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La Princesa Heredera Rencarnada, El Legado Del Imperio.

La Princesa Heredera Rencarnada, El Legado Del Imperio.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Romance / Época
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: sterlina

Cinco años habían transcurrido desde que el Imperio dejó atrás la guerra que amenazó con consumirlo.
Las cicatrices seguían ahí, aunque ocultas bajo el esplendor de una nueva era.
Las ciudades prosperaban, las rutas comerciales se habían extendido hasta reinos que antes eran enemigos y el pueblo vivía una estabilidad que muchos creían imposible.
Pero la paz no eliminaba las ambiciones.
Solo les daba tiempo para crecer.

NovelToon tiene autorización de sterlina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el despertar del brillo dorado

El viaje comenzó al otro dia antes del amanecer.

Dominic encabezaba la marcha al frente de cincuenta caballeros de la Orden Imperial. A su lado cabalgaban Sacha y Serafis, mientras Edward dirigía un pequeño grupo de magos de la Guardia Real.

Nadie hablaba.

El ambiente era demasiado pesado.

Los bosques que rodeaban la capital parecían más silenciosos de lo habitual.

Ni siquiera el canto de los pájaros rompía aquella calma inquietante.

Después de varias horas de viaje, el capitán de la avanzadilla levantó el brazo.

—¡Alto!

Todos detuvieron sus caballos.

Dominic observó el camino.

—¿Qué ocurre?

El capitán desmontó y señaló el suelo.

—No hay huellas.

Edward frunció el ceño.

—¿Y eso qué significa?

El hombre negó lentamente.

—Este camino comunica con tres aldeas. Todos los días pasan comerciantes, agricultores y carruajes.

Hoy... no hay absolutamente ninguna marca reciente.

Serafis descendió de su caballo.

Se arrodilló y pasó la mano sobre la tierra.

Era cierto.

Parecía como si nadie hubiera transitado por aquel lugar desde hacía días.

Sacha sintió un escalofrío.

Aquella sensación...

Volvía.

Cada vez con más intensidad.

Era un cosquilleo que nacía en el pecho y recorría todo su cuerpo.

Dominic la observó.

—¿Otra vez?

Ella asintió.

—Están cerca.

No sé cuánto...

Pero estuvieron aquí.

Serafis levantó lentamente la mirada.

No era la primera vez que Sacha percibía aquella presencia.

Cinco años atrás ocurrió lo mismo durante el enfrentamiento con el Heraldo.

Y ahora...

Volvía a suceder.

Media hora después divisaron el pueblo.

O lo que quedaba de él.

No había humo.

No había incendios.

Las casas seguían en pie.

Las cercas permanecían intactas.

Los cultivos continuaban moviéndose con el viento.

Pero...

No había vida.

Ni una sola.

Los caballos comenzaron a mostrarse nerviosos.

Algunos relinchaban sin motivo aparente.

Otros se negaban a seguir avanzando.

Los soldados intercambiaron miradas.

Aquello era antinatural.

Dominic desenvainó lentamente su espada.

—Entraremos en grupos de cuatro.

Nadie se separará.

Si encuentran cualquier cosa...

Avisen de inmediato.

Los caballeros obedecieron.

Sacha caminó junto a Dominic y Serafis.

Cada paso hacía crecer aquella extraña presión en su pecho.

La puerta de una casa estaba abierta.

Dentro había platos servidos sobre la mesa.

La comida seguía allí.

Completamente intacta.

Como si la familia hubiera desaparecido en medio del desayuno.

Más adelante encontraron un carrito lleno de verduras.

Las hortalizas comenzaban a marchitarse bajo el sol.

Un juguete de madera permanecía abandonado frente a otra vivienda.

Sacha lo recogió lentamente.

Era un pequeño caballo tallado a mano.

Lo sostuvo durante unos segundos antes de dejarlo nuevamente sobre el suelo.

Aquello le recordó demasiado a la infancia que nunca pudo tener.

—¡Comandante!

Uno de los soldados apareció corriendo.

Dominic giró inmediatamente.

—¿Qué sucede?

—Encontramos algo.

Los tres lo siguieron hasta la plaza central.

Allí había un enorme árbol.

Sus raíces sobresalían de la tierra.

Y, sobre el tronco...

Aparecieron unas marcas profundas.

No eran arañazos.

Eran símbolos.

Serafis se acercó.

Su expresión cambió de inmediato.

—Esto...

No...

Pasó lentamente los dedos sobre la madera.

—Es escritura antigua.

Edward llegó junto a ellos.

—¿Puedes leerla?

Serafis guardó silencio durante unos segundos.

Después comenzó a traducir lentamente.

—"La llave..."

Su voz se detuvo.

Continuó leyendo.

—"...despierta."

Sacha sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.

Aquellas palabras.

Las había escuchado antes.

Cinco años atrás.

Y se repetía en todas partes.

Dominic notó cómo su respiración cambiaba.

—¿Sacha?

Ella permanecía inmóvil.

Con la vista fija sobre aquellas marcas.

Recordaba perfectamente esa imagen.

"La llave ha despertado."

No...

Aquello no podía ser una coincidencia.

Serafis continuó leyendo.

Su rostro palideció.

—Aquí hay otra frase.

Respiró profundamente.

—"Pronto nos regresará a nuestro amo."

Un silencio sepulcral envolvió la plaza.

Algunos de los presentes no comprendía el verdadero significado de aquellas palabras.

Solo Sacha, Dominic, seraphis y Edward.

Solo ellos recordaba exactamente la conversación de hacía cinco años.

Pero decidió guardar silencio.

Todavía no estaba preparados para contarles a todo.

En ese momento, un joven mago salió de una de las calles.

Su rostro estaba completamente pálido.

—¡Sacerdote Supremo!

Todos corrieron hacia él.

El muchacho apenas podía hablar.

—Encontramos...

Encontramos personas.

Sacha dio un paso adelante.

—¿Hay sobrevivientes?

El joven negó lentamente.

—No lo se...

Pero hay cuerpos.

Dominic frunció el ceño.

—¿Entonces qué encontraron?

El muchacho levantó una mano temblorosa.

—Vengan...

Cuando llegaron a una cueva algo retirado del pueblo, todos quedaron inmóviles.

Sobre el suelo había decenas de figuras humanas.

No eran cadáveres.

Respiraban.

Pero sus cuerpos estaban completamente inmóviles.

Sus ojos permanecían abiertos.

Sin expresión.

Como si la energía vital hubiera abandonado sus cuerpos.

Edward se arrodilló junto a un anciano.

Intentó despertarlo.

No obtuvo respuesta.

Los sanadores comenzaron a examinarlos uno por uno.

Después de varios minutos, uno de ellos habló.

Su voz reflejaba auténtico desconcierto.

—Están vivos.

Su corazónes laten lentos.

Respiran.

No tienen heridas.

Pero...

No reaccionan a absolutamente nada.

Serafis sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Aquello no aparecía en ninguno de los registros antiguos.

Los Heraldos...

Habían cambiado.

Ya no solo devoraban vidas.

Ahora parecían ser capaces de arrancar algo mucho más profundo.

Detrás de cada aldeano había una sombra oscura. No era como las sombras de Edward o Dominic. Aquellas eran frías, deformes, parecían criaturas aferradas a sus espaldas, como si estuvieran alimentándose lentamente de ellos. Sacha sintió un escalofrío. No sabía qué eran... pero comprendió que no deberían existir.

Sacha observó los rostros vacíos de aquellas personas.

Y, sin saber por qué, una idea cruzó su mente.

No los habían matado de una vez.

Les habían dejado sombras malignas robando la energía vital para que murieran lentamente.

En ese mismo instante, el colgante que Sacha llevaba oculto bajo su ropa comenzó a emitir un tenue resplandor dorado.

Tan débil...

Que solo ella pudo notarlo.

Su respiración se agitó.

Algo estaba respondiendo a aquella oscuridad.

Y, por primera vez desde que despertó sus nuevos poderes...

Sintió que una fuerza desconocida intentaba abrirse paso en su interior.

Los sanadores recorrían uno a uno los cuerpos tendidos sobre el suelo de la cueva.

Había hombres.

Mujeres.

Ancianos.

Incluso varios niños.

Todos respiraban.

Sus corazones seguían latiendo.

Pero ninguno reaccionaba.

Sus ojos permanecían abiertos, completamente vacíos.

Como si aquello que los hacía ser ellos mismos hubiera desaparecido.

Uno de los sanadores se levantó lentamente.

Su rostro estaba pálido.

—No puedo explicarlo...

Están vivos.

Pero es como si sus almas hubieran sido arrancadas.

Un pesado silencio cayó sobre el lugar.

Edward apretó los puños.

Dominic recorrió la cueva con la mirada, incapaz de aceptar aquella escena.

Serafis cerró lentamente el antiguo manuscrito que aún llevaba consigo.

Jamás había leído algo semejante.

—Los Heraldos... han evolucionado...

murmuró.

Sacha permanecía inmóvil.

Observaba el rostro de una niña de no más de seis años y detrás de ella esa sombra.

Parecía estar dormida.

—¡Despierta...!

¡Por favor... despierta!

Decía un guardia.

Pero la pequeña no respondía.

Aquella imagen golpeó el corazón de Sacha.

Sin pensarlo, dio un paso hacia ellas.

Y entonces...

Sintió un intenso calor sobre su pecho.

Frunció el ceño.

Llevó una mano al collar que le dio sarai oculto bajo la ropa.

El calor aumentaba.

Cada segundo era más intenso.

—¿Qué...?

susurró.

De pronto, una luz dorada atravesó la tela de su vestido.

Todos giraron la cabeza.

Dominic fue el primero en acercarse.

—¡Sacha!

Ella intentó quitarse el collar.

Pero no pudo.

Era como si hubiera quedado unido a su piel.

El brillo aumentó.

Hasta envolver completamente su cuerpo.

Los soldados retrocedieron instintivamente.

Los magos levantaron barreras por precaución.

Incluso Serafis abrió los ojos con sorpresa.

—Eso es magia...

La luz comenzó a extenderse lentamente por todo la cueva.

Era cálida.

Suave.

Transmitía una paz imposible de describir.

Sacha respiraba con dificultad.

No entendía qué estaba ocurriendo.

—¡Yo no estoy haciendo esto!

La luz salió del collar como pequeños hilos dorados.

Uno por uno comenzaron a dirigirse hacia cada aldeano.

Cuando el primer hilo tocó el pecho de la niña...

Toda la cueva quedó en silencio.

La pequeña inhaló profundamente la sombra desapareció.

Sus ojos recuperaron el brillo.

Parpadeó varias veces.

—¿Mamá...?

El guardia quedó completamente inmóvil.

Durante un segundo creyó haber imaginado aquella voz.

Después abrazó a la niña con todas sus fuerzas mientras rompía a llorar.

—!Niña...!

—¿Qué pasó...? ¿Quien es usted...?

preguntó la pequeña sin comprender.

Antes de que alguien pudiera reaccionar...

Otro aldeano abrió los ojos.

Después otro.

Y otro más.

En cuestión de segundos, decenas de personas comenzaron a despertar.

Algunos confundidos.

Otros desorientados.

Pero todos...

Con vida.

Un silencio se instaló.

El silencio dio paso al asombro.

Nadie podía creer lo que estaba viendo.

Los sanadores corrían de una persona a otra.

Todos repetían exactamente lo mismo.

—¡Están completamente sanos!

—¡Es imposible!

—¡Hace un instante no reaccionaban!

Edward observó a Sacha con los ojos completamente abiertos.

Dominic permanecía inmóvil.

Nunca la había visto así.

La luz dorada seguía envolviéndola.

Hasta que, poco a poco, comenzó a desaparecer.

El collar recuperó su aspecto habitual.

Sacha sintió que las piernas le fallaban.

Dominic la sostuvo antes de que cayera al suelo.

—¿Estás bien?

Ella respiraba agitadamente.

Miró sus propias manos.

Temblaban.

—Yo...

No hice nada...

No sé qué pasó...

Serafis se acercó despacio.

No apartaba la vista del collar.

Después observó a los aldeanos que habían recuperado la conciencia.

Por primera vez en muchos años...

El Sacerdote Supremo no encontró una explicación en todo su conocimiento.

Con una mezcla de asombro y respeto, habló en voz baja.

—No se...

Que fue eso.

Ninguno de los artefactos bendecidos del Templo.

Puede hacer algo asi.

Sacha levantó lentamente la mirada.

Todavía estaba tan confundida como todos los presentes.

Sin embargo, muy lejos de allí, en un antiguo santuario cubierto por la oscuridad, uno de los Heraldos abrió los ojos de golpe.

Su sonrisa desapareció.

—La Heredera...

Ha despertado una nueva Autoridad.

En las profundidades del santuario, una voz grave y antigua resonó entre las sombras.

Una voz que parecía pertenecer al propio Mephus.

—Entonces...

El tiempo se está agotando.

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Warriorgame
Osea, es sentimentalista.
Warriorgame
Pues pareció que estaba en un círculo vicioso.
Warriorgame
Debieron actuar rápidamente.
Warriorgame
Pues al parecer en ese lugar el tiempo no afecta, así que sea del material que sea, no se va a deteriorar.
Warriorgame
Recordando una película, yo hubiese enviado un animal al frente. Si no le pasaba nada, yo entraba.
Warriorgame
Pero igual algo de presión hay.
Warriorgame
Es imposible, a menos que tenga algún tipo de magia que lo haga actualizarse a cada rato.
paola
pero no especifica si era el abuelo el tatarabuelo o un tio
paola
y se fueron todos y la delegación que se iba a quedar de cada imperio para tomar las decisiones sobre lo que va a pasar con los heraldos
paola
será conformaste con eso
paola
pero ni yo sé por qué no te diste cuenta antes
paola
y si se supone que dejo una hija
paola
si se parece podría ser no es cierto
paola
está bien que tubo que irse para proteger a su hermana del templo pero por qué no volvió eso es lo que no entiendo.
paola
y eso no es magia que es
paola
pero según tenía entendido que tú sabías de su hija o es que se te olvido
paola
si eso es lo que piensas
paola
una pregunta con que rol ella trabaja en el palacio está bien que ella es duquesa pero que papel juega ya ella es novia de Dominic no entendí
paola
yo dudo que la guerra haya terminado 🤔
paola
uuuaaaooo ya tienen hasta hijos y ni me invitaron para la boda
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