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BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Villana / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Hace quince años, la dejaron en la calle, hambrienta y sin esperanza, con dos niños pequeños y una madre agonizante. Hoy, es "La Tiburón" en los corporativos de alta alcurnia y "El Demonio", la implacable jefa de la mafia que controla el país desde las sombras. Cuando su despreciable exmarido regresa buscando destruirla con la complicidad de la esposa de un poderoso magnate industrial, descubrirán demasiado tarde que han despertado al monstruo equivocado. Una guerra de poder, finanzas y venganza donde el amor y la supervivencia bailan al filo de una navaja.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CENIZAS DE INVIERNO

​El frío de aquella noche de noviembre no mordía la piel: la destrozaba. A los veinticinco años, Amelia Castañeda aprendió que la miseria no tiene elegancia; huele a humedad, a pan duro y a desesperanza. Sentada en el borde de una acera gris, con un abrigo gastado que apenas cubría sus hombros y los nudillos entumecidos, apretaba con fuerza contra su pecho un paquete con las últimas pertenencias que le habían permitido rescatar del departamento del que acababa de ser desalojada.

​Unas horas antes, Carlos, su esposo, había firmado los papeles de un divorcio exprés tan silencioso como cobarde, dejándola sin un centavo tras vaciar las cuentas comunes para dárselas a Patricia Montero. Por si fuera poco, Gloria, su exsuegra, se había encargado personalmente de llamar a cada contacto corporativo que Amelia poseía para vetarla de cualquier empleo formal en la ciudad. "Una mujer con una boca que alimentar y sin recursos no tiene derecho a competir en el mundo de los grandes", le había espetado Gloria por teléfono, con una risa gélida antes de colgar.

​En casa, su madre Teresa la esperaba con los pequeños Diego y Martina, de apenas dos y un año de edad, sin saber que al día siguiente no tendrían qué comer ni un techo bajo el cual cobijarse. La idea de ver a sus hijos pasar hambre encendió en el pecho de Amelia algo oscuro, primario y devastador. Las lágrimas que al principio amenazaban con congelarse en sus mejillas se secaron de golpe, reemplazadas por una fría determinación.

​—No nos vamos a morir en esta banqueta —susurró para sí misma, con una voz que ya no temblaba.

​Esa misma noche, dejando a sus hijos bajo el cuidado de su madre en una habitación de alquiler prestado por un milagro, Amelia dio su primer paso hacia el abismo. Usando los últimos billetes arrugados que guardaba en el fondo de su bota, se adentró en los callejones del distrito portuario, un territorio donde la ley no escrita pertenecía a los hombres que manejaban el contrabando y las apuestas clandestinas. No buscaba caridad; buscaba una oportunidad para negociar con el diablo.

​Encontró lo que buscaba en un club nocturno de luces neón titilantes, un antro de fachada dudosa regentado por figuras intocables del bajo mundo. Allí, con la mirada altiva de una mujer que ya no tiene nada que perder, se plantó frente al capo de la zona local, un hombre curtido en mil batallas que solía subestimar a cualquiera que llevara zapatos limpios.

​—Me ofrecieron las migajas y me tiraron a la calle creyendo que estaba muerta —dijo Amelia con voz firme, sosteniendo la mirada del jefe criminal sin parpadear—. Vengo a ofrecerte algo mejor que tus contadores actuales: sé cómo mover capitales invisibles, blanquear lo que tus hombres ensucian y duplicar tus ganancias en seis meses. A cambio, quiero protección absoluta y un anticipo en efectivo esta misma noche.

​El capo rió con sorna, divertido por la audacia de aquella joven de abrigo raído.

—¿Y por qué debería confiar en ti, niñita? ¿Cuál es tu garantía?

​Amelia se inclinó ligeramente sobre la mesa de caoba, una sonrisa felina curvando sus labios mientras sus ojos destellaban con una peligrosa ambición.

—Mi garantía es que el miedo es un pésimo motivador, pero la venganza y el amor de madre son imparables. Si me subestimas, serás el próximo en perderlo todo. Pruébame.

​Esa noche, Amelia Castañeda firmó su pacto con las sombras. Dejó de ser la esposa desamparada y comenzó a forjar las garras de "La Tiburón" en los despachos y la astucia implacable de "El Demonio" en los callejones. Pasarían quince años antes de que su imperio corporativo y criminal dominara la cúspide, pero la reina no nació en la cima; se forjó en el lodo, con la certeza absoluta de que jamás volvería a rodar por los suelos.

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