Una noche de fiesta fue el inicio de su condena. Matteo "El Halcón" Moretti, el criminal más temido del país, puso sus ojos en ella y decidió que le pertenecía.
Arrancada de su vida sencilla, Ana descubre que su cautiverio no fue un error: ella es la heredera perdida de la Dinastía Castellanos, un imperio que todos creen muerto.
Atrapada entre la obsesión del hombre que la compró y la traición de quien decía amarla, Ana deberá elegir: ser una víctima sumisa o convertirse en la reina que destruirá a sus enemigos.
¿Qué pesa más: el miedo al monstruo que la posee o la sed de venganza?
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Inicio del juego
El frío de la madrugada en el estacionamiento del hospital se filtraba por la fina tela de su vestido, el mismo que horas antes lucía para bailar y que ahora se sentía como una mortaja. Ana observó el número desconocido en su pantalla. Sus dedos temblaban, no solo por el clima, sino por la traición que sentía hacia Miguel, quien en ese momento rezaba en la sala de espera, ajeno a que el mundo que habían construido estaba a punto de ser vendido.
Presionó el ícono de llamada. El tono de espera fue largo, rítmico, como el segundero de un reloj que marcaba el tiempo que le quedaba a su padre.
—Sabía que no tardarías —la voz de Matteo, profunda y aterciopeladamente peligrosa, respondió al tercer tono. No había rastro de sueño en él—. Pero esperaba que aguantaras al menos hasta el amanecer. Tu orgullo es más frágil de lo que pensaba, Ana.
—Mi padre... —logró decir ella, con un nudo en la garganta que amenazaba con quebrarla—. Él está muriendo en una fábrica que te pertenece. Tu gente dice que no existe, que no hay seguro... ¡Él solo quería ayudar a un amigo!
—La negligencia de tu padre no es mi problema —respondió Matteo con una frialdad quirúrgica—. Miles de hombres entran y salen de mis propiedades cada día. Si Lorenzo decidió jugar a ser un fantasma, no puede quejarse cuando el sistema lo ignora.
—¡Es un ser humano! —gritó Ana, captando la atención de un enfermero que pasaba cerca. Bajó la voz, desesperada—. Por favor... tú dijiste que me habías elegido. Dijiste que yo te pertenecía. Si es así, salva a lo que es mío. Salva a mi padre.
Hubo un silencio prolongado al otro lado de la línea. Ana podía escuchar el crujir de un encendedor y luego una exhalación lenta de humo.
—Todo tiene un precio, Ana. Especialmente un milagro en una clínica privada con los mejores cirujanos del país.
—Lo que sea —sentenció ella, cerrando los ojos con fuerza—. Pagaré lo que sea. Trabajaré para ti, te devolveré cada centavo cuando me gradúe...
—No quiero tu dinero, ingeniera —la interrumpió él con un tono que le erizó los vellos de la nuca—. Quiero tu tiempo. Tu presencia. Tu lealtad absoluta.
Matteo continuó, dictando las reglas de su nuevo mundo con la precisión de un contrato de sangre:
— En diez minutos, una ambulancia privada llegará al hospital. Tu padre será llevado a la Clínica San Lucas. Tendrá los mejores cuidados, pero nadie, ni siquiera Miguel, sabrá quién paga la cuenta. Dirás que fue una "donación anónima" de una fundación. Mañana, después de que tu padre salga de la primera cirugía, irás a casa. Recogerás tus cosas. Inventarás una excusa: una pasantía urgente en otra ciudad, un retiro... lo que tu mente creativa decida. Pero debes alejarte de Miguel. A las seis de la tarde, un coche negro te esperará en la esquina de tu casa. Subirás sin mirar atrás. Vivirás en mi residencia. Serás mi acompañante, mi sombra y, cuando yo lo decida, mucho más.
—¿Vivir contigo? —Ana sintió náuseas—. Tengo una carrera, tengo que presentar mi tesis... ¡Mis padres me necesitan!
—Podrás terminar tu carrera bajo mi techo. Tendrás los mejores libros, la mejor tecnología. Pero tus padres ya no te verán, Ana. A cambio de la vida de Lorenzo, tú me entregas la tuya. Es una vida por otra. Tienes treinta segundos para decidir antes de que cuelgue y deje que el hospital general siga su curso.
Ana miró hacia las ventanas del hospital. Sabía que Miguel estaba allí, planeando un futuro que nunca sucedería. Sabía que su madre no sobreviviría a la pérdida de su esposo.
—Acepto —susurró, y sintió cómo su alma se desprendía de su cuerpo—. Pero jura que él vivirá.
—Los Moretti no juramos, Ana. Nosotros cumplimos. Prepárate. El coche de la ambulancia ya está en camino.
Cuando colgaron, Ana se quedó mirando la pantalla negra. Diez minutos después, tal como él prometió, el sonido de una sirena distinta, más potente y moderna, rompió el silencio de la calle. Cuatro paramédicos con uniformes impecables bajaron y entraron a urgencias con una camilla de alta tecnología.
Miguel salió corriendo al encuentro de Ana, con el rostro iluminado por la confusión y la esperanza.
—¡Ana! Dicen que una fundación se enteró del caso y que van a trasladar a tu papá a la San Lucas. ¡Es un milagro, amor! ¡Alguien nos escuchó!
Ana permitió que Miguel la abrazara. Sintió el calor de su pecho, el olor a hogar que él desprendía, y se aferró a él con una desesperación silenciosa. Era el abrazo de un náufrago antes de hundirse.
—Sí, Miguel —mintió ella, sintiendo el sabor amargo de la primera de muchas mentiras—. Alguien nos escuchó.
Mientras veía cómo subían a su padre a la ambulancia, Ana levantó la vista hacia las sombras de los edificios cercanos. Sabía que, en algún lugar, Matteo Moretti estaba observando, disfrutando de cómo su presa acababa de cerrar la puerta de su propia jaula.
pero estaría muerta como le dijo matteo
ojalá no sea verdad
pero ellos también no debieron actuar a si humillandote lo hiciste para salvarle la vida
si ella es tomada una heredera 🤔
pero cuando se entere de lo que tenía pensado el miguelito con ella como verá esto por una parte se puede decir matteo la salvo de ese maldito
ojalá Matteo se entere sus informantes se están pasando el por qué el miguelito quiere a toda costa a Ana
entonces el sabrá que viene de una familia fuerte🤔
pero será que le hicieron algo para a si poder tener a su merced a Ana