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Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.7k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9: La marca que los uniría para siempre

Algo abrió los ojos dentro de Aitana.

No era una bestia.

Al menos no como ella entendía una bestia. No gruñó, no arañó, no exigió salir. Fue más parecido a una memoria que despertaba sin pedir permiso: una sensación de tierra húmeda, luna sobre agua oscura y tesoros escondidos bajo raíces profundas. Aitana vio destellos que no podían pertenecerle. Manos antiguas moliendo hierbas. Una mujer de cabello largo llorando frente a una piedra rota. Una silueta de luz con alas imposibles.

Luego Leandro apretó sus dedos.

El mundo volvió.

—Mírame —dijo él.

Aitana abrió los ojos. La luz seguía latiendo bajo su piel. El patio entero estaba de pie, pero nadie se atrevía a acercarse. Abuela Remedios observaba la marca con una mezcla de temor y reverencia.

—Estoy aquí —dijo Leandro, más bajo—. Respira conmigo.

Aitana intentó obedecer. Inhaló cuando él inhaló. Exhaló cuando él exhaló. La fuerza dentro de ella dejó de empujar como una ola y empezó a ordenarse, pasando de su pecho a sus manos, de sus manos a la línea dorada que los unía.

La marca en la muñeca de Leandro brilló.

No era igual a la de Aitana. En la piel de él apareció una curva fina, como una serpiente rodeando una luna pequeña. La línea se cerró con un destello y Leandro bajó la cabeza, como si el impacto le hubiera atravesado la espalda.

—¿Te duele? —preguntó Aitana.

Él soltó una respiración áspera.

—No.

—Mientes horrible.

Por primera vez en toda la ceremonia, Leandro sonrió.

Fue breve. Casi secreto.

—Arde.

Abuela Remedios se acercó con cautela.

—Eso es normal. La primera marca abre el paso, no lo completa. El vínculo total vendrá después, cuando ambos lo acepten sin testigos.

Aitana sintió el calor subirle al rostro.

Paloma, desde el borde del círculo, abrió mucho los ojos. Luego fingió mirar al cielo, como si de pronto la luna fuera interesantísima.

Abuela Remedios levantó el bastón.

—La Luna ha aceptado el primer vínculo.

El patio tardó un segundo en reaccionar.

Después, todos se inclinaron.

No fue como antes. Antes se habían arrodillado por miedo a la marca, por la fuerza de la luz, por no quedar como herejes frente a Don Romualdo. Esta vez la reverencia tuvo otro peso. Aitana lo sintió en la forma en que las hembras bajaban el cuello, en cómo los cazadores evitaban sus ojos, en cómo los visitantes murmuraban su título.

Luna Sagrada.

La Elegida.

Señora de la quinta marca.

Las palabras le parecían ajenas. Demasiado grandes. Pero cuando miró a Roque y vio que su tío ya no sabía cómo acercarse, entendió algo pequeño y feroz: por primera vez en años, él no podía mandarla a callar.

Don Romualdo se acercó al altar y se inclinó ante ella.

—Aitana, desde esta noche estás bajo protección directa de la manada. Nadie, incluido tu clan de nacimiento, podrá disponer de tu persona, tu residencia o tus vínculos sin tu consentimiento y sin aprobación ritual.

Roque abrió la boca.

—Alfa, como su tutor...

Don Romualdo no lo dejó terminar.

—Tu tutela terminó en el momento en que la quinta marca apareció.

El golpe fue público.

Aitana no sonrió. No quería parecer cruel. Pero algo dentro de ella respiró.

Paloma sí sonrió por las dos.

Bruna se acercó unos pasos, con el rostro recompuesto. Llevaba la misma sonrisa suave, aunque sus ojos no lograban ocultar del todo la tensión.

—Aitana —dijo—. Felicidades. La Luna nos ha sorprendido a todos.

—Eso parece.

—Espero que no pienses que lo de antes...

—¿Qué parte?

Bruna se quedó quieta.

Aitana notó el silencio alrededor. Todos escuchaban.

—La parte donde dijiste que yo era vulnerable —continuó Aitana—, o la parte donde dejaste que Fausto me llamara sobra.

El color subió a las mejillas de Bruna.

—Yo jamás quise...

—Hoy no.

La frase salió tranquila.

No necesitó más.

Bruna inclinó la cabeza, pero Aitana vio sus dedos cerrarse sobre la tela de la falda.

Fausto estaba más lejos, custodiado. No dijo nada. Tenía la mirada fija en la marca de Leandro con un odio que no intentaba esconder.

Abuela Remedios tocó el hombro de Aitana.

—La ceremonia pública terminó. Ahora debes descansar antes de la unión privada.

Aitana se tensó.

Leandro lo notó.

—Si necesitas tiempo...

—La marca no puede quedar abierta hasta el amanecer —dijo la curandera—. No cuando la quinta marca despertó de esta forma. El vínculo debe estabilizarse. Pero eso no significa forzar.

Miró a Leandro con dureza.

—Si ella dice no, esperas. Si ella pide detenerse, te detienes. Si tu bestia intenta dominar la marca antes de que ella esté lista, responderás ante la Luna.

Leandro inclinó la cabeza.

—Lo entiendo.

Aitana lo miró. No había impaciencia en él. Solo una tensión profunda, como si estuviera sosteniendo una puerta pesada para que no cayera sobre ambos.

—Quiero hablar con él a solas antes —dijo.

Abuela Remedios asintió.

—Tendrás ese tiempo.

La choza preparada para ellos estaba detrás del patio ceremonial, cerca de los árboles. No era la casa de Roque. No era la casa de Paloma. Era un espacio neutral, cubierto con mantas blancas, cuencos de agua, flores nocturnas y un lecho bajo de pieles limpias. Aitana caminó hacia allí acompañada por Paloma y dos curanderas.

El cambio en la gente fue casi absurdo.

Las mismas hembras que no la miraban por la mañana ahora bajaban la cabeza. Un joven que antes se rió de sus orejas imaginarias se apartó tan rápido que tropezó. Una mujer del Clan Zorro murmuró "Luna Sagrada" como si la palabra quemara.

Aitana no se sintió poderosa.

Se sintió cansada.

En la entrada de la choza, Paloma la abrazó con fuerza.

—Estoy afuera —susurró—. Grito si gritas, entro si me llamas, muerdo si hace falta.

Aitana rio contra su hombro.

—Eres terrible.

—Soy tu amiga.

Cuando Paloma se apartó, tenía lágrimas otra vez.

—Lo elegiste bien.

Aitana miró hacia el patio. Leandro hablaba con Abuela Remedios a unos pasos de distancia. O, más bien, la escuchaba recibir advertencias.

—Eso espero.

—No. Lo sabes.

Aitana no respondió.

Entró a la choza.

Adentro, el aire era cálido y olía a flores. Había una vasija con agua, un paño limpio y una pequeña lámpara de aceite. Aitana se tocó la marca bajo la clavícula. Seguía viva, sensible, como una segunda respiración.

Leandro entró unos minutos después.

No cerró la puerta de inmediato.

—¿Quieres que la deje abierta?

Aitana lo miró. Ese detalle, pequeño y torpe, hizo más por calmarla que cualquier promesa solemne.

—No. Puedes cerrarla.

Leandro bajó la cortina de cuero.

Durante un momento, ninguno habló.

Afuera, la manada seguía murmurando. Adentro, solo estaban ellos y la marca abierta entre ambos.

—No sé qué se supone que debo hacer —dijo Aitana.

—Yo tampoco.

Eso la hizo mirarlo con sorpresa.

—¿Tú no?

—Sé lo que dice la ley. Sé lo que exige una marca. No sé cómo estar frente a ti sin sentir que si respiro mal voy a asustarte.

Aitana sintió que algo se le ablandaba en el pecho.

—No me asustas.

Leandro sostuvo su mirada.

—Debería.

—Tal vez. Pero no.

La cortina de cuero se movió con una corriente de aire.

Aitana giró la cabeza.

En ese mismo instante, Leandro también lo hizo.

Sus pupilas doradas se contrajeron hasta volverse dos rendijas finas.

Algo, o alguien, había rozado la entrada desde afuera.

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Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
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