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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

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Capítulo 13 — El heredero del Umbral

Eryan no respondió.

Las palabras del hombre seguían resonando en su cabeza.

Eres el heredero del Umbral.

No sabía qué significaba.

No sabía por qué aquel desconocido hablaba de él como si lo hubiera estado esperando.

Y, sobre todo, no sabía por qué había mencionado a su madre.

—¿Quién eres? —preguntó finalmente.

El hombre lo observó durante unos segundos.

Después cerró la puerta.

—Mi nombre es Arven.

Eryan frunció el ceño.

—¿Eres un Guardián?

Arven asintió.

—Lo fui.

Neria cruzó los brazos.

—No dijiste que todavía lo eras.

—Porque ya no lo soy.

—¿Por qué?

Arven miró hacia la ventana.

—Porque los Guardianes dejaron de existir hace mucho tiempo.

Eryan dio un paso adelante.

—Entonces, ¿por qué me llamaste heredero?

Arven volvió a mirarlo.

—Porque tu madre era una Guardiana.

Eryan sintió un golpe en el pecho.

—¿Mi madre?

—Sí.

—¿Cómo la conociste?

Arven permaneció en silencio.

Parecía estar intentando decidir cuánto podía contar.

Finalmente dijo:

—La conocí cuando era joven.

—¿Era poderosa?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del hombre.

—No.

Eryan pareció sorprendido.

—¿No?

—Era mucho más que poderosa.

Arven se acercó.

—Era capaz de abrir puertas que nadie más podía abrir.

Eryan miró su propia mano.

—¿Como yo?

—Como tú.

Aquella respuesta le produjo un extraño sentimiento.

Durante toda su vida había pensado que sus ojos violetas eran simplemente una característica extraña.

Ahora comenzaba a comprender que quizá eran una señal.

—¿Ella también tenía estos ojos?

Arven asintió.

—Sí.

Eryan bajó la mirada.

Por primera vez tenía algo que lo conectaba con ella.

Algo que podía demostrar que realmente había existido.

—¿Dónde está?

Arven no respondió.

Eryan levantó la cabeza.

—Te pregunté dónde está mi madre.

—No lo sé.

Eryan apretó los puños.

—Todos dicen lo mismo.

—Porque nadie sabe qué ocurrió con ella.

—Pero tú la conocías.

—Sí.

—Entonces debes saber algo.

Arven suspiró.

—Sé que estaba intentando protegerte.

Eryan quedó inmóvil.

—¿Protegerme?

—Sí.

—¿De quién?

Arven miró a Neria.

Después a Lina y Kael.

Finalmente volvió a Eryan.

—De los hombres que ahora te están buscando.

---

El silencio llenó la habitación.

Eryan recordó el orfanato.

Los hombres.

El cristal negro.

La directora.

La puerta.

Todo parecía estar conectado.

—¿Quiénes son?

Arven caminó hasta una estantería y tomó un libro antiguo.

Lo colocó sobre la mesa.

En la portada había un símbolo.

El mismo círculo atravesado por tres líneas.

—Se llaman los Custodios del Vacío.

Lina frunció el ceño.

—¿Son una organización?

—Sí.

—¿Qué quieren?

Arven abrió el libro.

—Controlar las puertas dimensionales.

Eryan se acercó.

—¿Para qué?

—Para controlar los mundos.

Kael habló por primera vez.

—¿Pueden hacerlo?

Arven negó.

—No completamente.

Pasó una página.

Había un dibujo de varias dimensiones conectadas por líneas.

—Las puertas no pueden ser controladas por cualquiera. Necesitan a alguien que tenga la sangre de los primeros Guardianes.

Eryan sintió un escalofrío.

—Yo.

Arven asintió.

—Tú.

---

Eryan se sentó.

Todo aquello era demasiado.

Había pasado de ser un niño huérfano a descubrir que quizá pertenecía a otro mundo.

Ahora sabía que su madre era una Guardiana.

Que los Guardianes habían protegido las dimensiones.

Y que una organización quería utilizarlo.

—¿Por qué me dejaron en el orfanato?

Arven cerró el libro.

—No te dejaron.

Eryan levantó la mirada.

—¿Entonces?

—Te escondieron.

—¿Quién?

—Tu madre.

—¿Por qué?

Arven tardó unos segundos.

—Porque sabía que los Custodios te buscarían.

—¿Y por qué no me llevó con ella?

El hombre bajó la mirada.

—Porque no podía.

Eryan sintió una punzada.

—¿Murió?

Arven no respondió.

—¿Murió?

—No lo sé.

Eryan cerró los ojos.

Una parte de él había esperado aquella respuesta.

Otra parte seguía aferrándose a la posibilidad de encontrarla.

—Entonces podría estar viva.

—Sí.

Eryan abrió los ojos.

—La encontraré.

Arven lo observó.

—Eso no será fácil.

—No importa.

—Podrías tardar años.

—No importa.

—Podrías tener que cruzar dimensiones.

—Lo haré.

Arven sonrió ligeramente.

—Entonces realmente eres su hijo.

---

De repente, la puerta de la casa tembló.

Todos se quedaron inmóviles.

Toc.

Neria llevó la mano hacia su arco.

Toc.

Arven levantó un dedo.

—Silencio.

Eryan sintió la energía de la piedra.

Estaba caliente.

—Hay alguien afuera.

Arven asintió.

—Lo sé.

Una voz llegó desde el otro lado.

—Arven.

El hombre cerró los ojos.

—Nos encontraron.

Neria se acercó a la ventana.

Miró hacia la calle.

—Hay seis.

—¿Solo seis?

—No.

Neria señaló los tejados.

—Hay más.

Arven abrió un compartimento secreto en la pared.

Sacó una espada.

La hoja era completamente negra.

Eryan la observó.

—¿Vas a luchar?

—Si es necesario.

—Yo puedo ayudarte.

Arven negó.

—Todavía no.

Eryan sintió frustración.

—¡Pero necesito aprender!

—Y aprenderás.

Arven lo miró seriamente.

—Pero no confundas valentía con lanzarte contra algo que no puedes vencer.

Eryan guardó silencio.

Era exactamente lo que había hecho durante toda su vida.

Intentar resistir.

Sin saber cómo.

Sin saber qué hacer.

Arven señaló una puerta detrás de la estantería.

—Hay un túnel.

Neria entendió inmediatamente.

—¿Adónde lleva?

—A las alcantarillas antiguas.

—¿Y después?

—A las afueras de Elaris.

Eryan negó.

—No voy a dejarte.

Arven lo miró.

—No me estás dejando.

Abrió la puerta secreta.

—Me estás obedeciendo.

---

El grupo entró en el túnel.

Arven cerró la puerta.

La oscuridad los envolvió.

Neria llevaba una pequeña lámpara.

Eryan caminaba detrás.

Lina sujetaba la mano de Kael.

—¿Cuánto falta? —preguntó Lina.

—No mucho.

—Eso dijiste hace diez minutos.

—Entonces serán diez minutos más.

Lina suspiró.

Eryan sonrió.

Pero entonces escucharon un ruido.

Pasos.

Detrás de ellos.

Neria se detuvo.

—Nos siguen.

Arven levantó la espada.

—Continúen.

—¿Y tú?

—Los retrasaré.

Eryan negó.

—No.

Arven lo miró.

—Eryan.

—No voy a dejar que alguien se quede atrás otra vez.

El hombre se quedó inmóvil.

Aquellas palabras parecieron afectarlo.

—Entonces haz algo por mí.

—¿Qué?

—Aprende a controlar tu poder.

Eryan asintió.

Arven se dio la vuelta.

—Ahora corran.

---

Corrieron.

El túnel parecía no terminar nunca.

Detrás de ellos comenzaron a escucharse golpes.

Después un grito.

Luego silencio.

Eryan quería volver.

Pero Neria lo agarró.

—No.

—¡Tenemos que ayudarlo!

—Él sabe lo que hace.

—¡Pero...!

—¡Si vuelves, su sacrificio será inútil!

Eryan apretó los dientes.

Siguió corriendo.

Finalmente encontraron una salida.

Salieron detrás de una colina.

Elaris se veía a lo lejos.

Pero había algo extraño.

Una columna de humo negro se elevaba sobre la ciudad.

Lina abrió los ojos.

—¿Qué está pasando?

Neria miró hacia atrás.

—Los Custodios atacaron.

Eryan sintió que el pecho le ardía.

—Arven...

No sabía si estaba vivo.

Pero no podía volver.

Todavía.

---

Se refugiaron en una pequeña cueva.

Neria encendió una fogata.

Eryan permaneció sentado en silencio.

Kael se acercó.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Mientes.

Eryan sonrió ligeramente.

—Un poco.

Kael se sentó junto a él.

—¿Crees que Arven está muerto?

Eryan miró las llamas.

—No lo sé.

—Yo tampoco.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

Entonces Eryan sintió algo.

Una pequeña vibración.

Miró su mano.

La piedra rota estaba brillando.

Pero esta vez no era violeta.

Era negra.

—¿Qué...?

Neria se levantó inmediatamente.

—¡No la toques!

Eryan se quedó inmóvil.

La piedra comenzó a emitir una voz.

No era humana.

Era un susurro.

Aeryn...

Eryan sintió un escalofrío.

Después escuchó una segunda palabra.

Despierta.

La piedra explotó.

Una onda de energía atravesó la cueva.

Eryan cayó al suelo.

Lina gritó.

Kael corrió hacia él.

Pero Eryan no podía escuchar nada.

Todo se volvió oscuro.

---

Cuando abrió los ojos...

estaba en otro lugar.

No había cueva.

No había Lumeria.

Estaba de pie frente a un enorme edificio.

Era una torre blanca.

El cielo era rojo.

Y frente a él estaba una mujer.

Cabello oscuro.

Ojos violetas.

Eryan la reconoció inmediatamente.

—¿Mamá?

La mujer sonrió.

Pero tenía lágrimas en los ojos.

—Aeryn.

Eryan intentó acercarse.

—¡Espera!

Ella levantó una mano.

—No puedo quedarme mucho tiempo.

—¿Dónde estás?

—En un lugar que no puedo abandonar.

—¿Estás viva?

La mujer sonrió.

—Sí.

Eryan sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—¡Entonces voy a encontrarte!

—No.

—¿Por qué?

—Porque todavía no estás preparado.

Eryan apretó los puños.

—¡Quiero saber quién soy!

La mujer lo observó con tristeza.

—Eso es precisamente lo que debes descubrir.

—¿Qué significa Aeryn?

Ella permaneció en silencio.

Después dijo:

—Es el nombre que te di.

Eryan sintió lágrimas en los ojos.

—¿Por qué me llamaste así?

—Porque significa...

La imagen comenzó a desaparecer.

—...el que camina entre mundos.

—¡Mamá!

La mujer extendió la mano.

—Aeryn...

—¡No!

—No confíes en quienes intenten decirte quién eres.

La imagen se desvaneció.

Pero antes de desaparecer completamente, Eryan escuchó una última frase.

—Y nunca abras la Séptima Puerta.

---

Eryan abrió los ojos.

Estaba nuevamente en la cueva.

Lina estaba junto a él.

—¡Eryan!

Neria se acercó.

—¿Qué viste?

Eryan respiró profundamente.

Todavía tenía lágrimas en los ojos.

—Mi madre.

Neria quedó inmóvil.

—¿Qué dijo?

Eryan la miró.

—Está viva.

Kael abrió los ojos.

—¿Dónde?

Eryan negó.

—No lo sé.

Después recordó las últimas palabras.

La Séptima Puerta.

—Pero me advirtió de algo.

—¿Qué?

Eryan levantó la mirada.

—Que nunca debo abrir la Séptima Puerta.

Neria palideció.

—¿Por qué?

Eryan respondió:

—No lo sé.

Neria se sentó lentamente.

—Entonces tendremos que descubrirlo.

A lo lejos, una campana comenzó a sonar.

Una.

Dos.

Tres veces.

Neria miró hacia Elaris.

—La ciudad está cerrando sus puertas.

Eryan se puso de pie.

—Tenemos que volver.

—No.

—Arven está allí.

—Y si regresamos ahora, nos atraparán.

Eryan apretó los puños.

Sabía que Neria tenía razón.

Pero también sabía que aquella noche había cambiado algo.

Ya no quería simplemente sobrevivir.

Quería respuestas.

Quería encontrar a su madre.

Quería regresar a Aetherya.

Y quería descubrir por qué su existencia estaba conectada con las dimensiones.

Eryan miró hacia el cielo.

Tres lunas comenzaban a aparecer.

—Entonces nos haremos más fuertes.

Neria asintió.

—Eso es lo que haremos.

Pero ninguno de ellos sabía que, mientras hablaban, una figura observaba la cueva desde lejos.

Llevaba una capa negra.

En su mano sostenía un cristal.

Dentro del cristal apareció el rostro de Eryan.

La figura sonrió.

—La madre ha hablado con él.

Una segunda voz respondió:

—Entonces ya conoce la Séptima Puerta.

La figura cerró lentamente la mano.

—No importa.

Miró hacia las tres lunas.

—Antes de que descubra su verdadero poder...

Hizo una pausa.

—...lo encontraremos.

Continuará...

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