este es una novela que habla de una chica que es en el salón de clases es muy tranquila pero afuera es todo lo contrario y además tiene a tres chicos y se queda con los tres por eso el nombre
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Capítulo 9: La línea que no debía cruzarse
El amanecer llegó… pero no trajo calma.
La ciudad despertaba sin saber que, durante la noche, alguien había cambiado las reglas del juego.
Y ese alguien…
Era Valentina.
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El hospital seguía en silencio.
Demasiado limpio.
Demasiado tranquilo.
Demasiado falso.
Valentina no se había movido.
Seguía al lado de Mateo.
Observando cada respiración.
Cada pequeño movimiento.
Cada señal de que seguía luchando.
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—Sigue estable —dijo el médico con cautela.
Valentina no respondió.
No necesitaba palabras.
Solo resultados.
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Pero dentro de ella…
La tormenta no se detenía.
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Porque ahora lo tenía claro.
Esto no era una advertencia.
Era una declaración de guerra.
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—Lo voy a encontrar —murmuró.
Y no era una promesa.
Era una sentencia.
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Horas después…
Salió del hospital.
Pero no estaba sola.
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—No deberías estar aquí —dijo sin mirar.
—Podría decir lo mismo —respondió Lautaro.
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Silencio.
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—Esto ya no es un juego —continuó él.
—Nunca lo fue.
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Lautaro caminó a su lado.
—Atacaron a alguien importante para ti.
Valentina se detuvo.
Lo miró.
Y por primera vez…
No lo negó.
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—Sí.
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Esa simple respuesta…
Lo cambió todo.
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Porque ahora Lautaro no solo veía a la estratega.
Veía a la persona.
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—Déjame ayudarte.
Valentina soltó una leve risa sin humor.
—No sabes en qué te estás metiendo.
—Lo sé.
—No.
Su mirada se volvió más intensa.
—No tienes idea.
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Pero Lautaro no retrocedió.
—Entonces explícame.
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Ese fue el problema.
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Porque nadie antes había pedido quedarse.
Nadie había elegido entrar.
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Valentina lo observó en silencio.
Evaluándolo.
Midiéndolo.
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Y por primera vez…
Considerando.
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—Si entras en esto —dijo lentamente—, no hay salida.
—Nunca la busqué.
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Otra grieta.
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Valentina giró la mirada.
—No confío en nadie.
—Entonces no confíes.
Hizo una pausa.
—Pero no me apartes.
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El aire entre ellos cambió.
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Porque eso no era insistencia.
Era decisión.
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Y Valentina…
No sabía cómo manejar eso.
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—Esto es un error —susurró.
—Probablemente.
—Entonces aléjate.
—No.
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Silencio.
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Y entonces…
Por primera vez…
Valentina no tuvo la última palabra.
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Se giró.
—Haz lo que quieras.
Pero antes de irse…
Agregó:
—Solo no te interpongas en mi camino.
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Lautaro sonrió apenas.
—Eso depende de hacia dónde vayas.
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Mientras tanto…
Adrián ya había tomado una decisión.
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—Quiero toda la información del accidente —ordenó.
—Ya revisamos—
—No lo suficiente.
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Su mirada era fría.
Calculadora.
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—Si alguien se atrevió a hacer esto… significa que hay algo más grande detrás.
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Y lo que más le molestaba…
No era no saber.
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Era que Valentina estuviera en el centro de todo.
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—No me gusta no entender —murmuró.
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Thiago, por su parte…
No estaba investigando.
Estaba sintiendo.
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Y eso…
Era mucho más peligroso.
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—Ella no pidió ayuda… —dijo, mirando su vaso—. Pero la necesita.
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Su amigo lo miró incrédulo.
—¿Desde cuándo te importa alguien así?
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Thiago sonrió levemente.
—Desde que apareció ella.
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Esa misma noche…
Valentina regresó a su refugio.
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Las luces encendidas.
Las pantallas activas.
El mundo en sus manos.
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Pero algo era distinto.
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Esta vez…
No estaba pensando solo como líder.
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Estaba pensando como alguien que tenía algo que perder.
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—Encontré algo —dijo una voz débil.
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Valentina se giró de golpe.
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Mateo.
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Despierto.
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El alivio no apareció en su rostro.
Pero sí en su respiración.
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—No hables —ordenó, acercándose.
—Escucha… —insistió él.
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Le entregó un pequeño dispositivo.
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—Antes del impacto… logré rastrear la señal.
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Valentina lo tomó.
Sus ojos se movieron rápidamente.
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Y entonces…
Lo vio.
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Una ubicación.
Un nombre.
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Y una verdad.
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—No puede ser… —susurró.
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Mateo la miró.
—Sí puede.
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El silencio fue absoluto.
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Porque ese nombre…
No era un enemigo cualquiera.
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Era alguien que ella conocía.
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Alguien que había estado demasiado cerca.
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Alguien que no debería estar involucrado.
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Valentina cerró el dispositivo lentamente.
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Sus ojos se volvieron oscuros.
Peligrosos.
Implacables.
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—Esto…
Hizo una pausa.
—Se acaba ahora.
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Mateo la miró con preocupación.
—Valentina—
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Pero ella ya no estaba escuchando.
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Porque esa línea…
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Esa línea que nunca debía cruzarse…
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Acababa de romperse.
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Y cuando eso pasaba…
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Valentina no perdonaba.
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Destruía.
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Continuará…