobre el pecho. Un segundo después, la enorme figura de Min-hyuk dobló la esquina, llenando el espacio con su sola presencia.
—Vaya, parece que el mendigo encontró el camino al palacio —provocó Tae-jun en cuanto lo tuvo cerca, usando un tono burlón, aunque su corazón dio un salto sutil al oler el cedro amargo tan de cerca.
Min-hyuk no respondió de inmediato. Avanzó hasta quedar a solo unos pasos de distancia. Sus ojos recorrieron la camisa abierta de Tae-jun, deteniéndose en la piel pálida de su cuello. La cercanía en ese pasillo oscuro era peligrosa, casi asfixiante.
—Te estuve buscando toda la noche —dijo Min-hyuk, dando un paso más, acortando la distancia al mínimo—. Y no vine a buscar sobras. Vine a ver si eres tan valiente aquí adentro como lo eres en tu sala de juntas. Los Omegas de allá afuera se mueren por un poco de atención, pero tú... tú pareces muy ocupado intentando morder el aire con tus feromonas cada vez que me ves.
Tae-jun soltó una risa suave, enderezando la espalda. Su aroma a cereza negra estalló en el pasillo, envolviéndose de inmediato con el olor a tormenta de Min-hyuk. La mezcla de ambos perfumes en un espacio tan cerrado era embriagadora, una combinación salvaje de dulce y amargo que hacía que a ambos se les secara la boca.
—Esos Omegas no tienen nada que me interese —replicó Tae-jun, dando un paso al frente de manera desafiante, quedando tan cerca que sus pechos casi se tocaban—. Son débiles. Y a mí no me gusta lo débil. Me gusta lo que opone resistencia.
Min-hyuk estiró la mano de forma repentina, apoyando la palma contra la pared, justo al lado de la cabeza de Tae-jun, atrapándolo en su espacio personal. Sus ojos oscuros brillaron con una intensidad devoradora bajo el neón azul.
—Entonces estamos de acuerdo —susurró Min-hyuk, inclinando el rostro hasta que sus labios casi rozaron la oreja de Tae-jun—. Porque yo tampoco busco sumisión. Busco ver cuánto tiempo puedes sostener esa corona antes de que te la quite a mordiscos.
La tensión en el pasillo se volvió insoportable. Las feromonas de los dos Alfas ya no solo competían por el territorio; se estaban buscando, reconociéndose en un juego de poder que estaba a punto de romper todas las reglas del mundo exterior.
⚠️✨️Mis Chickis bebés, pregunta seria: ¿quién se leyó "Hielo y Alquitrán"? Porque resulta que esta historia conecta con ella y hay otro volumen a continuación. Poblaremos este Universo Omegaverse con Enigmas.🤭 Y si aún, no se leyeron la historia de Zen y Hendrik, vayan a hacerlo, no se arrepentirán. Eso es todo por el momento. Gracias por estar, mis amores.✨️⚠️
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪