Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.
Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.
Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.
Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.
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Capítulo 12: La casona secundaria y la orden de escape
Tras el atroz incidente en la terraza durante el cumpleaños de Theo, la Princesa Evelyn y Gerald no tardaron en asestar su siguiente golpe. Usando como pretexto mi supuesta "inestabilidad mental" y el falso peligro que representaba para mi propio hijo, nos relegaron a una casona secundaria ubicada en los confines de la propiedad.
Aquel edificio, antiguo y frío, era el lugar que habitualmente se asignaba a la servidumbre de los nobles que venían de visita.
En un principio, la humillación de ser despojada de mis aposentos principales me provocó una punzante indignación. Sin embargo, tras procesar la situación con cabeza fría, comprendí que era lo mejor que podía habernos pasado.
«Estar alejados del núcleo de la mansión significa menos miradas sobre nosotros y más libertad para comunicarnos con nuestros aliados», cavilé mientras acomodaba las mantas sobre la cama de Theo.
No obstante, la ambición de nuestros enemigos no conoció límites. Apenas nos instalamos en la residencia secundaria, Gerald apareció respaldado por guardias imperiales para exigir la entrega inmediata del sello ducal.
—Duquesa Elena, por decretos de administración temporal emitidos por la Princesa Evelyn, debe entregar el sello oficial del Duque Alexander —demandó Gerald con tono arrogante y amenazante.
—No sé de qué habla, Gerald. Ese sello está guardado en las cajas fuertes de la cancillería o en manos de Alexander —respondí con absoluta frialdad, mirándolo fijamente.
Ante mi negativa, osaron revisar cada rincón de nuestras escasas pertenencias. Volcaron los cajones, rompieron los costureros y registraron los muebles con una agresividad descarada, buscando desesperadamente el hierro que les daría el control legal absoluto sobre el territorio Ashford.
Sin embargo, su arrogancia ciega fue su propio fracaso. Jamás se molestarían en revisar los viejos juguetes de un niño pequeño.
El sello ducal permaneció intacto y seguro, oculto dentro del forro interior del ajado oso de peluche con el que Theo dormía en sus brazos.
Cuando los sirvientes se retiraron con las manos vacías y la frustración dibujada en sus rostros, me aseguré de atrancar la puerta por dentro.
Durante los catorce días siguientes, fingí estar derrotada por el encierro. Mantuve a Theo dentro de la casona con la excusa de unas fiebres persistentes, asegurándome de que Evelyn creyera que su plan de desgaste funcionaba a la perfección.
Exactamente hoy se cumplía el plazo de un mes y medio desde que Alexander inició las maniobras en el frente. El momento decisivo estaba al alcance de mis manos.
Al dar la medianoche, un suave crujido en la ventana del tragaluz anunció la llegada de la guardia de sombras.
La silueta del explorador de élite se descolgó en el umbral sin emitir el menor ruido, acompañado por la sirvienta infiltrada que vigilaba el perímetro.
—Duquesa Elena —susurró el hombre, arrodillándose en la penumbra—. La misiva definitiva del General ha llegado desde la retaguardia.
Tomé el pergamino sellado con la marca del halcón y acerqué la llama del candil para leer las palabras de mi esposo. Cada trazo rezumaba la implacable precisión de su mente estratégica.
«Mi amada Elena:
He recibido el reporte sobre el registro de tus pertenencias y la cobardía de haberos relegado a la casona secundaria. Su desesperación por el sello ducal demuestra que están cayendo de lleno en nuestra trampa.
Ha llegado el momento exacto. Transcurridos los catorce días que faltan para cumplir los dos meses de preparación en mi campamento, ejecutaremos la extracción.
Mañana mismo te presentarás ante Evelyn y Gerald. Les anunciarás, entre lágrimas y con voz quebrada, tu rendición definitiva. Dirás que la salud de Theo empeora en esa casona y que te retiras a nuestra finca del sur, renunciando a todo.
Evelyn celebrará su victoria y permitirá tu salida.
Saldrás de la propiedad al amanecer del día catorce, exactamente a las seis de la mañana, en un carruaje sencillo y con la custodia mínima que te asignen.
A las nueve de la mañana, cuando la comitiva alcance el cruce del Valle de Kaelen —en las coordenadas del viejo molino de piedra—, mis exploradores atacarán el carruaje. Simularán un asalto de bandidos para desorientar a los espías de la princesa.
En medio del caos, seréis extraídos y conducidos por una ruta montañosa secreta directamente a la fortaleza de mi campamento.
La fortaleza está blindada y protegida por nuestras tropas más leales. Nadie en el imperio podrá tocaros allí.
Lleva solo el sello ducal y confía en mis hombres. Falta muy poco para teneros a salvo.
Alexander.»
Un suspiro de alivio incontenible escapó de mis labios. Releí las instrucciones, la hora y las coordenadas del Valle de Kaelen hasta fijar cada detalle en mi memoria.
«A las seis de la mañana... en el viejo molino del Valle de Kaelen», repetí en mi mente, sintiendo cómo el corazón me latía con renovada fuerza.
Aproximé el papel a la llama hasta que el fuego consumió cada letra, dejando solo cenizas en el tazón de barro.
Caminé hacia el lecho de mi hijo y acaricié su frente, sintiendo el pequeño oso de peluche bajo su brazo.
—Todo ha terminado, Theo —murmuré con una sonrisa llena de determinación—. Mañana les daré la actuación que tanto están esperando.
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
estos acabarán amándose mucho
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello